La admiración y la desconfianza en “La desobediencia de Marte”

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Movidos por la admiración y la desconfianza reúne, en el año 1600, a los astrónomos Tycho Brahe y Johannes Kepler -53 y 28 años de edad respectivamente-, el motivo era descifrar las órbitas de los planetas de nuestro sistema solar.

En principio es uno de los temas abordados por Juan Villoro en su más reciente texto dramatúrgico, el cual lleva por título La desobediencia de Marte, dirigida por Antonio Castro y las interpretaciones actorales de Joaquín Cosío y José María de Tavira.

Es importante comentar que Juan Villoro es uno de los más destacados dramaturgos contemporáneos. Esta obra tiene muchos aspectos a destacar: primero, hay una conjunción de tiempos en el transcurso de las diferentes escenas, unas acontecen en 1600, otras en 1917.

Hay teatro en el teatro. Dos actores se reúnen a ensayar una obra protagonizada por los dos científicos antes mencionados; hay una serie de enfrentamientos entre lo racional y lo empírico, y hay un desdoblamiento del experimentado en el joven, esto último si mi lectura es acertada. Descuente el espectador un discurso sobre astronomía, por el contrario hay dosis de humor y una carga de emociones que conllevan a tomar conciencia sobre lo que acontece en el fondo e estos dos seres, hombres de ciencia, sin embargo, tan humanos como cualquiera de nosotros.

Dos genios quienes transformaron el conocimiento, abordados desde la perspectiva del autor. Queda, al menos en mi caso, inquietud sobre qué llevó al maestro Villoro a abordar esta temática y crear los hipotéticos diálogos entre ambos científicos. Otra gran propuesta dramatúrgica y lo más importante arriesgada, tanto en forma como en fondo.

Antonio Castro, pilar de la dirección mexicana, parte de una escenografía casi minimalista (Damián Ortega): un escritorio-cama, un pizarrón con cálculos físico-matemáticos y algunos objetos astronómicos.

El lenguaje se clarifica son su concepción, los dos actores sacan a flote sus grandes cualidades histriónicas gracias a la concepción escénica del director. Conjunta maravillosamente a un actor experimentado con uno de la nueva generación, logra la empatía y la puesta se convierte en una obra de arte teatral.

Joaquín Cosío un deleite, el teatro es su medio natural, la cinematografía su modus vivendi. Formidable en su caracterización de Tycho Brahe, tanto en los momentos de seriedad como en los de humor., sarcasmo e ironía.

Desde su llegada a la Ciudad de México su carrera ha ido en ascenso hasta convertirse en uno de los actores más buscado por los productores y admirado por el respetable, es una garantía en cualquier reparto.

Por su parte, José María de Tavira es ya una realidad, de una joven promesa se ha consolidado como un gran actor, crea una simbiosis perfecta con Joaquín, Kepler cobra vida a través del actor-científico, recordemos que hay teatro en el teatro.

Da gusto ver y reconocer a José María como un representante de las nuevas generaciones que están alimentando las artes escénicas mexicanas.

La desobediencia de Marte se representa en el Teatro Helénico (Ciudad de México), hasta el 1 de octubre, los viernes a las 20:30, sábados 18:00 y 20:30 y domingos 17:00 y 19:30 horas.

Por: Alejandro Laborie Elías