James Dean y Paul Walker, su transformación en leyendas del cine

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Las reacciones de la trágica muerte que tuvo el actor Paul Walker, el 30 de noviembre de 2013, bastaron para recordar la de otro actor, James Dean, ubicándolo casi de inmediato como una nueva leyenda en el mundo del cine. Las circunstancias de una muerte y otra son totalmente distintas, pero se relacionan porque sus fallecimientos se produjeron teniendo como base el gusto por los coches de carrera.

Walker, al igual que su antecesor, gozaba ya de una enorme popularidad a nivel mundial gracias a las franquicia de la productora Universal de Rápido y Furioso, y la cobertura que tuvo su accidente ha alcanzado niveles insospechados.

Son de recordar también las imágenes del improvisado servicio funerario que presidió en su momento Vin Diesel, el compañero de Walker en estas películas. Rodeado de patrullas y servicio de seguridad, Vin se encargó de dar un responso conmovedor a su compañero, ante cientos de seguidores que lo miraban respetuosamente en el sitio donde quedó el cuerpo de Walker después del accidente.

Algo había de religioso en ese pasaje de Vin Diesel, que habla de la inmediatez que existe en la actualidad con la difusión de sucesos como este, algo que no ocurrió en 1955, cuando murió James Dean al estrellar su auto plateado en Paso Robles, California y aunque también era un ídolo, sus seguidores esperaron que los medios informativos comenzaran a reseñar el siniestro que en ese momento conmocionó a Hollywood.

La carrera cinematográfica de Paul Walker no se parece en nada a la de James Dean, pero igual su culto puede crecer con las pocas películas que hizo y la serie de Rápido y Furioso. No tenía Dean una carrera muy abundante. Había hecho teleteatros, tuvo un pequeño papel en A bayoneta calada (Fixed Bayonets), con Samuel Fuller; y con Douglas Sirk en Una chica con sal (Has anybody seen my Gal?). Pero tuvo películas donde llevaba papel estelar.

La primera Al este del paraíso, dirigida por Elia Kazan. Rebelde sin causa, de Nicholas Ray, —obra maestra que contribuyó a cimentar la fama legendaria del actor—, y Gigante, de George Stevens. Lo nominaron al Oscar por la primera y la tercera, y su mención en la ceremonia de premiación se dedicó a su memoria. Las tres son obras grandes del cine estadounidense de la década del 50.

Este recuerdo viene a colación ya que hace unos días, trascendió que la marca automovilística Porsche llegó a un acuerdo con la hija de Paul Walker, Meadow Walker, de pagarle 10 millones de dólares como compensación por la muerte de su padre. El acuerdo comenzó a gestarse en 2016 y ahora la joven de 18 años retiró la demanda por homicidio culposo que había iniciado contra la empresa automotriz.

El vehículo en el que sucedieron los hechos era un Porsche Carrera GT, que alcanzaba gran velocidad. Quien lo manejaba era Roger Dogas y Walker iba de copiloto. Al parecer, una falla en el cinturón de seguridad les impidió salir del auto.

Ante esto la viuda de Dogas demandó a Porsche, asegurando que había defectos de fabricación y seguridad en el modelo del coche en el que viajaban su marido y el actor, aunque la justicia rechazó esas alegaciones.

Pero en septiembre de 2015, la que inició una batalla legal -a través de su madre-, fue Meadow, logrando ganarla.

El cuerpo de Paul Walker, herido por el impacto, quedó atrapado por esa falla cuando aún estaba con vida, antes de que el auto explotara.

Parte del dinero que recibirá la hija del actor corresponden al patrimonio de Roger Dogas, al ser considerado culpable parcial del accidente por ser quien manejaba.

Por: Fabián de la Cruz Polanco | @fabiancpolanco

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