Instrucciones para una muerte feliz: Un manual de sobrevivencia

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Jaime Rosales Domínguez.-

El teatro inglés contemporáneo ha mantenido su vena humorística e irónica, aun cuando pone el ojo sobre temas delicados. Recientemente vimos en nuestros escenarios dos muestras de ello: “Bright Ideas”, con la que Eric Coble nos entregó una comedia negra sobre los extremos a los que pueden llegar los padres, por hacer de sus hijos cumplan con el perfil de éxito que propugna el establishment.

De Philip Ridley se montó aquí el año pasado “Parásitos”, otra distopía sobre las situaciones límite a que puede conducir el consumismo en un sistema, cuyo modelo de éxito se basa en la incesante voracidad por copiar modelos de vida.

Maestros en el arte de aligerar incluso los momentos más desafortunados y tristes, ahora -merced al empeño de la primera actriz Susana Alexander-,  nos llega “Instrucciones para una muerte feliz”, de la también inglesa Laura Wade, quien nos entrega una agridulce comedia sobre el tema de la muerte y cómo enfrentarla.

‘Mayra’ (Susana Alexander) es una sexagenaria diagnosticada con cáncer terminal de huesos. En las semanas previas al inminente deceso, se dedica a preparar los detalles de su funeral, pero sobre todo, a tratar de unir a su familia compuesta por ‘papá Alec’ (Javier García Dueñas) y sus hijas ‘Helena’ (Mariana Garza) y ‘Gina’ (Sophie Alexander-Katz), dos mujeres separadas por su distinto temperamento.  Y en ese sentido la pieza, más que sobre la muerte, es acerca de prepararse los que continúan viviendo para enfrentar la vida tras la desaparición del ser querido.

La obra está ambientada en el Reino Unido y sucede entre el otoño y la primavera del año siguiente con escenas en la muy bien ambientada sala familiar y en los cementerios que visitan, de los cuales se muestran imágenes en una pantalla, pues sobre el escenario un árbol simbólico y una banca rompen con el vacío del escenario.

Lo que aparta la anécdota del drama es la decisión de ‘Mayra’ de alejarse del miedo y ocuparse de lo que muy pocos haríamos: preparar su muerte y a su familia para aceptar el hecho. Si la muerte es el no-ser, ocuparse de ella crea una especie de no-sentido del que la autora parte para dar a la obra el tono de comedia. Ya se sabe que reímos ante aquello que no entendemos, aquello cuya lógica es incompatible con la del orden imperante, como el ocuparse uno de andar buscando cementerios o eligiendo féretros para el postrer descanso.

Alejada así del sentimentalismo, pero conservando un tono emocional emotivo,  “Instrucciones para una muerte feliz” explora el tema mediante una muy lograda orquestación de los personajes que funcionan como arquetipos de tres posturas ante la fatalidad: la de quien busca evadirse, representada por el papá que sintomáticamente pasa la obra peleando por teléfono con los representantes de la compañía que no acuden a reparar la calefacción de la casa. La de la hija fuerte (‘Helena’), que flaquea conforme se acerca el final; y la de ‘Gina’, afectada por sus desórdenes alimentarios y sentimentales, pero que alcanza cierta madurez ante una situación ante la que al principio reacciona con mucho miedo.

El elenco ha tenido la sensibilidad para asumir plenamente estos roles y entregarnos unas actuaciones revestidas con la necesaria tensión sentimental sin desbordamientos ni excesos, apegándose a un texto en cuyas frases campea la precisión más absoluta.

En ese cuarteto de actores muy bien ensamblado por la mano directriz de Susana Alexander, hay que hacer notar a una destacada Sophie Alexander-Katz en su papel de la inestable ‘Gina’ y a Mariana Garza cuya planta de actriz evoluciona en cada obra a partir de una afinada aptitud para responder a los reflejos emocionales que cada personaje le plantea. Aquí incluso da un paso adelante respecto del desempeño ya interesante  que nos entregó el año pasado en la exigente “Neruim Park”.

El “pero” en el arroz sigue siendo la chocante práctica  de colocar micrófonos a los actores en determinados teatros. En una época en que la gente del medio se niega a seguir separando el teatro en categorías (comercial, de arte, institucional, de búsqueda), parece ser que el uso de micrófonos es un resabio de la época en que esa división era muy marcada, sobre todo en el teatro comercial. Se desvirtúa con ello uno de las principales características de la representación: el uso y la proyección natural de la voz del actor.

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Aunque en la promoción se resalta que se trata de una comedia, por ese prurito que todavía hay entre ciertas producciones de querer atraer espectadores solo a partir del anzuelo de la diversión, hay que decir que en “Instrucciones para una muerte feliz” nadie reirá a carcajadas, pues se trata de un humor construido con sarcasmo que provoca sonrisas, sí, pero también mucha reflexión.

El diseño de iluminación es de David Alexander-Katz, la musicalización de Jordi Bachbush y el vestuario de Claire Lewin.

La obra está en cartelera desde el 27 de enero en el Teatro ‘Rafael Solana’ del Centro Social y Cultural Veracruzano.