“Heroínas transgresoras”, la locura femenina en la ópera

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Jaime Rosales Domínguez.-

La obra es una sucesión de historias acerca de personajes trágicos de siete óperas, contadas por Cunegonda, en realidad por el espíritu de esta soprano, que vaga por los rincones de un teatro recordando ella misma su propia tragedia: los líos amorosos y la relación de dependencia creativa que sostenía con su marido y maestro de canto.

Este monólogo operístico, -escrito, actuado y cantado por la soprano Luz Angélica Uribe y dirigido por Esteban Castellanos-, está planteado como una exploración de cómo ha tratado la ópera a la mujer transgresora de los convencionalismos sociales. La locura sería algo así como el castigo por semejante atrevimiento.

En esa revisión, ‘Cunegonda’ (Luz Angélica Uribe) –personaje ella misma de la ópera “Candide”, de Leonard Bernstein— repasa aquellas siete historias y las complementa con la interpretación del aria correspondiente, acompañada al piano por Mario Alberto Rodríguez.

Se trata de un esfuerzo notable porque son arias difíciles por la agilidad vocal que supone en la intérprete y por el estado de exaltación en el que debe expresarse quien ha extraviado el juicio. De esta prueba Uribe da una muestra apreciable de su versatilidad y experiencia. Acaso lo único reprochable sea que solo interprete fragmentos de esas famosas arias, con lo que el público se pierde, por ejemplo, de la parte más intensa de la que se conoce como el aria de la locura, de “Lucia de Lamermoore”.

Luz Angélica Uribe nos explicó el hecho a causa del tiempo. Exponer esas arias en toda su extensión habría ampliado la duración de la obra que actualmente es de una hora.

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Hay que decir que la obra tiene una estética visual que remite y evoca la magia de los cuentos fantásticos, mediante el uso de escenas oscuras o tenuemente iluminadas por la flama de una vela o por luces a ras de suelo todo lo cual genera un ambiente de penumbra acorde con la condición insana que envuelve a las protagonistas.

Debe reconocer, además, que Esteban Castellanos creó un concepto visual muy estético y rico en posibilidades metafóricas que acompaña eficazmente, junto con el diseño de utilería y atrezo, a cargo de Felipe Lara, el planteamiento de la trama.

Además de cantar y actuar, Luz Angélica toca tres instrumentos poco usuales aun en las salas de concierto: el waterphone (depósito con agua rodeado de varillas utilizado para escenas de horror); el Theremin (Caja con dos antenas que se ejecuta acercando o alejando las manos de las antenas sin tocarlas); la Dulcetina (armonio portátil con fuelle y teclados); y el Cromorno (instrumento de viento, cuyo sonido recuerda una gaita).

Donde la obra tiene sus bemoles es en la debilidad de la acción dramática. El hilo conductor que engarza las siete historias de las heroínas transgresoras es la historia de ‘Cunegonda’, pero ésta carece de una eficaz presentación del conflicto lo que la hace perder tensión dramática. El nudo nunca alcanza un momento de máxima tensión y de hecho el final llega sin haber producido en el espectador la conmoción propia de la catarsis teatral. Y esto porque el desenlace sigue teniendo un tono más expositivo que resolutivo.

La otra cuestión que no caza muy bien en el planteamiento de la obra tiene que ver con el empleo descontextualizado del término “transgresión” por lo que resulta dudoso y forzado que pueda aplicárseles cabalmente a las heroínas incluidas en la trama.

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Ninguna de ellas: Lucía, de “Lucia de Lamermoor” (Donizetti), Margarita, de la ópera “Mefistófeles” (Arrigo Boito), Doña Elvira, de “Don Giovanni” (Mozart), Mónica, de “La médium” (Gian Carlo Menotti), Chiang Ching, de “Nixon in China” (John Adams), o Charlotte, de “The Elephant Man” (Laurent Petitgirard) son, en rigor, transgresoras conscientes de las convenciones sociales de su época.

Si bien es cierto que, por ejemplo, Lucía de Lamermoor y Margarita, enloquecen y terminan asesinando al marido impuesto por el hermano, y al hijo, respectivamente, no lo hacen porque en su cabeza haya surgido el ánimo de querer terminar con el orden social que las obligaba como mujeres a obedecer los designios del varón. Lo hacen, Lucía por su desesperación al ver que Edgardo, su verdadero amor, no la había traicionado como le hicieron creer mediante una carta falsa para que aceptara casarse con el escogido por su hermano); y por haber envenenado a su madre y contribuido al asesinato de su hermano, en el caso de Margarita.

La transgresión, en el sentido que propone la obra –de rebeldía femenina ante las convenciones sociales que las oprimen— no se aviene con la realidad de la ficción en que fueron creadas las heroínas escogidas. En todo caso, para mejor ilustrar ese sentido de transgresión pudo recurrirse mejor a “Medea”, a “Antígona” o a “Juana de Arco”.

Con todo, “Heroínas transgresoras”, la locura femenina en la ópera, es un espectáculo con una idea y realización interesantes que resultará ilustrativo apreciar. Se mantendrá en cartelera todos los martes del 31 de enero al 18 de abril en el teatro del Centro Cultural Helénico.

Fotografías: Jaime Rosales Domínguez