¿Existe el cine gay mexicano?

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Fabián de la Cruz Polanco (@fabiancpolanco).-

Esta es la pregunta que ha girado en torno a las mesas de conversación, entre cinéfilos y miembros de la comunidad gay mexicana provocando con ello diversas controversias pues, para muchos, el cine gay es aquel cuyo argumento gira en su totalidad dentro del ámbito gay haciendo a un lado cualquier tipo de referencia típica de la ‘jotita’ o de mostrar el ambiente homosexual como aquel lleno de lujuria y perversión a su alrededor.

Cabe mencionar que la primera presencia de personajes gay en el cine mexicano se registró en 1939, con la aparición de un personaje con características simpáticas, de mucha chispa y colorido,  en la película “La casa del ogro” (México; Fernando de Fuentes), dejando en claro que el homosexual en el cine es y será por mucho tiempo, el típico amanerado, delicado y afeminado que no tiene vida más que para ayudar a sus semejantes, dejando muy en clóset sus sentimientos y deseos.

Ese mismo año, en la cinta “El cobarde” (México, 1939; René Cardona), se deja en claro que aquel que no se involucra en cuestiones militares y no es visto como valiente, de inmediato adquiere el calificativo de cobarde y afeminado.

Como se puede observar, desde el inicio la figura del homosexual en el cine mexicano se había considerado como algo inmoral e incluso inhumano. Prueba de ello es lo que se mostró en la cinta “Me ha besado un hombre” (México, 1944; Julián Soler), en la que el personaje principal ‘sufre’ durante toda la cinta el conflicto de aceptarse o no gay después de haber sido besado por otro hombre, llegando incluso a consultar médicos y psicólogos pues, no tan en el fondo, ese hecho le había gustado.

Como es de suponerse en ese entonces, el paciente es ‘curado’ al enterarse que a quien besó había sido en realidad una mujer disfrazada de hombre. Cosa similar ocurrió años más tarde en otras películas, como “Pedro y Carolina” (México, 1955; Mauricio de la Serna) con Pedro Infante, entre otras.

Otras situaciones que se han mostrado a lo largo de la historia del cine mexicano, en relación a las preferencias sexuales de sus personajes, son las relacionadas con cuestiones homoeróticas, en las que la amistad se sugiere que va más allá de eso; tal es el caso de “A.T.M.: ¡¡A toda máquina!!” (México, 1951; Ismael Rodríguez) y “¡¿Qué te ha dado esa mujer?!” (México, 1951; Ismael Rodríguez, además de “¡Tintorera!” (México, 1975; René Cardona Jr.), entre otras, en las que los amigos duermen en el mismo cuarto, o en la misma cama, se bañan juntos y en cuyas relaciones las mujeres son lo menos importantes, incluso se consideran estorbosas.

Durante muchos años, al homosexual en el cine mexicano se le ha considerado como objeto sexual en historias desarrolladas en las cárceles, como personas ‘malas’ y poseedoras de secretos comprometedores para los villanos o en las vestidas que se dedican a solucionar la vida de los demás y ser las celestinas de las protagonistas.

Con el paso del tiempo, a partir de la década del setenta, la presencia del homosexual en el cine mexicano ha intentado ubicarse y tener su propio lugar, protagonizando sus propias historias y dejar en claro que también ellos tienen vida y sentimientos.

Algunos títulos han sido “El cumpleaños del perro” (México, 1975; Jaime Humberto Hermosillo), , “Los Marcados” (México, 1971; Alberto Mariscal), “La primavera de los escorpiones” (México, 1971; Francisco del Villar) y “El lugar sin límites” (México, 1978; Arturo Ripstein), entre otros.

El lugar sin limites

En el ochenta, “Doña Herlinda y su hijo” (México, 1985; Jaime Humberto Hermosillo) causó revuelo por su argumento, con tintes de cinismo, más aún al desarrollarse la trama en uno de los estados con más homofobia del país; y ya para el 90, el cine gay mexicano se enfocó a presentar cintas de bajo presupuesto, al igual que cero argumentos, presentando la temática por el lado del morbo, presentando sexo y desnudos al por mayor.

Hoy día, cabe mencionar que siguen siendo contados los cineastas que abordan la temática gay en sus cintas, intentando seguir con ‘el ejemplo’ impuesto por otros, entre ellos Jaime Humberto Hermosillo; como es el caso de Julián Hernández, Roberto Fiesco y  Sergio Tovar Velarde, este último logrando consolidar su carrera con su primer largometraje, “Cuatro lunas” (México, 2014), reubicando a la temática gay dentro del cine mexicano teniendo como herramienta una buena historia y todo el cuidado de producción que una buena película debe de tener.

FABIÁN DE LA CRUZ POLANCO. Periodista con más de 23 años de trabajo en la fuente de cine e industria del entretenimiento. Ha formado parte de los equipos periodísticos de medios como El Heraldo de México y Playboy México; además de conducir y producir programas de radio como Hoy por Hoy (Televisa Radio), De Revista con Martha Susana (Radio Fórmula) y Pitos y flautas (Radio 13). Es autor de los libros Magia pura y total (Historia del Teatro Musical en la Ciudad de México 1952-2011) y Cine Mexicano del 70: La Década Prodigiosa, ambos por SamSara Editores; además del libro colectivo Partículas de luz: El cine se encuentra en Guanajuato (Fundación Expresión en Corto A.C.). Director de contenidos del Festival Internacional de Cine Acapulco (FICA) en 2014; y Director adjunto de la novena edición del Festival Internacional de Cine Gay exhibido en la UNAM en 2015. Dirige la revista electrónica Filmeweb (filmeweb.com.mx).

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