Espejo retrovisor: Vincent Cassel deja huella en el Tour de Cine Francés

septiembre 15, 2018

Por: Redacción

En la programación del 22 Tour de Cine Francés vienen dos películas con Vincent Cassel en los roles protagónicos. Sin dejar huellas (Fleuve noir, 2018, de Erick Zonca) y Gauguin, Viaje a Tahití (Gauguin. Voyage de Tahiti, 2017, de Édouard Deluc). En ambas, Cassel caracteriza personajes atormentados; en la primera tratando de encontrar a una adolescente desaparecida, en la segunda, en el papel del pintor francés quien decidió abandonar su empleo en una institución financiera y trocar París por las islas del Océano Pacífico sur; le adhiere su efigie, la intensidad de su rostro.

Gauguin, Viaje a Tahití muestra al futuro célebre artista en 1891, entusiasmado por desligarse de lo que le ata en la capital francesa, incitando a sus camaradas a acompañarlo, describiendo los esplendores de Tahití, las escasas necesidades de dinero, lo sencillo de la vida en esos lares; sin doblegarse ante la negativa de la esposa a acompañarle.

Los dos años de estancia de Gauguin le marcarán en lo interior y en su obra, la pictórica y la de escultor en madera, le pondrán a prueba en lo físico y lo espiritual. Conocerá su musa principal, rodará por escaños de abatimiento, se robustecerá y flaqueará por sus pasiones.

El director Deluc recala en los sitios donde anduvo el pintor, duplica la época, trae aires de lo que respiró Gauguin, se agencia un reparto de nativos que transportan a ese tiempo y la influencia del país colonizador, en la religión, en el idioma, el vestuario. Instaura iluminaciones nocturnas a la luz de las fogatas, o en el interior de las cabañas, con velas en las noches; luces y sombras en las que cohabitó y le surtieron a sus texturas.

Puntúa en lo paradisíaco, el encanto de la naturaleza, lo satisfecho que se siente Gauguin recién posado dentro de esa naturaleza, con la afabilidad de la gente, sus buenas vibras que llevan a entregarle una joven, con su aquiescencia, sin imposiciones ni contrariar a ninguno.

El espíritu aventurero y en parte de retraimiento para pintar le pulsaron a alejarse, desatender enfermedades, menoscabar penurias económicas. El balance de lo paradisiaco se rotura con sinsabores, con la certidumbre de falta de compradores, interesados para su obra, de malbaratar sus pequeñas tallas en madera.

Indicios de su genialidad se fraguan cuando pinta un bello cuadro en el vidrio de una ventana, en la simbiosis con ‘Tehura’, la mujer a quien alojó en la mayoría de sus lienzos de ese lapso, en sus horas prolíficas. El director glosa el ahínco del artista al embarcarse en oficios impropios de un hombre de su aptitud, la felicidad de alimentarse con el producto de su labor, la severidad de ser estibador, lo exiguo de la paga; la furia a medias contenida de ver al alumno-competidor negociar sus esculturas

Gauguin es divisado en sus afectos humanos, los celos fértiles a grados altos (con imágenes dignas de cuadros, como ‘Tehura’ detrás de la ventana, o acostada con su amante en el follaje), soplados por los dichos de la manera en que los peces agarran el anzuelo, en una de las escenas ligeras.

Por minutos expuesta con morosidad, con el médico de figura protectora y la persistente tos premonitoria, los desgastes hacen mella en el cuerpo del artista. La escala vivencial ha de clausurarse, y dispensar aprendizajes para el futuro viaje, repuesto y cuajado.

Los espectadores han de permanecer para contemplar acompañando los créditos los cuadros pintados por Gauguin en ese par de años, que hemos visto bosquejar, delinear, darle pulcras pinceladas; y la despedida de ‘Tehura’, quien otorga un último regalo al hombre que la llenó de su ternura, toma su posición, sentada con un abanico y revitaliza al pintor.

Por: Leopoldo Villarelo Cervantes

Estudió en el Centro de Capacitación Cinematográfica la carrera de guión y realización cinematográfica. Ha colaborado en distintos medios impresos y electrónicos como el suplemento cultural Arena, del periódico Excélsior. También ha participado en Radio UNAM con textos y recomendaciones para cine y televisión. Imparte el curso de apreciación cinematográfica en el Museo Universitario del Chopo, y uno con el mismo nombre en la FES Acatlán.

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