Espejo Retrovisor: Vencer a los casinos, máximo reto de “Los Pelayos”

marzo 14, 2015

Leopoldo Villarello Cervantes.-

Basada en incidentes reales acerca de una familia española/catalana que sin trampas, engaños ni robos logró ganarle a los casinos en la ruleta, y cuyos integrantes todavía están vivos y disfrutando las ganancias, “Los Pelayos” (2012, dirigida por Eduard Cortés) tiene hechura de buen thriller, con humor, suspenso y giro de penúltimo minuto sobre ese tipo de juego, con la salvedad que fue cierto.

Necesariamente se tramitan licencias artísticas para el caso y cambios sin afectar lo sucedido; así la novia de “Iván” en la realidad era argentina y aquí la hacen china y obsesiva de juegos violentos de video; él, encarnado por Daniel Bruhl, tiene aire de galán y pinta de Blues Brother, con todo y sombrero negro. Al inicio con su banda interpretan “Hit the road Jack”, de Ray Charles.

El patriarca del clan es “Gonzalo” (Lluis Homar), quien en la vida real tuvo varios oficios, entre ellos el de presentador y realizador de programas de televisión, lo cual se salta en la película y le hacen dueño de un restaurante en los días que se relatan.

Él organiza un plan, un tanto para tomar revancha del casino al que acudía, y del director o gerente del lugar, denominado “Bestia” (Eduard Fernández); y darle uso a su inventado sistema para apostar y ganar, ahí y en otros casinos.

Es el desafío del pequeño contra los negocios de los casinos, con las probabilidades en contra. El guión, de Eduard Cortés y Piti Español, es estimable dentro de éste subgénero, desde el reclutamiento del equipo, entre outsiders y gente locuaz o rara, escogidos por ser parientes, dos primos, un cuñado, y en la emergencia se les juntará la novia china y unos paisanos de ella, en un anuncio del garlito del final.

El plan prospera misteriosamente bien hasta que “Iván” deja solos al trío, y luego de que “Bestia” ha puesto cartas en el asunto para evitar le sigan aventajando; pone espías y amenaza a una croupier ligada a uno de los primos, y más tarde triangulará un chantaje para que corran a la hermana reportera de la televisión.

El antagonismo y la posición del casino se planta desde la oficina de “Bestia”, llena de pantallas, tratando de saber cuál es el truco  de sus contrincantes, o cómo se percatan del cambio de mesas y ajustes.

La trama se abate hacia la pugna entre éste e Iván y el papá “Gonzalo”, e impedirles que le venzan, y ante la inutilidad de acusarlos les prohíbe ingresar, lo cual avienta a otro nivel el juego, al irse a probar a otros sitios en tanto el recurso legal para retornar se gestiona.

En correcto montaje se salda su ataque a otro casino cruzando la frontera con Francia; y se certifica cuando los directivos les pagan a cambio de que no vuelvan a jugar ahí, pues la gente les ha copiado y apuesta como ellos con repercusiones negativas para los dueños.

Al correr de la trama, se le adjunta unas rencillas entre papá e hijo, por haberle quitado la novia y contener su sueño de rodar por las carreteras en motocicleta con su pareja. “Iván” alienta a su equipo, dictando una serie de nombres de estafadores que fallaron, en Las Vegas, en Río de Janeiro, en Francia, a quienes eclipsarán. Hacia la conclusión dirá la verdad.

Esa jugada final va en línea con las películas en que el débil lleva las de perder; es como una partida de ajedrez que se encamina a su derrota, con el brinco de la bolita de la ruleta en cámara lenta, en control de la posibilidad de ganar todo. Entonces se comprende algo de lo que se dado pistas, el uso de “pantallas” (hacer algo enfrente que oculta la trastada efectiva atrás).

“Los Pelayos” revalida una noticia de primera plana, dramatizada con atribuciones eficaces, que provocó que los casinos en todo el mundo tuvieran que modificar sus métodos en la ruleta para evitar ser barridos como lo consiguió esa familia durante un rato.

Se han tardado en Estados Unidos para producir un remake de los que acostumbran. Los ingredientes están a la orden.

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