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Espejo retrovisor: The Waldheims Waltz, de Ruth Beckermann

abril 7, 2018

Por: Redacción

The Waldheims Waltz (El Vals de Waldheim, 2017), interesante y de alta actualidad documental de Ruth Beckermann, recapitula en la figura contradictoria del diplomático austriaco Kurt Waldheim (1918-2007) cuando, después de haber sido secretario general de la ONU durante dos periodos, entre 1972 y 1981, decidió contender para presidente de su país en 1986.

Beckermann rememora ese año en que tomó su cámara de video, lo cual era novedoso, para grabar los acontecimientos que cimbraron su país, cuando en la campaña electoral surgió la noticia de que Waldheim había sido miembro del ejército nazi durante la Segunda Guerra Mundial y fue partícipe en deportaciones de personas inocentes y refriegas en la antigua Yugoeslavia y en Grecia.

De esas imágenes en blanco y negro, Beckermann se lanza a una investigación amplia y fundamentada de la persecución a Waldheim por parte del Congreso Mundial Judío, a la que se sumó el Congreso de los Estados Unidos, y las repercusiones en Austria y sus habitantes para esas elecciones.

Con noticieros e información de aquellos días, la realizadora coloca, de un lado la negativa de Waldheim a aceptar su papel en el conflicto bélico, su defensa persistente, su ‘olvido’; y del otro, sus acusadores, sacando a la luz documentos inculpadores, poniendo en duda absoluta que alguien no recuerde incidentes en su vida.

Un conteo de las fechas, abril y mayo de 1986, y la proximidad de las elecciones, se intercalan con los escarceos de las dos partes: mítines de Waldheim contrastados con manifestaciones en su contra en Viena y otras ciudades; portavoces de su partido político escudándolo, y los judíos estrechando el cerco.

En más de un sentido el filme surca entre sus votantes y los contrarios a él, en el patriotismo de muchos austríacos, en que no les agradaba que intrusos y otras naciones se metieran en un proceso interno.

El trabajo de montaje se cohesiona, las imágenes personales de Beckermann embonan con las de archivo, vigorizan la confrontación. Datos y testimonios dejan en entredicho la inocencia de Waldheim, su cercanía con un general austríaco condenado en los juicios de Nuremberg es fehaciente. En este y otros puntos, la documentalista revisa lo que fue y ha sido la posición del pueblo de Austria respecto a la segunda guerra mundial, haber sido el primer país invadido por Hitler, pero también su implicación con los alemanes.

Al revisar los antecedentes de Waldheim, resulta que ese hueco en su currículum, lo que hizo entre 1941 y 1944, ya había sido notado antes, pero nadie le prestó mayor atención, y él siempre mencionó haber sido herido y retirado del servicio militar. Se sabía de su pasado con los nazis, igual que el de muchos alemanes y austríacos, sin que ello interfiriera en su posterior carrera diplomática.

En la introducción al personaje, cuando dirigente de la ONU, se le escuchaba decir que no tenía superiores, y lo muy relevante de su puesto, con los peligros de ello. El alto nivel de vida que tenía en Nueva York. En medio, al señalar varios de los asuntos en que le toco trabajar, se le ve implicado en la cuestión judía palestina, que le dio la palabra a Yasser Arafat en la Asamblea General.

Estos dos puntos agarran peso al preguntarse la documentalista por qué brotó esa fase oscura en su existencia cuando quiso ser candidato a la presidencia de Austria. La suspicacia de lo qué había detrás. En ese contexto aparece una agrupación de ciudadanos que tuvieron que emigrar durante el nazismo, quienes objetan que ninguna autoridad de su país les hayan sugerido que regresen, o se han preocupado por ellos.

Vuela un cuestionamiento más: por qué no hubo limpia y juicios a más militares austríacos. Se enfatiza en la gravedad de que haya mentido Waldheim, en borrar sin más un lapso. En entrevistas, sagazmente responde sin aclarar. Al entrar las audiencias sobre su caso en el Congreso de los Estados Unidos, se interroga a su hijo sin encontrar huellas mayores, se reitera que no tocaba asuntos de lo sucedido en la guerra.

A lo largo de la película, al presentar a Waldheim se acentúa la vista de sus manos, la manera en que las movía y abría los brazos como para rodear a la gente, estrecharla. En sus mítines es palpable su control, su experiencia, la posibilidad de que eso influía en las personas.

El Vals de Waldheim culmina con las elecciones más el hecho de que los Estados Unidos amenazaron con ponerlo en la lista de dirigentes inaceptables, igual que en esos tiempos a Fidel Castro y a Kim Il Sung (el patriarca de Corea del Norte, abuelo del líder en activo). Lo cual no afectó a quienes votaron por él.

Culpabilidad absoluta nunca verificada, algo más queda claro: Kurt Waldheim sólo sería recordado como un brillante secretario general de la ONU, si su ego no le hubiera empujado a competir por la presidencia de su país.

Por: Leopoldo Villarelo Cervantes

Estudió en el Centro de Capacitación Cinematográfica la carrera de guión y realización cinematográfica. Ha colaborado en distintos medios impresos y electrónicos como el suplemento cultural Arena, del periódico Excélsior. También ha participado en Radio UNAM con textos y recomendaciones para cine y televisión. Imparte el curso de apreciación cinematográfica en el Museo Universitario del Chopo, y uno con el mismo nombre en la FES Acatlán.

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