Espejo Retrovisor: Terror en un plácido lago inglés

diciembre 6, 2014

Por: Redacción

Leopoldo Villarello Cervantes.-

“Silencio en el lago” (Eden Lake, 2008) es el debut en largometrajes del británico James Watkins, al que seguiría con “La dama de negro” (2012). Actualización en el entorno inglés de prototipos de terror en pueblos sureños estadounidenses con visos de “Funny Games” (Michael Haneke, versión original de 1997, remake en inglés 2007), de gente de vacaciones que en su camino tropezará con saña y brutalidad.

El guión del mismo Watkins despega en zona de placidez, con la pareja de “Jenny” (Kelly Reilly) y “Steve” (Michael Fassbender), arribando con planes románticos al Eden Lake del título original, palmario contraste del paraíso anunciado con el infierno que penarán.

Viaje sin retorno. Muestrario de que en la campiña inglesa también existen poblados con habitantes poco amables con los turistas o quienes crucen por su región, y defienden a sus hijos y familiares sin importar las travesuras o atrocidades que perpetren.

Descripción cruda de la violencia inherente en lugares apartados de las ciudades, de represalias contra los citadinos, de retozos convertidos en calvarios, de introitos salvajes de adolescentes y niños; de golpizas y flagelaciones.

Watkins se apega a presupuestos usuales, a lugares solitarios donde no hay a quien pedir auxilio, en que se traba la señal para celulares y en los caminos vecinales no transitan vehículos, solamente a unos incautos se les ocurre acampar o meterse al río y dejar ropa y objetos en la orilla.

Frecuente para el desarrollo de la hecatombe es la insistencia del protagonista masculino en retar a los jóvenes, en afrontarlos en vez de alejarse y huir cuando  es posible.

La cacería es vandálica, sin respiro, con instantes en que la escapatoria cae en lo improbable, validada por la inexperiencia de los muchachos (cuando llegan a una choza y la pareja se esconde debajo del agua), y porque la película va a la mitad.

Watkins embiste con imágenes atroces, cuando atan a “Steve” con alambre de púas y lo masacran; materializa la persecución sobre “Jenny”, minimizando sus resquicios de salida (con planos generales de la espesura, desde las alturas); por momentos hace creer que logrará desembocar en la meta, sólo para enredarla más en la telaraña, usando a un niño de anzuelo, o cuando descubrimos a los adultos que han aparecido antes y con sus perfiles se comprende de donde han heredado el salvajismo los hijos.

Otro cartabón del cine de terror escarbado por el director Watkins es el coraje de la protagonista femenina, su frenesí por proteger a su novio, por correr tras una salida (con un extra cuando se extrae un hierro que pisó).

Película en vías de culto, por lo sangrienta y las inmolaciones, por la resolución (con el peligro que vengan secuelas y capítulos), o el empaque y conjurar salvaciones de último segundo, o los alaridos de la mamá por la hija arrollada, o la concreción al arrancar el plano del Lake Eden y ver lo que había debajo.

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