Espejo retrovisor: Sueños en cuerpo y alma

La película húngara En cuerpo y alma (2017, guión y dirección de Ildikó Enyedi), describe con afectividad y apego la inusitada relación que crece entre ‘María’ (Alexandra Borbely) y ‘Endre’ (Morcsány Géza), dos personajes solitarios, recluidos en su pequeño cosmos en que han subsistido cada uno. Ambos lisiados, mental una, físicamente él.

La contratación de la joven ‘María’ como inspectora de calidad en la procesadora de carne donde ‘Endre’, un hombre mayor, es jefe de finanzas, transmutará sus rutinas; las pesquisas acerca del robo de una sustancia afrodisiaca, llevará a percatarse de afinidades ocultas en sus sueños. Bucólicas imágenes de ciervos en un bosque nevado abren la historia y serán recurrentes, unen conceptos, son la clave de lo que se genera en las mentes de dos entes introvertidos.

A estas figuraciones se contraponen crudos retratos de reses sacrificadas (en los créditos finales, se anota que unos animales sí fueron dañados, porque se filmó en un lugar donde eso se ejecuta), la sangre manando en los pisos, los cuerpos y huesos trozados, lo mecánico de ese oficio.

La conducta de ‘María’, rasgos Asperger, minuciosa, rígida para los reglamentos laborales, choca con el resto de los trabajadores. Su alejamiento, silencio y acciones, intriga y causa cierto resquemor. Ella es anormal para la media. En su pequeño departamento se observará su ordenada y fría existencia, sus movimientos invariables. Guarda más patologías, traumas infantiles, una memoria impecable, capaz de recordar cada palabra y frase.

La directora Enyedi desenrolla el guion a conflictos de la factoría (el amigo de ‘Ender’ y su esposa siempre ocupada, la actitud del nuevo empleado); los interrogatorios de una psicóloga se inmiscuyen en las frustraciones sexuales de los trabajadores; en las heridas pretéritas de ‘Ender’; convergen a las minúsculas probabilidades de que dos personas sueñen lo mismo, con exactitud, cada día.

La mano femenina de Enyedi arma afectuosamente el sacudimiento de ‘María’, sus juegos caseros con muñecos, en que dialoga lo que no encara en persona, su miedo a brincar de la infancia, a tocar a otra persona, su insensibilidad al mirar una película pornográfica, su reacción ante la música (al final caben conexiones en la letra de una canción de la británica Laura Marling).

Los delicados e idílicos ensueños compartidos a distancia colindan a lo absurdo, con sentimientos puros; carencia de afectos, temores de sentir en carne y cuerpo, pero sí de soltarse en irrealidades nocturnas, correteando en la nieve, rozando narices, lejos del apareamiento.

La realizadora apremia la relación a un callejón sin salida, al extremo de la tragedia, con una solución en otro momento fuera de lugar, con el paroxismo de la sangre a borbotones y la tranquilidad de ella cuando debería estar en el pánico y la locura.

En cuerpo y alma emplaza analogías entre animales y humanos (los planos cercanos de ‘María’, su rostro, y del ciervo), teje compatibilidades en medio de brutalidad y pálpitos, halla su camino entre cortejos penosos y tímidos.

En cuerpo y alma obtuvo el Oso de Oro a Mejor Película en la Berlinale 2017, así como el premio del Jurado Ecuménico y el de FIPRESCI; un año después está entre las cinco finalistas al Oscar a película en idioma diferente al inglés.

Por: Leopoldo Villarelo Cervantes

Estudió en el Centro de Capacitación Cinematográfica la carrera de guión y realización cinematográfica. Ha colaborado en distintos medios impresos y electrónicos como el suplemento cultural Arena, del periódico Excélsior. También ha participado en Radio UNAM con textos y recomendaciones para cine y televisión. Imparte el curso de apreciación cinematográfica en el Museo Universitario del Chopo, y uno con el mismo nombre en la FES Acatlán.

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