Espejo Retrovisor: Soldados inocentes mueren en “Los fusilados”

mayo 2, 2016

Por: Redacción

Leopoldo Villarello Cervantes.-

Una parte de “Los fusilados” (Les Fusillés, 2015) guarda proximidad con el tema de “Patrulla infernal” (Paths of Glory, 1957, de Stanley Kubrick), sobre soldados franceses fusilados por su misma gente, por sus jefes, durante la Primera Guerra Mundial, para ponerlos de ejemplo al resto de sus batallones y castigarlos, sin que importara si realmente eran infractores, en este caso de haber desertado o por cobardía, y ni siquiera someterlos a un juicio o corte marcial.

Al comenzar los créditos finales aparece un letrero que señala que en esa guerra más de 600 soldados fueron ajusticiados, asesinados de esa manera, y hasta la fecha sólo 40 han sido rehabilitados o reconocida su inocencia, un tanto la intención de este filme.

En el prólogo, “Los fusilados” manifiesta una forma de recordar lo acontecido a algunos de aquellos hombres, a darles sepultura y colocar sus nombres para la posteridad. Uno de los militares que llegan a un paraje señalado por unas botellas, es un avejentado y lisiado “Louis Delluc” (Gregoire LePrince Ringuet), compañero de los muertos y sobreviviente casi de milagro.

Un largo flashback va a agosto de 1914, cuando los jóvenes “Louis” y “Bastien” (Michaël Grégorio) se aprestan campantes y alegres a enlistarse en las filas militares e ir a la guerra, a pelear contra los detestados boches germanos, sin saber lo que les aguarda, en su puerilidad patriótica. Unas escenas en combate serán suficientes para ensombrecer el panorama.

El director y coguionista Philippe Triboit brega en la brutalidad de la guerra, la manera en que ésta trueca a quienes pelearon, los dañados física y mentalmente, a quienes la visión de unos cuerpos trozados y sangrantes, aturde y machaca para el resto de sus vidas; o los que arrancan su lado oscuro de mercaderes malsanos,  lucraron entre la destrucción; y en quienes aflora su lado salvaje, exceso de valor y coraje, y masacran con saña a sus enemigos, los acuchillan y rematan con bestialidad.

Se pone en balanza que hubo generales malvados que no se tentaron el corazón para mandar al pelotón a acribillar a sus propios compañeros; y también capitanes que urdieron argucias para salvar a los ajusticiados, con la cooperación de los que apretaron el gatillo y un asomo de azar. Se endosa una descalificación al clero, al sacerdote que acepta los asesinen sin mover un dedo o defenderlos.

La trama conlleva arquetipos: dos amigos de la infancia que divergen en el frente, el hombre noble y el negativo, el que va para héroe y piensa en la familia y al que tiene sin cuidado eso y se dedica a negocios por doquier, no siempre limpios, aunque para bienestar de la tropa; y por ende, tendrán sus premios y castigos.

A la par, escudriña las repercusiones negativas en su pueblo al enterarse del fusilamiento y las causas para ello, con el vuelco al reaparecer “Louis” en plena misa ante el azoro de sus conocidos; el maltrato a los prisioneros germanos, más el tardío entendimiento que son tan humanos como el resto y no generalizar en su maldad por su nacionalidad; y lo que resienten las familias de lo que ocurre en  las batallas, las noticias, la posibilidad del triunfo alemán.

El pueblo vale de espejo de la guerra, donde una mujer progresa con amplitud, se beneficia y enriquece en esos tiempos, no gratos para los demás, y sus buenas acciones son diezmos menores así las mueva la sinceridad o el decoro, lejos de donde muchos de ambos bandos caían balaceados, bombardeados, y sus cuerpos nunca serían encontrados.

El epílogo completa el recordatorio de cuatro de esas víctimas de la guerra, más grave por haber sido sentenciados y abatidos por sus propios superiores, y cuya única culpa fue extraviarse en una misión nocturna, haberse enrolado por el bien de su país.

https://www.youtube.com/watch?v=zb6OrSQsST0

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