Espejo Retrovisor: Sin alicientes para vivir en “Amor x sorpresa”

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Leopoldo Villarello Cervantes.-

Hace diecinueve años, el cineasta holandés Mike Van Diem obtuvo el premio Oscar a Mejor Película en Lengua Extranjera con “Carácter” (Karakter). Desde entonces no se había visto otro filme de su autoría.

Ahora, con “Amor x sorpresa”  (De surprise, 2015), retoma su trayectoria, con ánimo de humor negro, grisáceo y blanco, en torno a la muerte, la soledad o vacío existencial.

“Amor x sorpresa” toma a “Jacob” (Jeroen Van Konigsbrugge) en el lecho de muerte de su madre, y en unas cuantas imágenes templa la intensidad o proximidad con ella. Sus acciones inmediatas trazan el desinterés de Jacob por los millones heredados, por las propiedades que tiene y lo que le rodea, siempre sin perder compostura y sin damnificar a sus trabajadores.

Van Diem deriva de la orfandad de “Jacob”, en edad adulta, su desinterés por la vida; mediante continuos gags acredita que ni siquiera atina a efectuar actos suicidas eficientes, su confusión para emanciparse de la figura materna, la escasa estimación por su peculio.

La personificación de Jeroen Van Konigsbrugge esconde algo del chance de “Desde el jardín”, saliendo inmutable al exterior, sin enarbolar emoción alguna, con conciencia de su nulidad. Van Diem concreta su actitud sin apenas palabras, en tonillo comedia muda.

Al empujar a su protagonista al siguiente paso, el director holandés trufa el componente romántico, administra los golpes de efecto, le mancomuna un grupo de hindús con pinta de pandilla sardónica.

Espejo retrovisor 2

El título en español pronostica la desviación de lo mortuorio, la consigna de lo que vendrá, en los preliminares de la heroína, “Georgina” (Anne De Koning) en un montaje de suspenso, y en su figura delgada, sonriente, cotejada con la abstracción de él. La superposición del en principio impertérrito “Jacob”, usando día tras día un automóvil de colección cual si fuera normal, como cambiarse de camisa; al contacto con ella por creer tiene impulsos fatídicos semejantes.

Van Diem procede a flujo de comedia alocada, con persecuciones chuscas, una escena de atropellamiento zanjada con desparpajo tras el susto, la guasa contra los nuevos millonarios rusos, sin olvidar la punición al tramposo consejero.

“Amor x sorpresa” se reorienta de lo fúnebre y luctuoso, la falta de alicientes para vivir, del influjo de una persona para aprender a disfrutarla o verla con otros ojos, de la necesidad de hablar y entender a gente mayor, con quienes por largos años apenas se ha cruzado unas frases.

Van Diem compone en el personaje del jardinero/administrador/encargado de la mansión, alguien para quien una flor o su parcela tiene méritos para conservarla y custodiarla; es un rebote y reverso de Jacob y el director les perfila sus desenlaces con listones tristes y venturosos.

El guión trota por territorios morales, de negocios oscuros nacidos de una necesidad, a la vera del bienestar para el prójimo, oficiado con sorna. La sorpresa se pluraliza, con la estirpe de ella y su enjundia, la prueba para recibirlo a él en la familia, la terquedad por cumplir lo pactado.

En su retorno al largometraje, Mike Van Diem se prueba a satisfacción, en las imágenes de la inmensa casa, por fuera y por dentro, en los gags del camión y los de “Jacob” solo, en la distribución de los coprotagonistas de edad mayor: el buen asesor, el jardinero, el líder de la empresa.

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