Espejo Retrovisor: Secretos del pasado repercuten en “La entrega”

1 Flares 1 Flares ×

Leopoldo Villarello Cervantes.-

“La entrega” (The Drop, 2014) quedará inscrita como la última película en que intervino James Gandolfini. No lleva el papel protagónico, pero su personaje del primo “Marvin” es cardinal para el desenvolvimiento de los incidentes, y el final de él de significancia cinematográfica.

Sobre quien gravita la trama y a la larga resulta un lobo con ropaje de cordero es su primo “Bob” (Tom Hardy), tranquilo, retraído, buena persona; dispuesto con su trabajo de camarero en el bar.

Adaptación del relato “Animal Rescue” de Dennis Lehane (autor de las novelas en que se basa “Río místico”, “La isla siniestra” y “Gone, baby, gone”), se sitúa en Brooklyn, con la mafia rusa al control de negocios sucios en la zona.

La base de “La entrega” es que en determinadas fechas, uno de estos bares de los cuales se han adueñado, es donde se depositan las ganancias malhabidas de toda la jornada, para el lavado de dinero, y en una de esas le puede tocar al primo “Marv”, lo cual implica responsabilidad y precaución.

Segunda película del belga Michael R. Roskam, es una inmersión en los bajos fondos, un thriller entre la calma y el furor, donde pesan y pegan situaciones de hace diez años, en que secretos del pasado tendrán repercusiones.

Roskam se inmiscuye al vecindario de Brooklyn, con los asiduos al bar, de origen irlandés o italiano, metidos en los espectáculos deportivos; y los católicos asistentes a la iglesia, con una subtrama de la invasión inmobiliaria que no respeta ni esos edificios en sus fines mercantilistas.

La rutina  y tranquilidad de “Tom” se verá afectada al hallar un perrito cachorro en un bote de basura y al conocer a “Nadia” (Noomi Rapace), y con ello la enemistad de un rufián ruso, “Eric” (Matthias Schonaert), con reputación de asesino.

La narración de entrada va unida a un montaje apremiante, que tomará más significado con las pesquisas de un detective de origen latino (John Torres), en un ensanche bien condensado, accionado con pistas que hasta el final se consolidan.

La atmósfera es lóbrega, la mayor parte acontece durante noches, con diferenciación entre los días, el paseo y cuidado del perrito y la estafa maquinada por el primo “Marv”, más tendiente al sacrificio por la no aceptación del derrumbe, con un diálogo resonante de lo que fue, contra “Tom”.

“La entrega” soporta la presión en ascenso, los planes de “Marv”, el chantaje de “Eric”; en contraposición, el sosiego de “Tom”, su hieratismo y aceptación de ser minimizado, cobijan una fortaleza insospechable en la vulnerabilidad que muestra.

El director Roskam gestiona con sobriedad las varias rutas. El montaje de la noche del SuperBowl, la resolución, el ir y venir, la reivindicación del secreto, la visualización ya adelantada cuando empacaba con calma el brazo trozado a un maleante.

El relato del bostoniano Dennis Lehane es traspasado a la pantalla con tensión, sin alterar su enjundia, el enfoque de las mafias, de la verdad detrás de las fachas de bondadosos y malosos.