Espejo Retrovisor: Problemas de familia en “La felicidad de los otros”

julio 10, 2015

Por: Redacción

Leopoldo Villarello Cervantes.-

El prólogo de la producción canadiense “La felicidad de los otros” (Le bonheur des autres, 2011, dirigida por Jean-Philippe Pearson), define las varias historias entrelazadas alrededor del deseo u obligación de algunas personas por tener hijos, de ser padres, de la importancia para unos, el temor de otros, la impotencia física o mental, la soledad.

Se entiende la relación de las parejas y personajes durante una cena, en que las ausentes son dos mujeres, la que optó por cortar por lo sano y romper su unión, consciente de que ésta no va para ningún lado; y la joven pareja del hombre de más edad. El resto es una familia disfuncional, padres divorciados hace veinte años, los dos hijos, un hombre y una mujer, más el esposo de ésta.

El guión concede tiempos similares a cada historia; va de una a otra con buen ritmo, las irá acomodando hacia la resolución donde hay dosis positivas y consecuentes, y en varios aspectos la razón para el título.

El conflicto del capítulo del padre, “Jean Pierre” (Michel Barrete) y su novia “Évelyne” (Julie Le Breton), a quien casi le dobla la edad, es ante la sorpresa de ella al quedar embarazada y cómo irá reaccionando él. Lo que parece comprensión de ambos, se va disparando, a lo que se añade la opinión de los papás de ella, su intrusión ante la diferencia de edades, a lo que será su vida en veinte o treinta años.

El caso de la hija “Marion” (Eva Duranceau) ansiosa por quedar embarazada y furiosa de que su padre vaya a tener un nuevo hijo, se agrava por la negativa de su marido. Este segmento tiene a su vez separación entre las visitas de él al médico y ella en el trabajo, con su compañero de cubículo, e irá embonando con sus problemas para tener sexo y lo que los dos hacen por separado.

El trozo más divertido e irónico es el de la mamá (Louise Portal), quien vive sola, y su amiga, corredora de bienes raíces, que le abrirá la puerta a placeres sexuales y la despertará. Aquí va una resonancia sarcástica a las pequeñas perversiones que muchos esconden, a gente puritana y con matrimonio modelo que tienen sus secretos oscuros, al menos uno de ellos. Y en el caso de la mamá, a lo que lleva el vivir solitaria.

Una escena al inicio donde ella ve a una muchacha con una carriola y un bebé, se convierte una visión amenazadora, cuando la imagen se duplica y multiplica cruzando por todos lados y la voltean a ver y en seguida van hacia ella. Es una visión ominosa del porvenir, semejante a cuando “Évelyne” se detiene en un alto y ve pasar a una mujer como ella que guía una silla de ruedas con un anciano igual a “Jean Pierre”, y eso le amedrenta y pone a meditar.

Otra pesadilla es la del esposo de “Marion” cuando va a la clínica a elegir prospectos para el embarazo in vitro y mira a los hombres que están en la sala.

Desde otra esquina la película pasa a ser el reencuentro del hijo “Sylvaine” (Marc André Grondin) con el padre, el enojo del joven contra su progenitor por haberles abandonado cuando niños (una escena frente a la casa familiar deviene inteligente flashback de aquél triste día).

El guión confluye por la ruta inesperada. Donde se pensaba todo iba viento en popa, habrá corte. El suspense de la prueba de embarazo de “Marion” se salda con una aceptación implícita de tener hijo de cualquier manera y el engaño así haya sido sólo una ocasión.

“La felicidad de los otros” ronda problemas de pareja, usuales en el pasado y el presente; de los hombres que por empleo y ganar más dinero, se alejan de la familia y la pierden; de los maduros para casarse y quienes saben retirarse a tiempo. Y en plan optimista, la recuperación de los hijos. Las secuencias para cerrar, giran a pensar que cada quien obtiene lo que debería o lo que le correspondía.

Comedia agridulce con capas de humor y agresividad que se difumina hacia el porvenir.

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