Espejo retrovisor: Peter Morgan y el honor perdido de Christopher Jefferies

julio 2, 2018

Por: Redacción

La trayectoria del escritor británico Peter Morgan se remonta a finales de la década de los 1980, pero es hasta entrado el siglo XXI que su popularidad trasciende, inicialmente en películas para televisión y mini series de calidad producidas por las cadenas inglesas, y en cine al firmar los guiones de El último rey de Escocia (Last King of Scotland, 2006; Kevin MacDonald), y de La reina (The queen, 2006; Stephen Frears), con Helen Mirren, a los que seguiría con La otra reina (The other Boleyn girl, 2008; Juston Chadwick), y la adaptación de su obra teatral Frost/Nixon (2009, Ron Howard).

Las cuestiones políticas han sido un tema de los que más ahonda Morgan, como se desprende de su filmografía y proyectos que han sacudido a la opinión pública y los medios. Es el caso de El honor perdido de Christopher Jefferies (The Lost Honour of Christopher Jefferies, 2014; Roger Mitchell), cuyo título resuena al de la novela del alemán Heinrich Boll Die verlorene Ehre der Katharina Blum (El honor perdido de Katharina Blum), trasladada a la pantalla en 1976 por Volker Schöndorff y Margarethe Von Trotta y por las ineluctables analogías en los hechos descritos.

La acusación por asesinato contra Christopher Jefferies (en excelente caracterización por Jason Watkins), un profesor jubilado en Bristol, dedicado a apoyar a la comunidad y asesorar alumnos del colegio donde laboró por tres decenios, lo hizo carne de cañón de la prensa escrita y la televisión, quienes sin investigar ni documentarse, difundieron su culpabilidad, lo difamaron, hostigaron, se regodearon en ponerlo como un pervertido, maniático, basados en su apariencia física, su aislada forma de vida.

La película deja ver sus pequeñas excentricidades, sus amaneramientos (por el cual le catalogarían de homosexual) y sutilezas en el lenguaje, sus rutinas, la confianza que tenían en él sus inquilinos y vecinos, y cómo, de la noche a la mañana, las festividades decembrinas del 2010 se trocaron en una pesadilla, agravadas por su disposición con la policía y sus correctas declaraciones cuando lo visitan.

El guión de Peter Morgan denuncia el mal uso de la información por los medios, el abuso de la policía sobre el indiciado, el suplicio que le hicieron padecer (es turbadora la secuencia del interrogatorio, la obstinación de los detectives, la sinceridad de Jefferies) sin prueba alguna, sólo gravitados en su encierro, una salida nocturna, la posición de un automóvil, y por los resquemores que empiezan a brotar contra el denostado, sea el rector de la escuela o gente que ni saben quién es,

La subsiguiente investigación guiada por abogados esclarece los yerros policiales, confirma la reputación excelente del profesor, lo engañoso que han expuesto o hecho creer, su franqueza hasta para contar de su peinado y cabellera.

El caso de este catedrático hace reflexionar en la facilidad con que la policía inculpa a una persona, se olvida de otras pistas y posibilidades, hasta que una casualidad vuelca sus desaciertos. Y el inmediato linchamiento contra un desconocido, aleccionados por las apócrifas noticias, los titulares agrestes, las desmedidas calumnias y ataques en su domicilio.

El sumario surca del pintoresco profesor a un drama de asesinato y a una fustigación legal que convulsionó el sistema jurídico británico, que obligó a los empresarios de los medios a reconocer su negligencia, sus infracciones y manipulación, a exonerar al inculpado, a quien de cualquier manera apabullaron.

Algo de lo que trajo lo sufrido por Jefferies, fue que secundó la conquista del incriminado en la desaparición de la niña McCann, el poner en su lugar a los medios, obligarlos a ser precavidos en lo que publican o dicen, contra personas anónimas, famosas o populares, no culpar sin evidencias e injustificadamente.

La dirección de Roger Mitchell (más conocido por Notting Hill y La visita del rey) es procedente con la temática y la narración. Peter Morgan y él concuerdan con Jefferies, y coadyuvan a que el espectador resienta las indignidades que le pegaron.

Por: Leopoldo Villarelo Cervantes

Estudió en el Centro de Capacitación Cinematográfica la carrera de guión y realización cinematográfica. Ha colaborado en distintos medios impresos y electrónicos como el suplemento cultural Arena, del periódico Excélsior. También ha participado en Radio UNAM con textos y recomendaciones para cine y televisión. Imparte el curso de apreciación cinematográfica en el Museo Universitario del Chopo, y uno con el mismo nombre en la FES Acatlán.

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