Espejo retrovisor: Movie 43 y sus gustos extremos

mayo 11, 2019

Escrito por: Leopoldo Villarello Cervantes

Movie 43 (2013) está enfilada para un sector del público de gustos extremos. Son once o trece historias cortas, según la versión que se encuentre, un par cual anuncio publicitario, con sangre, escatología, chistes excesivos, relaciones grotescas, toques de pornografía, violencia subida, ciencia ficción ominosa y negativa, migas de perversiones y sexo.

La versión que vimos es la distribuida en el Reino Unido. En la original estadounidense, el punto de partida está relacionado con el cine, los relatos a unos productores para realizar una película fuera de lo tradicional.

Colección de cortometrajes unidos por una broma adolescente que desborda sus márgenes, se extralimita, patentiza barbaridades posibles de hallarse en internet, la maestría con que un muchacho saliendo de la niñez trajina por la red, ingresa a páginas inconcebibles para la mayoría; y lo cada vez más sabido, la simplicidad con que hoy día cualquiera está expuesto a ser nombrado y atacado sin saber ni por dónde.

Es como una versión desmedida, horrenda, de lo planteado en I mostri y I nuovi mostri (Los monstruos y Los nuevos monstruos, 1962 y 1978, de Risi, Scola, Monicelli), un rosario de aberraciones, una que otra con puntos graciosos, un puñado en nivel adyacente a Jackass o a las incalificables cintas de los hermanos Wayans.

Clavado contingente a furores fehacientes, a desvíos de la gente, a pecados usuales, vicios y lacras, unos a cubierto, otros a la vuelta de la esquina, o en los vecinos de al fondo y en gente con rostro de ángel. Algún corto pica con puntería a miserias actuales tipo citas a ciegas, películas deportivas de superación, o las de súper héroes.

Apenas justificado que le hayan otorgado el Razzie en 2014 a peor película, guión, directores, actores. De lo más desagradable es el desperdicio de figuras resaltantes, empezando por Kate Winslet; o inquirir en cómo convencieron a la mayoría del reparto, cual si fuera concurso de celebridades peleando por aparecer en la gran superproducción y cada cual mordieron el anzuelo de cine burlón, cayeron en la ratonera. Su arrepentimiento tardío no les borra de las escenas, ni de lo perpetrado.

Serían papeles habituales para Johnnie Knoxville o válido para Christopher Mintz-Plasse; y allanado en la parodia de súper héroes para Jason Sudeikis de Batman aturdiendo a ‘Robin’ (Justin Long), y la breve entrada de Superman (Bobby Cannavale); o el chiste dentro del chiste de ver a Naomi Watts (irreparable) y su esposo Liev Schreiber duplicando sus papeles.

Peter Farrelly dirige tres segmentos, uno de ellos el más execrable, Truth or Dare, que derrapa y degenera a cada segundo. De salvar algún corto, cabría nominar Verónica, de Griffin Dunne, con Emma Stone, Kieran Caulkin y el coro de “outsiders” a su alrededor; lo a aleación de Super Hero Speed Dating; la condensación visual y sanguinolenta de secuelas y redundancias de Tiburón en el segmento Tampax.

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