Espejo retrovisor: Los gustos, sabores y colores de Myriam Aziza

julio 23, 2018

Por: Redacción

Comedia con reflujos, Los gustos y los colores (Les gouts et les couleurs, 2018) aborda una cuestión de actualidad desde hace largo tiempo: el conflicto, el miedo, de una persona homosexual para declararlo a su familia, en especial a sus padres y más si son de raigambre conservadora y devota.

Objeta en el camino un atavismo en múltiples religiones y pueblos: los matrimonios concertados, a kilómetros de distancia o en el mismo país y ciudad; la negativa de padres, abuelos y parientes, a que sus hijos, nietos, sobrinos, tengan noviazgos y probabilidades de boda con individuos fuera de sus comunidades, dogmas o razas.

La directora Myriam Aziza suelta en este aprieto a ‘Simone’ (Sarah Stern), una mujer de veintitantos, quien cada que se arroja a confesarlo a su mamá (Catherine Jacob), esta le cambia la plática, la calla, se adelanta con sus asuntos; y se incapacita ante el chantaje emocional de su papá (Richard Berry) con enfermedades.

El capricho divino en esta familia disfuncional con sus ribetes fútiles es que dos hijos sean gays y para compensar el restante es aferrado religioso, ansioso de empatar a la hermana con uno de su grey (con su propia página web de citas).

Con varias subtramas coincidentes, sin salvar tópicos de judíos (fiesta de bodas incluida) y piezas con declaraciones románticas, el ingrediente gastronómico abona para esquivar unos más, para encarrilar al personaje de Wali (Jean-Christophe Folly), a los deliciosos platillos, el paladar gourmet de ella.

El guion distribuye racismos, sin exclusividad de un colectivo, para y contra todos tira pedradas: grupos y sujetos con resquemores en automático al ver a una persona de distinto color de piel o captar su religión o procedencia; lesbianas enojadas por la infidelidad con un hombre; restricciones para préstamos bancarios por la ascendencia africana y árabe.

El personaje de Simone agobia a ratos con sus temores e indecisiones, el lastre para asumir que se ha sentido a gusto con un hombre, la confusión que deja crecer con la amiga. Pero sus enredos acreditan las simulaciones con que muchos se engañan, y que proporcionalmente sobran los dichosos en sus congregaciones y deberes, las que lo acatan obligadamente, y quienes antes y después del siglo XXI han deseado borrarlas.

Los gustos y los colores alude a las mixturas en la comida, el uso de especies, los sabores a degustar; en el lado humano, las posibilidades de encuentro entre razas, géneros, gustos sexuales; a identificarse con ambos, aceptar, no perderse sólo porque las tradiciones lo testifican. Y a que cada cual ve lo que quiere, cierra los ojos a lo que tiene en frente.

La conclusión se extravía para no definirse, irrumpen las engañifas maternas y paternas (con un voto a favor de la mamá entonando Ne me quitte pas/If you go away en yiddish), vaga en un triángulo inconsecuente.

Por: Leopoldo Villarelo Cervantes

Estudió en el Centro de Capacitación Cinematográfica la carrera de guión y realización cinematográfica. Ha colaborado en distintos medios impresos y electrónicos como el suplemento cultural Arena, del periódico Excélsior. También ha participado en Radio UNAM con textos y recomendaciones para cine y televisión. Imparte el curso de apreciación cinematográfica en el Museo Universitario del Chopo, y uno con el mismo nombre en la FES Acatlán.

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