Espejo Retrovisor: Las infelicidades personales en “El club de la tristeza”

febrero 14, 2015

Leopoldo Villarello Cervantes.-

Dentro del 5° MyFrenchFilmFestival, a punto de concluir y de poder verse sin costo hasta el 16 de febrero, ha estado disponible la cinta “El club de la tristeza” (Tristesse Club, 2014), cuyo título tendería a denotar trama de dolor o desconsuelo, o reuniones para convocar aflicciones, sumar penas, y de inicio muestra las dos alicaídas vidas de unos hermanos.

En un aspecto va en la pauta de un fallecimiento que trae consigo reunión de gente que conocía al finado, remembranzas, reconsideraciones en torno a sus virtudes y yerros, en sus pendientes y legados, pero eso queda en charada calculada.

En lugar de multitudes, se circunscribe a tres personajes. Se traslada a la búsqueda de un padre por sus hijos, reencuentro de estos, enterarse que tienen otra hermana, conjeturar qué ha sido de él, por qué lo persiguen, qué fraude o estafa cometió y le presionó a huir sin aviso de por medio, o de dónde salió esa nueva pariente que les agenció.

Del director Vincente Mariette se han visto en ediciones anteriores de MyFrenchFilmFestival sus muy recomendables cortometrajes “El mejor amigo del hombre” (Le mellieur ami del homme, 2010) y “Los lagartos” (Les lezards, 2012).

En su debut en largometrajes, Mariette se aboca a revelar lo dañado del par de hijos, lo disfuncional que son, cada uno en sus incapacidades o problemáticas con las mujeres, las raíces paternas en ello, sus diferencias, las causas que les han encaminado a ese encuentro.

“El club de la tristeza” se trueca en lo que este incidente funerario remolca en la relación entre los tres personajes, “Bruno Camus” (Vincent Macaigne) y “Chloe” (Ludivine Sagnier), y “Bruno” con su hermano “León” (Laurent Lafitte); en lo que fortuitamente detectan y desempolvan acerca del padre.

Una subtrama clave es el pasado triunfador de “León”, ex tenista con promisorio porvenir que hubo de retirarse de las pistas por una enfermedad, con escenas de cuando jugaba, la alta consideración en que lo tiene su amigo de la infancia, la reminiscencia de la cancha en que hizo sus pininos cuando niño; y las secuelas que todavía le abaten.

Vincent Mariette se mueve por vericuetos que sacan a la luz mentiras y engaños, despierta la emoción de las féminas en Bruno, devela la identidad verdadera de Chloe; les despeja trazas desconcertantes del padre, detalles con grado de generosidad hacia sus hijos, más a León.

Sin preludiarlo y en ausencia, el papá entronca para reanimar la existencia de los hijos, obsequiarles últimas buenas voluntades, sacar sus piezas bondadosas. “El club de la tristeza” remonta infelicidades personales y se cierne en comedia dulce amarga.

Las actuaciones son precisas, los dos hermanos son caracterizados proporcionadamente, “Bruno” en débil, torpe, tímido; “León” en bajada y recuperación. Ludivine Sagnier, ascendida a adulta, retirada de sus papeles juveniles que le congraciaron. Noémie Lvovsky se roba el drama en su momentánea aparición.

Road movie reducido, de volumen filial, en que el director da giros sustanciales, tonifica el compás, comunica la tristeza imperante sin decaer hacia la tragedia. Saca a tiempo cartas y recuerdos, más las ayudas oportunas, para ultimar donde debe, sin remordimientos, en un brindis tripartita.

https://www.youtube.com/watch?v=4sDq7Bx5Lfw

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