Espejo retrovisor: Las herederas, de la decadencia a la libertad

noviembre 18, 2018

Por: Redacción

El programa de la 65 Muestra Internacional de Cine ejemplifica el progreso en la producción cinematográfica latinoamericana. Dos de las películas anunciadas obtuvieron los galardones principales de los Premios Fénix entregados el miércoles anterior, la coproducción colombiana en que intervino México Pájaros de verano ganó el de Mejor largometraje de ficción; y la paraguaya Las herederas le trajo el de mejor director a Marcelo Martinessi, quien unos días antes había recibido el premio Netflix de Ópera Prima por este filme.

La trama de Las herederas (2017) pone a una pareja de mujeres mayores, ‘Chiquis’ y ‘Chela’, en la necesidad de vender sus bienes materiales ante un juicio deudor contra la primera. Narración de signos minimalistas, privada, donde se perfila la postura de cada una, la fortaleza de ‘Chiquis’ (Margarita Irún) quien controla la crisis; el desconcierto de ‘Chela’ (Ana Brun) ante la incertidumbre.

La media luz en la apertura es sintomática de la aflicción de ‘Chela’ al ver cómo desbaratan su legado familiar, con los cubiertos, manteles, copas, se llevan retazos de sus vivencias; y cada vez que una compradora aparece, ella se niega a atestiguarlo para no sufrir, o pide cantidades altas sin regateos para eliminar ofertas.

Conforme avanza el metraje, ella gana en prestancia, deja atrás la pasividad, las inseguridades; la ausencia de ‘Chiquis’ le dota de atrevimiento, le salpica ímpetu. La fácil aclimatación de ésta a la cárcel certifica quien empuñaba las riendas en la vieja casona y en las actividades de la pareja desde que conviven, quien disponía qué se hacía.

Las obligadas visitas a la prisión y un favor a ‘Pituca’ (María Martins), la anciana vecina, truecan el letargo de ‘Chela’, pintado en el encuadre en que inmóvil aguarda la conclusión de la partida de canasta. Poco a poco encara su nueva labor sin afligirse, hará amistad con ‘Angy’ (Ana Ivanova en aplicada caracterización) una mujer rondando los cuarenta, que le hará su confidente, le actualiza.

Se percibe el afecto del director hacia ‘Chela’, la fruición por verla independizarse, arrojarse a manejar fuera de sus linderos, ni falta le hace la licencia de conducir; florece su vestuario, su mirada, el talante para despertar y ponerse los lentes oscuros.

El universo insertado por el director es femenino al completo, sólo el galán de ‘Angy’ lo mancha; las compradoras, las compañeras de ‘Pituca’, las amigas de la pareja, las celadoras, las reclusas; todo gira en ese enclave.

El vínculo de la pareja se sobreentiende en la despedida de ‘Chiquis’, en unas frases al inicio acerca de su amiga ‘Carmela’ (Alicia Guerra), en la reunión con las amigas y la referencia a lo bondadosas que han sido cuando tuvieron.

Hay correlación de la mujer tomando el volante, capaz de pisar el acelerador, y el freno por la anticipada remisión de ‘Chiquis’; la transacción del vehículo (pertinente que sea un Mercedes Benz viejo, clásico, de motor diesel) que se ha tornado una extensión de ‘Chela’ es vista en silencio, a través del parabrisas. El retiro por ella del letrero de venta era fehaciente de su estabilidad y solvencia, que se lo lleven pega a su identidad rehabilitada.

Las herederas porta la fecundación de ‘Chela’, la rica caracterización de Ana Brun enhebra sus efusiones, de lo gris a lo luminoso, a su libertad.

El paraguayo Marcelo Martinessi cae bien parado en su debut en largometraje. Las herederas se proyectó en la 65 Muestra internacional de cine de la Cineteca Nacional.

Por: Leopoldo Villarelo Cervantes

Estudió en el Centro de Capacitación Cinematográfica la carrera de guión y realización cinematográfica. Ha colaborado en distintos medios impresos y electrónicos como el suplemento cultural Arena, del periódico Excélsior. También ha participado en Radio UNAM con textos y recomendaciones para cine y televisión. Imparte el curso de apreciación cinematográfica en el Museo Universitario del Chopo, y uno con el mismo nombre en la FES Acatlán.

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