Espejo Retrovisor: La voracidad de Ray Kroc en “Hambre de poder”

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Leopoldo Villarello Cervantes.-

El capitalismo desmedido, depredador, la ambición ilimitada, el tema del hombre que engendra un imperio sacado casi de la nada, quien urde ser el inventor de una cadena automatizada en la línea del “modelo T” de Henry Ford, coinciden en una historia que sólo puede haber sucedido en los Estados Unidos.

Por esos vericuetos anda “Hambre de poder” (The Founder, 2016), un ramaje de biopic, en las cuales se ha colgado por películas anteriores John Lee Hancock (“The Blind side”/Un sueño posible; “Al encuentro de Mr. Banks”/Saving Mr. Banks).

Para quienes creían que Ray Kroc –como siempre lo anunció‒ fue el descubridor de la hamburguesa McDonald’s, de la manera de servirla, de los locales de esa comida rápida, de los alegóricos arcos y logotipo, el fundador (de ahí el título en inglés) de la cadena de locales, “Hambre de poder” viene a narrar lo que hubo antes y detrás de que Kroc entrara en acción, excluyendo, dejando en la calle y en el olvido, tragados por su voracidad, a los hermanos Dick y Mac MacDonald.

Y John Lee Hancock va de su mano, confiriéndoles un papel menor, discutible (ni en los textos finales se sabe más de ellos), al par de bonachones y provincianos idealistas a quienes Kroc les comió el mandado y relegó al rincón de los trastes inservibles.

El biopic del hombre hecho a sí mismo, del triunfo al estilo estadounidense, del sujeto que luego de concebir invenciones poco infructuosas le pega al clavo por casualidad a una ajena, se la apropia, le da el jalón; puede ser para alguien el camino del emprendedor, cuando es una refracción del lado oscuro del capitalismo, en el que Kroc no anduvo solo con sus alas, sino tuvo aliados, tan visionarios en su campo como sibilinos para los dineros: la mujer ideal para él, “Joan” (Linda Cardellini), y el abogado “Sonneborn” (B.J. Novak) que le enseñó dónde estaba (y está) el verdadero negocio, más que en la multiplicación de franquicias o los reducidos porcentajes por consumo. (Más frondoso lo que consiguió la secretaria).

Espejo retrovisor 2

La excursión de Hancock por la década del 1950, la posguerra, enarbola las posibilidades que se abrían donde había tantos accesorios por colarse a los hogares, y los vendedores iban de casa en casa, de pueblo en pueblo, atravesando carreteras estadounidenses. Donde California aún estaba lejana  y podía haber un floreciente negocio del que en el Medio Oeste o al extremo de las primitivas Colonias ni habían escuchado.

El director va con Kroc y del otro lado sacrifica a los MacDonald y sus buenas voluntades, sus reacciones ante cada aldabonazo de su socio, sus sueños desbaratados, su confianza o puerilidad hasta al firmar los contratos y creer en la palabra de honor; el avasallamiento ante la lucha legal notificada, donde perdían de antemano.

Por eso, de lo ejemplar en lo visual son los recuerdos de ellos en sus comienzos, de sus pequeños logros desde los años 20 en Hollywood, su reciedumbre, los experimentos y entrenamientos antes de construir cocinas y mostradores, dibujando y borrando los espacios en el piso de un estacionamiento (antes del “Dogville” de Lars Von Trier).

Su empeño en donar a sus empleados el local original en San Bernardino, al que ni siquiera pudieron guardarle su apellido. Las enfermedades y su relación entre siamesa, simbiótica y de extremo afecto.

Tiene su delirio y refrendo que “Hambre de poder” concluya en época Reaganiana, con Kroc a punto de ser recibido en el despacho oval, con las analogías al ascenso del actor a presidente, a sus raíces en Illinois, y Kroc (en la efigie ajada de Michael Keaton) ensaye su discurso.

Los hermanos McDonald (en gran casting de John Carroll Lynch y Nick Offerman) merecían mejor fortuna y sus inventos con ellos; sus ideas y quimeras (el cuadro de los arcos) fueron quebrados por la mano dura del capitalismo, y quien sabe cuántos como la pareja. Sus retratos deberían ocupar un espacio en el Smithsonian, ya que no tienen lugar en los restaurantes que explotaron su visión más afín a otras centurias y países.

Lone

LEOPOLDO VILLARELLO CERVANTES. Estudió en el Centro de Capacitación Cinematográfica la carrera de guión y realización cinematográfica. Ha colaborado en distintos medios impresos y electrónicos como el suplemento cultural Arena, del periódico Excélsior. También ha participado en Radio UNAM con textos y recomendaciones para cine y televisión. Imparte el curso de apreciación cinematográfica en el Museo Universitario del Chopo, y uno con el mismo nombre en la FES Acatlán.