Espejo Retrovisor: La tortura laboral en “Yo, Daniel Blake”

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Leopoldo Villarello Cervantes.-

En la programación de la 62 Muestra Internacional de la Cineteca Nacional, se han incluido tres nombres de cineastas de alta nombradía y trayectorias longevas: el italiano Marco Bellocchio, cuya “Los puños en el bolsillo” (I pugni in tasca), data de 1965; los hermanos belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne, quienes realizaron su documental inicial en 1978; y el inglés Ken Loach, con una carrera que se remonta a principios de los años sesenta en la televisión británica, y su primer largometraje, “Vaca pobre” (Poor Cow, 1967) ha cumplido el medio siglo.

De Loach hemos conocido en forma intermitente sus filmes en su segunda etapa de ficción para la pantalla grande, desde la década del 1990 con “Agenda Oculta”  y con la colaboración en el guión de Paul Laverty a partir de “La canción de Carla” (Carla’s song, 1996).

Con “Yo, Daniel Blake” (I, Daniel Blake, 2016), Loach prosigue en su repaso con  cuestionamientos a la crisis actual y casi perenne, a la situación laboral deplorable, a las consecuencias de la liberalización de la economía y de las privatizaciones de empresas de cuando Margaret Tatcher fue Primer Ministra, al derrumbe del “estado de bienestar”, uno de los grandes logros después de la Segunda Guerra Mundial.

La entrevista que escuchamos en tanto salen los créditos de apertura, hace sentir lo que será la odisea y tortura de “Daniel Blake” por ser aceptado como inhabilitado para trabajar, o al menos conseguir el seguro de desempleo. Unos trámites que deberían ser sencillos y poco problemáticos, toman un cariz de prueba inclasificable de aprobar para alguien como “Blake”, rondando los sesenta años, idóneo para su oficio de carpintero, más bisoño para enfrascarse con los teclados y ratones de las computadoras.

Loach y Laverty cotejan la burocracia deshumanizadora, en oficinas y por vía telefónica, para cubrir unas gestiones; lo cerrado y desinteresado que son la mayoría de los empleados que atienden, ceñidos a reglas y papeleos, sin mirar a las personas que acuden y los apuros que les ahorcan, o que apenas tienen dinero para el transporte, porque las dependencias gubernamentales tuvieron a bien darles un departamento en lejanos suburbios; o las voces cual si fueran máquinas de quienes contestan las llamadas.

Por ratos, el personaje de “Daniel Blake” (caracterizado por Dave Johns) y el realizador se lo toman con ligereza y aplomo, como si de una cruzada se tratara; pero los obstáculos rebotan y enmarañan sus intenciones (la hechura del currículum, el peregrinar para preguntar por un trabajo).

Junto con esa trama primaria, flotan otras que capturan las tragedias diarias de la gente en ciudades inglesas, igual que en bastantes más del orbe: la explotación de mujeres necesitadas de recursos monetarios, para asociarlas a la prostitución; los empleos “en negro” o “bajo el agua”, para ahorrarse prestaciones; los sobre precios de productos manufacturados en China, y que pueden conseguirse a la mitad si contactas con alguien en aquél país, lo cual hoy día es cosa de niños, y de paso unas ramificaciones deportivas comerciales de la globalización y del futbol.

Espejo retrovisor 3

Con todo, guionista y director hacen vislumbrar áreas positivas, gente cordial, instituciones embarcadas en ayudar al prójimo, sea en los bancos de alimentos, o el encargado de una tienda que comprende por qué alguien roba; o para echar una mano en la computadora u ofrecer un vaso de agua. Le dan un penúltimo aire a la existencia de “Daniel Blake” al encontrarse con una mujer joven y sus dos hijos pequeños a quienes adopta y apuntala, cual si fueran la familia que heredara en su viudez.

Ken Loach apunta con dedo y brazo sin calar en maniqueísmos, con un personaje que no se resquebraja y tiene en alto su dignidad, que se arroja a prescribir sus peticiones en grafiti, en momentánea heroicidad para transeúntes que no osan a dar ese paso; y vemos cómo para estos “delincuentes” la policía acude rauda (a semejanza de cantidad de países.)

Si este fuera el testamento de Loach ‒quien luego de su previa cinta “Jimmy’s Hall” (2014) había anunciado su retiro‒, dejaría el listón muy alto y en lontananza apenas se vislumbra un cineasta que le tome el relevo en sus temáticas. Queda ver con quien más colabora Paul Laverty aparte de su pareja, la española Icíar Bollaín.

“Yo, Daniel Blake”, es de las obras sustantivas que trajo la 62 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional.

LEOPOLDO VILLARELLO CERVANTES. Estudió en el Centro de Capacitación Cinematográfica la carrera de guión y realización cinematográfica. Ha colaborado en distintos medios impresos y electrónicos como el suplemento cultural Arena, del periódico Excélsior. También ha participado en Radio UNAM con textos y recomendaciones para cine y televisión. Imparte el curso de apreciación cinematográfica en el Museo Universitario del Chopo, y uno con el mismo nombre en la FES Acatlán.

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