Espejo Retrovisor: La muerte en el Club 27

noviembre 16, 2015

Por: Redacción

Leopoldo Villarello Cervantes.-

El título “The 27 Club” (El club de 27), alude a los 27 años, edad mágica o maldita en que fallecieron varios rockeros famosos, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison, Kurt Cobain; a los que acompañará Tom Wallace, integrante del grupo Finn.

Road movie existencial, es el viaje que emprende “Elliot” (Joe Anderson), el compañero de “Tom” (James Forgey), para cumplir las últimas voluntades de éste; la crisis que le pega por la muerte de su amigo desde la infancia, el aprendizaje cosechado en el camino; las personas y bondades con quienes se topa.

Historia de una amistad, de sueños materializados por “Tom” y “Elliot”, del cumplido recuerdo que éste obsequiará a su camarada para despedirlo en la iglesia donde un día oraron; del conseguir sobreponerse a tragedias y angustias, librarse de formar parte de ese club, atravesar su pueblo natal, sus memorias y las personas que se quedaron ahí.

El viaje de “Elliot” se intercala con imágenes que hilan lo que vivió con “Tom” desde pequeños, cuando pulsaron sus primeras guitarras, los maltratos y vejaciones del padre de “Tom”, su inclemencia a cuenta de educarlo como hombre, obligarlo a sacrificar a su perro. La disyuntiva de huir del pueblo, ir tras la quimera, abandonar a la cariñosa madre de “Tom”, la anuencia y comprensión de ella ante la represión paterna, el legado de la abuela de “Elliot”.

El desequilibrio emocional de “Elliot” le hace tomar de chofer a un joven pueblerino, para quien la expedición le despejará los ojos y la cabeza hacia un mundo ignoto para él, aproximación a drogas u otros modos para narcotizarse, conocer a una bonita muchacha irlandesa, salvar a “Elliot”, pasear y comer fuera del hogar, repetir su pedido de hamburguesa sin nada; escuchar las canciones de “Finn” y saber quién es el extraño para quien conduce el automóvil.

El destino primario de “Elliot”, su pueblo natal, incidentalmente es Joplin, Missouri; y se extenderá hasta Nueva York, para colmar el periplo, su sobriedad, el homenaje a su gran amigo. La escala en Joplin, se consuma con la extemporánea pero muy sentida visita al panteón, resonancia de la mamá de “Tom”; y antes ver que el padre de éste no ha cambiado, la nostalgia y tristeza con la ex novia; y que en el pueblo “Finn” y “Tom” tienen adolescentes admiradoras.

Como fondo del viaje vuelan las noticias de lo sucedido, el intento de los agentes y representantes de “Finn” por localizar a “Elliot”, el temor de que recaiga o calque a su compañero. Unos pequeños papeles rojos donde Tom anotaba frases, ideas, pensamientos, confinan su sentir, su aprehensión por cumplir los 27.

En esas notas va el mensaje a su padre que éste lee a su pesar, los recuerdos, las entrañas. Elliot los pega a un espejo para acopiar y rescatarlo, y al desprenderlos empaña el estigma.

El penúltimo amigo que hace en el camino denota la señal, la salvación, el descifrar significados, el reencuentro.

Escrita y dirigida por la británica Erica Dunton, “The 27 Club” es un pequeño y más que apreciable filme sobre el sentido de la amistad, la evolución desde sus primeros acordes en kermeses infantiles, ser músicos callejeros, tocar en un bar, presentarse en auditorios.

La personificación de Joe Anderson, con ciertos rasgos de Kurt Cobain, es el factor de relieve, secundado justo por el muchacho que le acompaña (David P. Hemrich), con su ingenuidad al borde; y las actuaciones secundarias: la irlandesa, la mamá de “Tom”, la ex novia, y centro y fuera de cuadro, James Forgey.

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