Espejo Retrovisor: La martirizante persecución religiosa de “Silencio”

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Leopoldo Villarello Cervantes.-

La vena conectada a lo religioso de Martin Scorsese está plasmada en “La última tentación de Cristo” (1988) o “Kundun” (1997), además de rondar en conflictos de sus personajes ‒como el de Nicholas Cage en “Vidas al límite” (Bringin’ out the dead” (1999)‒, por citar uno dentro de su filmografía.

Curiosamente, un sector del público lo ubica más por sus películas de gánsteres “Buenos muchachos” (1990), “Casino” (1995), “Infiltrados” (2006), o por sus más elogiadas obras “Toro Salvaje” (1980) o “Taxi Driver” (1976), cuando su trabajo se ha esparcido por temáticas y divisas más personales, por ejemplo el documental, el rock y la ciudad de Nueva York.

En “Silencio” (Silence, 2016), Scorsese se adentra en los martirios y hostigamiento de unos sacerdotes jesuitas portugueses en el Japón del siglo XVII, para reflexionar en la prohibición en un país de una religión opuesta a la suya; en la sólida fe de quienes habían aceptado el cristianismo y veían una reivindicación y las promesas de un paraíso tras la muerte; en la crueldad y arrestos con que las autoridades niponas sometieron a los sacerdotes; en sus raciocinios lógicos para detener la intrusión de los dogmas europeos. (inquisiciones que han sucedido a lo largo de los tiempos)

La novela de Shûsaku Endô, “Chinmoku”, en que se basa “Silencio”, había sido adaptada para el cine japonés en 1971, dirigida por Masahiro Shinoda, con guión del mismo autor Endô, y fue estrenada en el Festival de Cannes con impactante recibimiento.

La versión de Scorsese, dedicada a los cristianos que padecieron estas persecuciones en Japón, franquea con prontitud, con imágenes alusivas al inicio de nuestra era, las torturas con que eran aplastados los sacerdotes y deja la incógnita de qué pasó con “Ferreira” (Liam Neeson), tras cuyas huellas irán hacia el lejano Oriente sus discípulos “Rodrigues” (Andrew Garfield) y “Garupe” (Adam Driver).

El guión se vale con idoneidad y necesidad de cartas para enfatizar la narración: la última de “Ferreira”, las de “Rodrigues”, y para extractar, las de un comerciante holandés, que tejen la tragedia conclusiva.

“Silencio” se desprende de épica virtuosa, de aventura colonialista loable, para clavarse en la bondad de los pobladores de una aldea para proteger a los sacerdotes; en sus cónclaves; en los conflictos morales de “Rodrigues” y “Garupe” para salvaguardarlos; en el papel clave de un menesteroso “Kichijiro”, con paralelismo con Judas.

Más preponderante, el apuntamiento del silencio; las pruebas para perjurar de sus credos, las inmolaciones; y la sutileza y astucia del inquisidor (un extraordinario personaje interpretado por Issei Ogata), para capturarlos, eliminarlos, evitando instituir más mártires, pero con tormentos y aniquilamiento de largo alcance, destemplanza más duradera.

Espejo retrovisor 2

La fotografía de Rodrigo Prieto y la reproducción de casas, ropajes, emblemas, retraen autenticidad a la época. Las imágenes transmiten la complejidad, las diferencias culturales o entre países, la extenuación, las vacilaciones existenciales aún de quienes no saben tanto de esto, los campesinos, por caso las tomas de pies y los planos generales y reacciones cuando les ordenan pisar las efigies.

Habría visibles y convergentes nexos con “La última tentación de Cristo”, en los cuestionamientos y reafirmaciones de la fe, en el de las conmociones a través del dolor ajeno, en las prerrogativas de cada religión.

Queda la cuestión del idioma inglés que hablan los portugueses y que han aprendido los japoneses, donde se resta algo de esa autenticidad en pro de la producción globalizadora.

LEOPOLDO VILLARELLO CERVANTES. Estudió en el Centro de Capacitación Cinematográfica la carrera de guión y realización cinematográfica. Ha colaborado en distintos medios impresos y electrónicos como el suplemento cultural Arena, del periódico Excélsior. También ha participado en Radio UNAM con textos y recomendaciones para cine y televisión. Imparte el curso de apreciación cinematográfica en el Museo Universitario del Chopo, y uno con el mismo nombre en la FES Acatlán.