Espejo Retrovisor: Jaulas doradas, esclavitudes profesadas

2 Flares 2 Flares ×

Leopoldo Villarello Cervantes.-

Hasta hace unos años, la servidumbre, doncellas, criadas, cocineras y favoritas de los franceses pudientes, eran sobre todo mujeres españolas y portuguesas que habían salido de sus países en tiempos de las dictaduras de Franco y Salazar, en pos de un porvenir mejor, ganar más dinero, ahorrar y en lo posible retornar con el tiempo a sus países y pueblos para comprar o construirse una casita y ahí pasar el resto de sus existencias.

En general estas mujeres, como sus esposos en las industrias donde laboraban, tenían y siguen teniendo muy buena reputación; se acomodaban en las familias que las contrataban,  eran apreciadas y en numerosas ocasiones completaban de nanas de los hijos, los veían crecer y a veces cumplían todo el trayecto con sus patrones.

Eso es algo de la premisa en “La jaula dorada” (La cage dorée, 2013, argumento y dirección de Rubén Alves), producción franco portuguesa en la que se observa en comedia con tintes de melodrama familiar lo que acontece a una pareja de portugueses que llevan más de treinta años en París, ella como portera de un pequeño edificio y él de albañil y ascendido a maestro de obras en una constructora, al recibir una noticia de su tierra.

De inmediato lo ven de adelanto a sus sueños, pero les entra la disyuntiva personal: se sienten arraigados a suelo galo, sus hijos han nacido y crecido ahí y son más franceses que portugueses; además sufren por tener que abandonar su casita, sus rutinas, a sus jefes, porque se han hecho indispensables tanto éstos como para la comunidad, vecinos y parientes, y son en extremo diligentes, generosos.

Esto se establece en la secuencia inicial, cuando ella, “María” (Rita Blanco, atinada selección del director, metida en su papel y semblante) regresa del mercado y todos le saludan y sonríen, y al salir él, “José” (Joaquim De Almeida, (conducente en un papel disímil a los que se le conoce) camina hacia su trabajo, o en las asistencias gratuitas que ambos hacen a los propietarios de los departamentos en el edificio.

El fondo del argumento es el egoísmo de todos a su alrededor para evitar que se vayan. La noticia de lo que han recibido vuela, en el habitual cuchicheo que se resuelve ágil en cuadro, y en trámites expeditivos las peticiones que llevaban años pidiendo se les hacen efectivas: aumentos de sueldo, ampliaciones a la portería, ascensos, mejores tratos, favores

Los disimulos y falsedades surgen igual de la familia, la hermana de ella que antepone sus necesidades e inventa una enfermedad; y los hijos, más el adolescente, que creen se troza su futuro, que son como tantos que ya se creen franceses y de primer mundo y regresar a su tierra lo ven como retroceso.

Es divertido el miedo el temor que les entra a los dueños del edificio al especular qué será de ellos con una portera rumana, los nuevos inmigrantes; y darse cuenta lo que están por perder, lo mismo que aqueja al dueño de la constructora, “Francis” (Roland Giraud).

Los gags rutilantes vienen de parte de la esposa de éste, “Solange”, (Chantal Lauby, graciosísima), y en farsa el desquite de la pareja portuguesa contra la señora que planeaba triunfar en un concurso con su jardín. Y un papel determinante, con el salero y oportunidad es “Rosa” (María Vieira),  cocinera de la familia rica, amiga de “María” y portuguesa de pies a cabeza.

El dilema de “María” y “José”, apropiados nombres, se salda al enterarse  que su secreto lo sabe medio París. El director Alves regula los cambios de pensar, encamina la bondad de la pareja y propone sentencias de viejo cuño, que la esposa ha de seguir al marido, unidos hasta la muerte y demás; y en una trama secundaria con la hija y su novio, pone a éstos en un local portugués, con un fado nostálgico a dar un vuelco al desenlace.

“La jaula dorada” es una dedicatoria del director Rubén Alves a sus padres y a tantos como la pareja de “María” y “José” que tuvieron que emigrar por necesidad, a su aguante, su tesón, a su buen trato. Y con justeza atina en sus finales, sin pérdidas o renuncias y con chistes en los créditos para completar lo no dicho.

(La trama de “La jaula dorada” y su significado adicional tendrían bastantes similitudes cambiando de continente, o bien queda para mexicanos y centroamericanos que migran a Estados Unidos; claro, los trabajadores y afanosos, los que viven con una familia o encuentran patrones bondadosos, viven por décadas allá y planean regresar. Hasta sería factible un remake de los que acostumbran en la industria cinematográfica hollywoodense).

Post relacionados