Espejo retrovisor: Horas y días perdidos

octubre 21, 2018

Por: Redacción

Tres historias en tres metrópolis con uno de los graves problemas en nuestros tiempos, la enorme distancia a recorrer del hogar al empleo, las horas y días perdidos en esos trayectos, las secuelas que acarrean, dan el trasfondo de Rush Hour (2017), documental de la argentina-mexicana Luciana Kaplan.

Urbes de diversos niveles económicos, culturales, religiosos, aquejadas por síntomas análogos que a diario pegan en sus habitantes, Estambul, México y Los Ángeles, se encuentran entre las más enmarañadas en el mundo en cuestiones de tránsito vehicular, contaminación ambiental por transporte, número de habitantes.

A la directora le preocupan más los personajes que las estadísticas, lo individual como muestra de lo que sobrelleva la colectividad. Dos de sus tres sujetos son mujeres, pero también el tercer caso atañe a la esposa, quien resiente la ausencia del marido y los efectos en su convivencia. El teléfono celular reemplaza la cercanía corporal, se trueca en el instrumento indispensable para estar en contacto con sus familiares, escucharles; reducida esa posibilidad en el caso mexicano.

Intercala los dramas, acompaña a sus personajes, se inmiscuye en su diario ir y venir, sea atravesar el Bósforo, el área metropolitana de la Ciudad de México, los suburbios de la ciudad californiana; les deja contar sus vivencias sin necesidad de entrevistarlos o que hablen a cámara; anda con ellos en sus trabajos, sin interrumpirlos o entrometerse; atestigua conversaciones con amigos o clientes donde es rutinario compartir problemas equivalentes al de sus compañeras, derivados de trabajar en un lugar lejano a donde habitan.

El documental registra lo suficiente de los tumultos en el Metro, las extensas filas de automóviles detenidos, lo lento del avance vehicular, para captar las vivencias de a diario. Avista el entorno de donde viven, las conocidas causas por las que residen en el extrarradio. La gente paga con su desgaste emocional e interno por las fallas de planificación, de políticas urbanistas, de centralización de empresas y servicios, agigantamiento excesivo.

Con las dos madres de familia, se patentiza lo restringido del tiempo para dedicar a sus hijos, que regresen solos de la escuela, tengan que irse a casa de vecinos; faltar a juntas, enterarse tardíamente. Al contexto mexicano acrecienta por los peligros de salir de madrugada o retornar avanzada la noche.

Rush Hour escruta en directo el detrimento en la calidad de vida, la ilusión de conseguir nuevo empleo en inmediaciones a sus viviendas; el desencanto por la falta de permiso laboral para irse temprano; la esperanza que venga el fin de semana, si el horario es de lunes a viernes; con la secuencia del hombre que opta por rentar habitación en un hotel a manera de infortunio mayúsculo extra ante el agotamiento.

Expedición a tres ciudades, donde los dramas se multiplicarían por el número de personas apresuradas por entrar al metro, o quienes van en autobuses durmiendo, aguantando la lenta marcha, o los que van en sus automóviles, cambian de estación de radio y miran caminar las manecillas del reloj más rápido que los cientos de vehículos adelante y atrás de ellos.

Por: Leopoldo Villarelo Cervantes

Estudió en el Centro de Capacitación Cinematográfica la carrera de guión y realización cinematográfica. Ha colaborado en distintos medios impresos y electrónicos como el suplemento cultural Arena, del periódico Excélsior. También ha participado en Radio UNAM con textos y recomendaciones para cine y televisión. Imparte el curso de apreciación cinematográfica en el Museo Universitario del Chopo, y uno con el mismo nombre en la FES Acatlán.

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