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Espejo retrovisor: Goebbeles y Lída Baarová

junio 4, 2018

Por: Redacción

Sobre la actriz checa Lída Baarová (1914-2000), se han producido varios documentales, incluido un cortometraje donde ella misma es grabada en su edad mayor Sladke horkosti Lidy Baarove (Los recuerdos agridulces de Lída Baarová, 1995) y Zkása krasou (2016) en que se recorre su biografía.

Una película reciente realizada recientemente en su país, Lída Baarová (2016, dirigida por Filip Renc), retitulada con exageración en inglés The devil mistress (La amante del diablo), aborda la fase de su vida desde 1934 cuando era la actriz más popular en su terruño e incitada por Milos Havel, propietario de los Estudios Barrandov, se traslada a Berlín para integrarse a la todavía poderosa industria cinematográfica germana.

De un prólogo donde la vemos en Praga, se pasa al año 2000, cuando con más de ochenta años, en Salzburgo, donde fallecería solitaria, una documentalista la entrevista. Su voz en off acompañará su narración, con retornos al presente, a su cenicero lleno, el cigarrillo en la mano, la copa de vino.

Baarová sentía iba a ser la última vez que contaba su travesía. Se hizo actriz más por deseos maternos, en la frecuente tradición de las mamás que cumplen sus deseos de gloria a través de las hijas, a quienes estimulan y cohabitan sus triunfos y acciones. Para subrayarlo, hay escenas donde vemos a la mamá en un rodaje, repitiendo los diálogos que su niña recita frente a la cámara.

Imágenes de archivo y en ‘back projection’ al arribar a Berlín, muestran aquella capital europea. El filme la acompaña en sus pasos desmañados en la UFA, las burlas porque su dicción en alemán era fallida, el adiestramiento para mejorarla e impresionar a la gente en el estudio (curiosamente, el director de la cinta en rodaje se llama Paul Verhoeven), así desde su entrada influya su belleza.

Baarová logra triunfar en su primera intervención al lado de la estrella masculina del momento Gustav Fröhlich. Su alza viene de la mano del enamoramiento mutuo; el día que Hitler fue al estudio y le gustó, el espaldarazo cuando la recibió, con fondo de música de Wagner.

Vendrá el encuentro con Joseph Goebbels, el intercambio de miradas, que mutará su existencia para el resto de sus días. Las premieres, con autoridades, uniformes y pendones con suástica. Se muestra el poder y control de Goebbels, lo usual del cortejo a las actrices, abusivo a veces, la reticencia de ella en principio.

Esta producción de alta categoría, apego en lo posible a hechos verídicos, ambientación pulida, en interiores, accesorios, vestuarios, en edificios y actos del partido Nazi, reproduce la época hitleriana a mediados del 1930; se adentra en la manera que Goebbels le fue ganando la partida a Fröhlich, por los líos para divorciarse de éste, e igual por su personalidad, por sus discursos (la escena en que ella lo mira, hipnotizada), sus halagos, galanterías, sin pesar su deformidad en el pie y tener un físico menos agraciado.

Los éxitos traerán las ofertas de Hollywood para Baarova, la pesca de los productores estadounidenses, la oportunidad de salir de Alemania, lo que le aconsejan la mayoría (la estación de trenes, el reloj, la duda si lo hará). El guión incide en que tanto su familia, amistades en Checoeslovaquia, le avisaban que anduviera con cuidado (y en el presente, la entrevistadora la acusa), en lo que concebían los dirigentes nazis. Las represiones que ella tuvo a la vista.

La clave intrínseca en Lída Baalová es su pasión con Goebbels, con escenas del ardor mutuo, lo que se sembró entre ellos, los celos de Magda, la esposa, reconvertidos en aquiescencia (por el bienestar de la patria, de los ideales de Goebbels), pero hasta cierto punto, a no cruzar líneas divisorias, una era amante y la otra esposa, cada cual en su lugar definido.

Enfila la tragedia para Baalová, a la potestad de Hitler por encima de Goebbels, a lo que ella pagaría con creces por su amorío hasta más de medio siglo después. Al descenso en su carrera, en ejemplo de que productores y mandos con una orden pueden acabar y destruir actores, desaparecer películas, inventar nuevos.

Alcanza para reproducir su fuga con grado peliculesco (gracias al actor que estaba enamorado de ella), atestiguar vicisitudes posteriores, pujas por la subsistencia en Checoslovaquia, el recibimiento y acusaciones, unas pocas películas; y en la posguerra, lo que pegó a quienes fueron colaboracionistas o tuvieron cercanía a los nazis. Sus paisanos y los ejércitos aliados la encarcelarían; el resumen de esas fechas grises está marcado por la vestimenta, revanchas, y la tensión a punto de ajusticiarla, el enojo de su ejecutor.

A Lída Baarová le marcaría por siempre el fardo de haber sido amante reconocida de Joseph Goebbels. A la conclusión, más que penitencia ella acepta que “no vale la pena mencionar cómo siguieron las cosas”; se entiende lo que llevó a la entrevistadora a hablar con ella, la venganza, la condena prematura; acepta que las cosas no son lo que parecen a primera vista, y que su castigo pesará más que su culpa; suplemento a las palabras de Baarová, “las historias nunca cuentan la verdad. Hay detalles que se añaden y otros que se dejan de lado”, más que apropiadas para el cine.

Sus años de fama se desvanecerían. Su carrera pernoctaría en Italia (actuó en I vitelloni, de Fellini) y en España en los años 1950.

Las dos actrices, la atractiva Tatiana Pauhofová cuando joven, Zdenka Procházková (con aires a Vanessa Redgrave) a los ochenta, aportan oscilaciones y desasosiegos transitados por su personaje. Viktar Preiss duplica facetas del Goebbels seductor, sibilino, y del apocado ante su esposa y el Führer.

Por: Leopoldo Villarelo Cervantes

Estudió en el Centro de Capacitación Cinematográfica la carrera de guión y realización cinematográfica. Ha colaborado en distintos medios impresos y electrónicos como el suplemento cultural Arena, del periódico Excélsior. También ha participado en Radio UNAM con textos y recomendaciones para cine y televisión. Imparte el curso de apreciación cinematográfica en el Museo Universitario del Chopo, y uno con el mismo nombre en la FES Acatlán.

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