Espejo retrovisor: En el cine, Andrés Ibáñez Díaz-Infante sacude las penas

marzo 22, 2019

Escrito por: Leopoldo Villarelo Cervantes

Va para un año que se estrenó sin tanta fortuna en cartelera Sacúdete las penas (2018), largometraje de ficción, debut del publicista, premiado videoclipero, originario de San Luis Potosí, Andrés Ibáñez Díaz-Infante.

Hasta ahora pude pescar este drama fantasía carcelaria, donde el baile es el núcleo. Situado entre la década del 50, cuando estos temas eran de los frecuentes en cintas producidas en esa época.

Narrado por ‘García’ (Arturo Barba), un recién ingresado a la cárcel a quien ‘González’ (Gustavo Sánchez Parra), viejo presidiario, le cuenta la historia de un recluso que cayó en el mismo penal y era bailarín, ‘Pepe Frituras’ (Emanuel Orenday) de protagonista, danzarín de barriada, asiduo a los salones de baile con su vestuario elegante, traje blanco, chaleco, zapatos de dos colores.

Intento desigual o en plan posmoderno, de reproducir época (con solo un, excelso, vehículo) y música que se bailaba hace más de medio siglo; las coreografías tienen más semejanza programas de televisión actuales o a Dirty Dancing que a los sabrosos danzones y chachachás que veíamos: el recinto donde asiste el Frituras tiene más pinta de los salones estadounidenses donde la gente se menea al ritmo del swing y las bandas.

El infatuar de galán del Frituras le complican la existencia y le llevan a morder el anzuelo que lo encerrará. El resto será su paso por la cárcel, su educación, donde, en similitud a García años más tarde, tendrá un violento recibimiento, hasta que uno de los líderes, la Bestia (Hernán Mendoza, con acento cubano) lo toma bajo su manto. (Y tendrá su sentido metafórico los dos papeles breves asignados a Fernanda Castillo).

La vida en la cárcel de Lecumberri se reproduce en lo alcanzable (lejos de El apando o de la reciente La 4ta Compañía), celdas, patios, pasillos; con el villano en turno, ‘Chávez’ (Roberto Sosa, creíble en su crueldad), desquitando su furia por su baja estatura, golpeando, amenazando, con el control en su tolete. Ciertamente, el número de prisioneros se ve reducido, escasas las pandillas dentro y los vigilantes.

Con los jefes de la prisión, el director Ibáñez infiltra la noción que era puesto político, escalón para ascender al Departamento del Distrito Federal (DDF), a quedar bien con su superior, el procurador, y al contraste con la tranquilidad hogareña.

La trama se inclina al ficticio enamoramiento de ‘Luisa’ (Melissa Barrera), la hija del director del penal, por el Frituras, al acomodamiento de la suerte a favor de éste. Da para especular si en el llamado Palacio Negro de Lecumberri, mediante sobornos y pagos a vigilantes, consintieran clases de baile, y al poco las facilidades para que el Frituras le saque jugo a su oficio de elaborar churros azucarados, organizado en un montaje rítmico.

Se puede uno encaminar en la probabilidad del capricho de ‘Luisa’, de que les cedieran una habitación para ensayar, sin presiones ni vigilancia, hasta cuando ‘Chávez’ la amedrenta.

En otro apunte, el peinado del Frituras, copete abundante bajando a la parte derecha de su frente, así como algunos pasos y ademanes, se adivina un duplicado de Roberto Cobo en algunos papeles secundarios o de cuadro, donde era bailarín, y se complementa con el personaje del travesti La Pirrus (Carlos Valencia), en sus desplantes, y cuando saltan en pareja a danzar.

La trama carcelaria tiene su base álgida y gráfica cuando un evento para lucirse ante los jefazos, es tumbado por ‘Chávez’ y sus huestes; los presos se rebelan, las reglas se endurecen; y el escarmiento de Chávez contra La Bestia (con una estimable escena del aprecio que le tenían sus secuaces).

El giro cargado para descifrar las motivaciones de ‘González’ al narrar la historia lo describirá su escucha y discípulo ‘García’; es preparado y sellado en la secuencia antes del concurso de baile, una vez más con ‘Chávez’ de malvado frustrado, tratando de arruinar el lucimiento del Frituras, y la escena rozando el ensueño antes de la oscuridad.

Sacúdete las penas queda a deber en la fase bailable, su visión de Lecumberri es menguada; si no fuera por las torres y fragmentos de la construcción podría caber la creencia de cualquier prisión. El Frituras merecería mejor suerte.

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