Espejo Retrovisor: El reencuentro filial de “Nebraska”

octubre 16, 2015

Por: Redacción

Leopoldo Villarello Cervantes.-

“Nebraska” (2013) fue el sexto largometraje de Alexander Payne (“Citizen Ruth”, “Election”, “Los descendientes”, “Entre copas”, “About Schmidt”), cineasta de corte independiente, de producciones pequeñas aunque avalado por los estudios grandes y con actores prestigiosos para apuntalarlo.

“Nebraska” estuvo nominado a seis premios Oscar y cinco Globos de Oro, entre ellos por el guión de Bob Nelson, actor principal Bruce Dern, actriz secundaria Jane Squibb, a mejor película y Payne como director.

La excelente fotografía en blanco y negro de Phaedon Papamichael obtuvo nominación al Oscar por captar la esencia de las planicies del Medio Oeste norteamericano en composiciones entonadas para la pantalla ancha, los caminos, pueblos y sus moradores, cual cuadros de épocas precedentes.

El blanco y negro es apropiado al road movie de tintura existencialista, de la falsa creencia del anciano Woody Grant (Bruce Dern), de haber obtenido un premio de un millón de dólares, dinero con el cual anhela comprar objetos anhelados desde hace años.

Por “Nebraska” corren afinidades con “The Straight Story” (1999), cinta imprescindible en la filmografía de David Lynch. Las carreteras, la figura de Richard Farnsworth, circulan  cercanas a las recorridas por Woody y su hijo David (apreciable papel dramático para Will Forté, comediante del “Saturday Night Live”).

El viaje vale de reencuentro filial, de aprecio del hijo por su progenitor, cumplirle un último deseo, impedir que vague solo y se extravíe, deambulando por la carretera en su aferramiento de recoger el premio que dice haberse ganado.

El trayecto los conduce a su pueblo natal, a una visita no planeada, una vuelta al pasado no premeditada con pecados y conflictos arrumbados hasta ese momento. A deudas, monetarias y emocionales ignoradas; a tentativas de lucro de familiares, ex amigos y conocidos al tragarse que de veras es millonario; a burlas por haber ocupado días en un recorrido que otros harían en horas; pasar de posible primera plana en el periódico del pueblo a hazmerreir.

Alexander Payne explora la manera de ser de algunos pueblerinos en esas zonas, cuando aflora lo peor de muchos, sus comportamientos, la vida simple que llevan y que genera alcoholismo, soledad; los lugares donde se reúnen, el bar, el restaurante; cómo ven, reciben o recuerdan a quienes han emigrado.

De notar la presentación de Peg (Angela McEwan) la novia cuando adolescente de Woody, con los subjuntivos y fricciones por lo cual lo “ganó” su esposa; de lo que va enterándose David con las horas, acerca de su madre, o las rusticidades de ésta en el cementerio, frente a las tumbas.

Las caracterizaciones son de nivel alto, más a destacar la de Bruce Dern en un papel que se merecía hace años, seguida por la Forté, y los personajes secundarios, la vieja esposa (June Squibb), el amigo (Stacey Keach), los insoportables primos gemelos.

La comprensión del hijo, el regalo que le convida al papá en la secuencia de despedida, componen una agraciada visión de ese Estados Unidos interior y alejado de las urbes; esos metros y calle con Woody al volante de su nueva camioneta, son de una belleza emocional y visual, conjuntada con la mirada y despedida de sus viejos conocidos del pueblo y más vehemente la de Peg, con quien acaso debió haberse casado.

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