Espejo Retrovisor: El plagio frustrado de un hombre ideal

enero 8, 2016

Por: Redacción

Leopoldo Villarello Cervantes.-

“Un hombre ideal” (Un homme ideal, 2014) es de los filmes exhibidos en el 19 Tour de cine francés inaugurado en septiembre del año pasado en la Ciudad de México.

Segundo largometraje de Yann Gozlan, entra a la materia de la usurpación, del plagio de obras literarias, del bloqueo frente a la página en blanco o la inefectividad para escribir, de las aspiraciones por sobresalir, o de saltar del anonimato.

Se matricula, con desiguales registros, en rutas del posicionamiento de escritores o aspirantes a, que de improviso se topan con la obra que les encaramará hacia la cumbre, que les hará obtener lo ambicionado: dinero, una bella mujer, celebridad.

Entra algo del mundo editorial y su administración (más por teléfono), el trato que rinden a los noveles y a quienes auguran éxito y ganancias, y en adelante con los anticipos monetarios, con la presión que ejercen encima del escritor, y las excusas de éste, que originan sospechas de infidelidades en “Alice” (Ann Girardot), la novia.

“Mathieu” es el pobre diablo, encarnado por Pierre Niney, a quien el azar y su empleo de mudanzas le ponen en bandeja documentos y papeles que volcarán su devenir. Yann Gozlan define su inefectividad como escritor y sus desaciertos ante los rechazos de las editoriales, para luego calar su inefectividad ante el teclado, que persistirá por años, y la determinación de desvalijar a un ausente de sus palabras y vivencias.

“Un hombre ideal” vadea el thriller de falsedades, de la imposibilidad de salir avante de la telaraña que urdió “Mathieu” y lo aprisiona; su aferrarse a los beneficios del éxito ante las evidencias en su contra. En “Mathieu” va la redoblada historia del infortunado y trepador que se hundirá por sí sólo, que en su torpeza y aprensiones a ser desenmascarado se precipita.

En el guión de Gozlan vuela algo del aventajado Claude Chabrol, pero las resoluciones que da a “Mathieu” le descaminan; lo del chantajista, o las sospechas aptas y la eliminación de “Stanislas” (Thibault Vinçon), uno de los personajes mejor cuadrados por el director, quien desde el saludo escruta que “Mathieu” esconde algo. Y el cierre con su cola de melodrama.

Por más que “Mathieu” remiende sus coartadas, estudie y se documente respecto a la Guerra de Argelia y entrevistas con escritores, para tener respuestas y cultivarse, es fehaciente su incapacidad para armar una historia, o atrapar al espectador, lo prueba el comentario severo de su novia, a la novela que le da a leer sin decirle quién es el autor. De ahí que brinque la facilidad con que organiza el choque y deshacerse del chantajista. Y el director Gozlan deja fuera la investigación policial, cuando el suspense iba encarrilado.

La suerte de moraleja es el desbloqueo, la oleada de ideas al dejar de fingir y crear por sí mismo el fluir de la sinceridad. La nueva novela será personal, hallará a destiempo su voz, lo que le faltaba.

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