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Espejo Retrovisor: El microcosmos migrante de “En Jackson Heights”

agosto 5, 2016

Por: Redacción

Leopoldo Villarello Cervantes.-

Los casi doscientos minutos que dura “En Jackson Heights” (In Jackson Heights, 2014) se van ligeros. El documental del veterano Frederick Wiseman es una crónica múltiple con eje en las calles 72 y 82, esquina con avenida Roosevelt en este barrio de Queens, en Nueva York. Una visita a lo que se anida dentro de esas cuadras y manzanas donde se hablan 197 lenguas y cohabita gente de casi todos los rincones del orbe, lo cual es un orgullo y algo de lo que les hace especial.

Wiseman observa y se inmiscuye en problemas y rutinas, en reuniones y tertulias, sin voz en off, como un asistente más a los locales donde se llevan a cabo, al pendiente de lo que acontece en su colonia, a los viejos vecinos o a los nuevos  emigrantes latinoamericanos y de otras comunidades; y los preparativos para el desfile del orgullo gay, uno de sus emblemas, pues ahí fue donde iniciaron estos eventos y aprendemos de dónde proviene. Y la música que se escucha, sea afuera de un restaurante con mujeres mariachis entonando “Volver, volver”, o en un festejo con bocinas a alto volumen, y en pequeño consistorio tocando guitarra a las puertas de un edificio.

La cámara se hace eco de alocuciones de un racimo de gente mayor gay acerca de los beneficios de proseguir sus convivencias en esa sinagoga que amablemente les prestan, o mudarse; y en otro lugar un grupo de transexuales y transgénero bregando por sus derechos, por la discriminación de que aún son víctimas. Sin que las cuestiones gay sean lo sustantivo, sí Wiseman les dispensa  buenos minutos, menos que a los colombianos, acaso por ser ésta la colectividad más numerosa o la más vistosa y ruidosa ante las victorias de su selección de futbol en el mundial de 2014.

Un registro significativo está en un programa de apoyo a inmigrantes, Make Road to New York, donde ayudan a los recién llegados, les informan, ven por ellos en lo posible. Entre esas paredes se escucha una epopeya en tris de tragedia por boca de una señora de Morelos cuando arregló traer a Estados Unidos a su hija y lo que está resistió en el desierto; instantes de impacto, digno testimonio para un guión y de más trascendencia que recientes películas del tema.

Se avistan conflictos graves, usuales en estos tiempos de rapiña inmobiliaria con material para novela negra, de comerciantes y pequeñas empresas a las que echarán de sus inmuebles en cuanto se venzan contratos para subir rentas y renovar o reconstruir edificios para albergar compañías grandes.

Pero también hay tiempo para escuchar conversaciones nostálgico-históricas de unas viejecitas en tanto tejen y meriendan, de cementerios y entierros en el viejo Nueva York, o cotillear de los actores que admiraban y oír anécdotas de Tyron Power y César Romero y cuando varios de ellos eran gay y lo escondían. Y un aleccionador segmento con sabor agradable viene en una clase para taxistas, el aula llena de indios, pakistaníes, nepalíes, vietnamitas y semejantes, y el profesor enseñándoles trucos para moverse en la urbe neoyorquina.

El recuento de Wiseman va donde los concejales del Distrito y las quejas que reciben en sus oficinas, y se detiene en el mal trato a trabajadores, a enterarse de primera mano las excusas para correr a un señor de su empleo, o lo común de hacerlos trabajar horas extras sin pago y tener a sus trabajadores sin contrato, a veces por sus propios compatriotas. Tan deplorable como que sus representantes ante el Congreso de Estados Unidos o en su país, son corruptos, se desinteresan de ellos, excepto cuando las votaciones.

El documental pasea por banquetas y restaurantes, las tiendas sobrevivientes y el mercado de agricultores, los edificios para clase media en buenas condiciones, el metro traqueteando por encima, los nombres de las calles, y estas de noche. Wiseman ahorra comentarios; las voces de la gente, sus acciones, son explícitas y exponenciales, como los integrantes del desfile, el concejal sumado a la festividad. Los colombianos vitoreando un gol en pantallas gigantes. Celebrando.

Jackson Heights, pequeño mundo dentro del universo de Nueva York donde convergen emigrantes y estadounidenses, judíos, musulmanes, católicos, protestantes, en igualdad en todo sentido. A kilómetros de los sitios turísticos visitados, de la muralla de Wall Street donde se mueven los dineros y se catapultan declives financieros. Lugar aún no de moda, por suerte, como Brooklyn, pero a la vista para explotarlo por grandes compañías para posesionar sus tiendas y de jóvenes, artistas, futuros famosos, para anidar inmuebles existentes y los en construcción.

Frederic Wiseman en su crónica de Jackson Heights, tiene conciencia que ese refugio vibra, resiste, e indubitablemente está en riesgo de perder la identidad que le ha sostenido, su multiplicidad étnica, sus pequeñas tiendas, su pasado y su porvenir.

“En Jackson Heights” forma parte del 36 Foro Internacional de la Cineteca Nacional, que comenzará una gira por diversas ciudades al interior de la República Mexicana.

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