Espejo Retrovisor: El “Búmeran” de oscuros recuerdos

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Leopoldo Villarello Cervantes.-

Dentro del 20° Tour de Cine Francés, que consta de siete largometrajes igual que en recientes años, se proyecta “Búmeran” (Bumerang, 2014), un drama que asciende al paso del descifrar el infortunado percance de treinta años antes en un pueblo costero de Francia.

Tiene más de un sentido que el lugar se encuentre junto al mar, porque será una de las causas de ese accidente que el papá “Charles” (Wladimir Yordanoff) y la abuela “Blanche” (un papel sibilino para Bulle Ogier) desean se olvide, se pierda en la desmemoria, se evapore cual si hubiera sido una neblina sombría que descendió y se fue.

Otro accidente, por falta de precaución de “Antoine” (Laurent Laffitte) al manejar, es el desencadenante de que se le meta en la cabeza averiguar qué sucedió realmente a su madre (Gabrielle Atger), y por qué su crisis para enfrentarse con su padre y hablar, adjuntada por su psicoanalista a una retentiva escondida.

El guión del director François Favrat, adaptado de la novela de Tatiana de Rostay, empieza por el segundo accidente para ir juntando las piezas de ese rompecabezas que hasta hacía poco tiempo estaba en el abandono y fuera de debates. La película habla de madres buenas de verdad y de otras quienes dicen serlo y extienden sus garras bajo los modales finos para velar por su vástago.

Lo que por ratos se desfigura como una necedad de “Antoine”, adquiere solidez en trancos intermitentes, coligado a la falta de respuestas por quienes estuvieron el día del incidente, o el silencio paterno, eludir la discusión, echar mentiras para cerrar.

“Búmeran” se impregna del ansia detectivesca de “Antoine”, a contracorriente de su parentela y la hermana “Agathe” (Mélanie Laurent) a quien unen esos hechos y ahora le separan. Participamos de las pequeñas casualidades que para otras personas serían fútiles, y a ellos les instigan. Un nombre, Jean, y sus connotaciones, prenden la insistencia, azuzan más resonancias de ese pasado empolvado en las cerebros de los hermanos.

Favrat recurre a flashbacks para estar dentro de lo observado por “Agathe” cuando niña, y poco a poco rehíla. El drama materno envuelve una pasión que aún en los 1980 era señalada por la sociedad, acusada por los muy conservadores o la gente mayor. Para alinear con esa confidencia, hay un símil en el presente, quizá el mismo gen en la hija de Antoine.

La gravedad de lo acontecido, se aligera con el ordenamiento en el derrumbe que avecinaba sobre “Antoine”, el conocer a una amable forense que levanta su pesimismo, que en pocas frases devela una tragedia mayúscula que la indujo a su profesión.

El aseado quehacer de Favrat dirime las duras conmociones para una Nochebuena, entre los regalos navideños. Pero guarda piezas de mayor calado en la noticia impensada sobre la abuela, en la culpa implícita de “Antoine”, o en el justo castigo donado por el destino, y las palabras expresadas por “Agathe”.

El “Búmeran” del título gira para reintegrar a la mamá ausente a su posición, al reacomodo del entorno, a preservar esas imágenes tomadas en la playa, la vuelta a esa fase saltada de la infancia que les borraron de sus mentes.

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