Espejo Retrovisor: Corrupción en la política en El hombre de las mil caras

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El hombre de las mil caras (2017) fue una de las películas españolas más nominadas en diversos renglones para los premios entregados este año y a finales del 2016, desde su estreno en septiembre durante el Festival Internacional de Cine de San Sebastian, donde el director Alberto Rodríguez obtuvo el Premio Feroz Zinemaldia y Eduard Fernández la Concha de Plata al protagonista masculino.

El hombre de las mil caras reproduce con fragmentos diestros, claridad y firmeza lo que fue uno de los escándalos mayúsculos en la política de España en la década del 1990: el del Ministro del Interior Luis Roldán (aquí encarnado con infalibilidad por Carlos Santos), acusado de corrupción, quien escapó en primera instancia y salió del país con su esposa. Este affaire sería una de las causas de la debacle del Partido Socialista en el poder y su derrota en las siguientes elecciones.

El guión de Alberto Rodríguez y Rafael Cobos narra con eficacia los antecedentes y el papel jugado por Francisco Paesa (el papel de Eduard Fernández) en éste y otros embrollos donde lo requirieron los socialistas, como los relacionados con ETA; el olvido en que se le sumió, su descenso hasta el punto de ruina, su resurgimiento.

El hombre de las mil caras alude a los ardides, estratagemas y controles de Paesa para inversiones oscuras o para reparar situaciones deshonestas, felonías, cuestiones oscuras dentro de la política, de las cuales nadie, y menos de alto nivel, desea saber, o se lavan las manos y le avientan el “cuete”; así luego lo desconozcan o nieguen haberlo encargado o siquiera conocerle.

La narración es a través de uno de sus compinches, Jesús Camoes (interpretado por José Coronado), desde la culminación del caso Roldán y la penúltima ocasión en que supo de Paesa, para ir escarbando en la necesidad que tenían de él en parcelas del Gobierno, en que gente como Roldán sabía quién podría salvarle de la inminente captura, y cuidar sus millones de pesetas mal habidas.

El hombre de las mil caras

Al espectador se le adentra en los arreglos entre Paesa y Roldán, las escalonadas indicaciones de sus movimientos; con el fondo del destape de la inculpación y corrupción, la búsqueda emprendida por la justicia española, la alharaca subsecuente; imágenes noticiosas de aquellos días.

El hombre de las mil caras se desenvuelve ágil por dos columnas con Camoes en la voz guía, por donde avistamos los entramados que confeccionan estos tipos audaces para lavar dinero, moverlo de un lugar a otro, comprar, vender propiedades; sus tretas casi mágicas para esconder a Roldán y luego desaparecerlo, sin que nadie sepa su paradero.

Sin que se mencione, es fehaciente que Paesa salva ineptitudes y aturdimientos de sus cómplices; esquiva su mala racha; es el único que sabe las cartas que juegan; se reinserta con el nuevo Ministro, explota sus ambiciones políticas y de paso se desquita del sistema. Le hace de titiritero.

El director Alberto Rodríguez salta de tiempo y país sin perder hebra (cuando la sobrina cambia el dinero de banco); sostiene los suspensos de lo que será de Roldán y su patrimonio, o dónde se metió Paesa; dejará para los finales las aclaraciones, lo que fue calibrando éste; cómo fue borrando cabos sueltos, por instantes con montaje en acelere posmoderno a lo Guy Ritchie, y sentencias en remisión a “El Padrino”.

El Caso Roldán da para aprender de las habilidades de Francisco Paesa; o de la información que guardan esos corruptos (con equivalencias a los de nuestro país que andan a salto de mata) en un maletín como salvaguarda in extremis, aquí utilizado en capa del MacGuffin Hitchcockiano; o para atestiguar las contrariedades y encierros en que malviven, sin familia, entre cuatro paredes, en vías suicidas, y lo que les depara la vuelta a casa y patria.

Por: LEOPOLDO VILLARELLO CERVANTES. Estudió en el Centro de Capacitación Cinematográfica la carrera de guión y realización cinematográfica. Ha colaborado en distintos medios impresos y electrónicos como el suplemento cultural Arena, del periódico Excélsior. También ha participado en Radio UNAM con textos y recomendaciones para cine y televisión. Imparte el curso de apreciación cinematográfica en el Museo Universitario del Chopo, y uno con el mismo nombre en la FES Acatlán.