Espejo retrovisor: Cine chino Ten Years

febrero 22, 2019

Algo de lo que nos llega de la cinematografía china reciente da razones para comprender porque leemos noticias de películas que las autoridades obstaculizan, dificultan su exhibición fuera de su país; o realizadores a quienes se les impide llevar su obra a festivales externos. Consideran que van en contra de la imagen que pretenden mostrar.

Es el caso de Ten Years (2015), que consiste en cinco historias en un futuro cercano, 2025, de las cuales al menos cuatro son embestidas contra la situación que se vive en Hong Kong de parte de las autoridades comunistas chinas; algo de las problemáticas heredadas desde que Inglaterra regresó esa región a China en 1987 y los acuerdos que permiten libertades, ser una zona especial dentro de la gigantesca nación, y que en unos años se revise de nuevo su situación.

Los directores Zune Kwok (Extras), Fei-Pang Wong (Season of the End), Jevons Au (Dialect), Chow Kwun-Wai (Self Inmolator), Ka Leung Ng (Local Egg), pintan una distopia sombría a la vuelta de la esquina, incertidumbres próximas, ordenanzas y leyes represoras. Las frases que se anotan previas a los créditos finales son fruto de esas inquietudes, prevenciones de lo que se ha vivido en otros continentes, o lo que auguraba Bertold Brecht ante el nazismo y los agentes que tocaban a la puerta.

Extras es directamente política. Thriller breve y duro. Dos hombres ensayan cómo llevar a cabo el asesinato que les encargan. Están a la espera de órdenes superiores sobre quién será la víctima, lo que les han prometido. En paralelo vemos a la camarilla que lo decidirá, entre ellos jefes policiales; en tanto unos diputados entregan bolsas de arroz, con su nombre, son obsequios para una comunidad de bajos recursos.

Por un lado, está la crisis del joven elegido para jalar el gatillo, novato e incompetente, sus aprensiones y su compañero que desearía hacerlo, demostrar que es capaz. En un momento habla de sus frustraciones, los empleos de donde lo han corrido o sacado, está dispuesto a ceder parte del pago a su compañero para tomar su lugar.

La raíz del atentado es provocar un terremoto político, disturbios, beneficiarse, borrar contendientes.

La decisión súbita de a quién balacearán da un vuelco, seguida por la rápida resolución de los matones inexpertos, lo que vendrá después. El encuadre del edificio escenario del ataque y la voz en off de locutores, define los sacrificados y los favorecidos.

Season of the End narra fragmentariamente lo que será de una persona al morir, a dónde irán a parar sus pertenencias, la repartición, los intentos por preservar viviendas en destrucción. Pequeña cinta obsesiva en detalles visuales, interiores, con sensaciones de miedo en el aire.

Dialecto es como un capítulo del 1984, con una voz femenina emanada de bocinas para reiterar una y otra vez la imposición de hablar en cantonés en bastantes sitios, las reglas a cumplir, la obligación de expresarse en mandarín, las sanciones. Con extractos de humor cruel, relata la odisea de un taxista quien solo sabe el idioma cantonés, que era el principal en Hong Kong, y ahora debe aprender mandarín, la lengua de los ‘conquistadores’. Nos perturba y lo confunde cuando unos pasajeros en cuanto escuchan cómo habla optan por no ascender, se van a otro taxi. O el trato que le da una mesera y en tragedia irrisoria que su GPS rechaza su acento y no comprende su pregunta. El cortometraje expone los tropiezos en sus lecciones con su profesor y para comprender lo que dicen los demás, incluyendo su hijo. El remate deja un sabor doblemente ingrato, al observar que a su vez hay gente buscando un taxi que sepa cantonés, pero otra prohibición y un taxista soplón empujan el resto: un muestrario de los excesos de leyes fuera de lugar, absurdas, impuestas por los dirigentes para adueñarse de ese territorio.

Self Implator se arriesga a exhibir la represión policial, control de manifestaciones, la repetición de situaciones verídicas contra quien protesta; un activista que se prendió fuego frente a la embajada británica, el silencio en la calle, los restos del cuerpo quemado. El rechazo, racismo, contra inmigrantes pakistaníes y similares. Es un círculo explicativo de las reacciones porque no se cumplen los acuerdos sino-británicos, y una inmolación que concluye con otra, impensable, de una anciana (impactante en cada detalle), quien sin decir palabra deja constancia de su rechazo a las golpizas, el maltrato, las acciones opresivas, el autoritarismo.

El quinto segmento, Local Egg, es otro ejemplo de la imposición de ideas, de las vecindades de una dictadura, de cómo, al igual que en la Alemania hitleriana, a los niños se les inculca ‘vigilar’, acechar a quienes incumplen reglamentos excesivos, como el anunciar y vender huevos regionales; o revisar que en una librería se expongan textos prohibidos, contrarios a lo permitido. Asusta la presencia del niño jefe de la tropa, su mirada, las consignas, las indicaciones que dan a los niños en la escuela; la ilógica de penalizar por una palabra, y metafóricamente lancen huevos contra la cortina de metal de la librería.

Local Egg también plantea la pérdida de trabajo para esos pequeños agricultores, productores de huevo, tenderos, que deben huir y buscar expectativas en otros países; y que los libreros como en otros tiempos persecutorios cercanos al Fahrenheit 451 de Ray Bradbury han de encubrir su biblioteca, esconder lo que leen: y que por suerte hay niños renuentes a seguir a ciegas los mandatos.

Ten Years ofrece una perspectiva oscura bajo el manto de la ciencia ficción. Un futuro sombrío que pueda estar a punto de alcanzarnos.

Un ejemplo lúcido y denunciador de jóvenes cineastas chinos.

Por: Leopoldo Villarelo Cervantes

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