Espejo retrovisor: Cine alemán, una fuga a treinta años de la caída del Muro

agosto 17, 2019

Escrito por: Leopoldo Villarello cervantes

El 7 de agosto inició la edición número 18 de la Semana de Cine Alemán en México. Concluyó el día 18. Para esta ocasión constó de 17 películas, dividida en dos ciclos, uno con películas de reciente producción, de directores de nuevas generaciones, presentadas en los festivales más importantes en este país europeo (la Berlinale, el Max Ophuls Preis, el FilmFest Munchen), entre ellas varias recibidas favorablemente por crítica y público; y la retrospectiva, que en este 2019 se dedicó a Konrad Wolf, cineasta relevante tanto en documental como en ficción en la extinguida República Democrática Alemana (RDA), desde los años 1950 hasta entrada la década del 1980.

Conectado con la retrospectiva, uno de los temas circundantes en tres de los filmes escogidos tenía relación con el advenimiento del treinta aniversario de la caída del Muro en noviembre de 1989. Un documental, Belleza y decadencia (Annekatrin Hendel; 2019), acerca del fotógrafo underground Sven Marquardt; y dos basados en hechos verídicos ligados al conflicto persistente cuando estaban divididas las dos Alemanias, Gundermann (Andreas Dresen; 2018), ganadora del Premio del cine alemán 2019 en dirección y película, entre otras categorías; y Viento de libertad (Michael Herbig; 2018).

Viento de libertad recala en un asunto tocado anteriormente por una cinta británica de 1982, Night crossing (Delbert Mann), sobre los intentos de un par de familias por huir en globo del sector comunista, la RDA, hacia la RFA.

Michael Herbig se aboca en su versión de la celebrada escapatoria de las familias Strelzyk y Wetzel, en 1978, a una mirada drástica de cómo se sobrevivía en la RDA por esa época, al control férreo de los aparatos estatales, al papel de la STASI para vigilar y espiar a sus ciudadanos, al adoctrinamiento desde niños, asumido en una secuencia al principio, donde observamos una ceremonia de fin de cursos escolares, y la constancia del desacuerdo de los protagonistas del filme con los discursos, gestos, criterios, de las autoridades comunistas.

El guión aborda la primera malograda tentativa, para de ahí encauzarse en paralelo a la pesquisa policial de quienes eran los fugados y la determinación de reincidir por parte de los Wetzel y Strelzyk, con ritmo efectivo de thriller angustioso, saltando de los preparativos a la investigación, de la progresión para coser el globo a las averiguaciones.

La búsqueda se convirtió en un asunto de grado superior para el estado, contener la inevitable estampida por diversos frentes con todo y la protección alrededor de su frontera, de los cientos de militares a cargo de resguardarla; y en contra del pensamiento de algunos miembros de los cuerpos policiales (“si no están a gusto, déjenlos ir”).

La grisácea atmósfera donde habitaban se respira en las calles, en las restricciones para moverse o comprar; en el temor de ser delatado por un vecino; en la televisión y radio a la cual tenían acceso; los privilegios a funcionarios y gente del régimen.

La ambientación de interiores y exteriores, los vestuarios y objetos, duplica con fidelidad los estilos de vida.

La fase en Berlín es amenazante por los numerosos espías en cada sillón, esquina, afuera de la embajada; residuos de la guerra fría; sintomático de la proximidad de la otra ciudad, del significado de cruzar, la promesa venturosa mirada desde la ventana.

El director Herbig se da tregua para un enamoramiento adolescente, con alfilerazos de la libertad al volar una cometa de papel, la expectativa del futuro reencuentro, la carta de despedida.

El montaje agarra ímpetu en la medida de las indagaciones, del rastreo algo rezagado y luego precipitado por informaciones; de la urgencia de las familias ante los reportes meteorológicos. Lo utiliza eficiente para el sobresalto de la posible captura, de la llegada a tiempo para el despegue; la zozobra de la repetición del primer vuelo, los accidentes al volar; la luz del fuego observada a distancia por los cazadores.

Las consecuencias para la STASI tienen su carga aguda, en silencio. El epílogo aúna los acontecimientos a meses por venir.

Los créditos finales proveen fotografías de los verdaderos Strelzyk y Wetzel, del globo, piezas rotas, evidencias de un viaje de menos de treinta minutos sentidos como si hubiera durado largas horas.

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