Espejo Retrovisor: “Cake” y el dramatismo de Jennifer Anniston

noviembre 27, 2015

Por: Redacción

Leopoldo Villarello Cervantes.-

Hace un año, cuando los adelantados formaban sus pronósticos para los premios Óscar, Jennifer Anniston sonaba como una de las candidatas en la categoría de actriz protagónica por su papel en “Cake” (2014), en una de esas caracterizaciones que suelen conmover a quienes votan y que con frecuencia se alzan con la estatuilla, y con una larga cicatriz que desluce su rostro.

A la hora de las nominaciones, la Anniston no quedó entre las cinco finalistas. Habría tenido pocas posibilidades ante la actuación dolorosa y angustiante de la ganadora Julianne Moore, quien enferma de Alzheimer; o ante la malevolencia de Rosamund Pike en “Perdida” (2014).

“Cake”, cinta independiente y pequeña, no se estrenó comercialmente en México, por lo que hasta ahora pudimos verla en video. Es un rol diferente a la mayoría de los que acostumbra la Anniston en comedias, si bien ha incursionado en cintas más sólidas: “Amigos con dinero” (Friends With Money, 2006), “Qué les pasa a los hombres” (He’s Just Not That Into You, 2009), o la reciente “Enredos en Broadway” (She’s Funny That Way, 2014), con la salvedad de que en estos tres títulos ella es una del conjunto.

Su papel de “Claire Bennett” en “Cake”, es de una mujer con dificultades para recuperarse de un accidente funesto, de reincorporarse a su vida, a salir a la calle regularmente; ni a soportar terapias de grupo y las ayudas de la doctora, o los comentarios de los enfermos que asisten ahí.

Lo arduo en la caracterización le obliga a andar derecha, estirada, casi inmóvil, denotando los malestares, los trances para caminar, menearse;  trascribir  en su cuerpo y forma de hablar las secuelas externas e internas del incidente.

El guión de Patrick Tobin y la dirección de Daniel Barnz le dan prioridad a la obsesión y cuestionamientos de “Claire” acerca del suicidio de “Nina” (Anna Kendrick), miembro del grupo, que al percance que la dejó gravemente lesionada, del cual se darán detalles sueltos, el más contundente con la presentación breve de un hombre (William H. Macy), a quien ella reclama y golpea furiosa.

“Nina” es como un fantasma que juzga y vigila a “Claire”, que se le pone enfrente, a quien ésta intenta exorcizar conociendo su casa, a su marido. Diestramente, guionista y director evitan que haya romance, o saldar el asunto en ese rubro con el ex esposo o la salvación plena.

Es más de señalar el soporte de “Silvana”, la mujer que le acompaña y asiste en casa, interpretado con soltura por Adriana Barraza, quien va con ella a Tijuana a conseguir medicinas para soportar los dolores físicos, donde se encuentran a amigas de “Silvana”, que sirve al director para señalar celos por quien tiene green card y empleo solvente en Estados Unidos.

Habrá también un apunte nostálgico a los autocinemas, con un anuncio en la televisión que estimula a “Claire” a ir a una función, que acaba con un enredo.

El título de “Cake”, halla su resonancia en un pastel  de chocolate que le cocina una muchacha a quien le dan un aventón, amable excusa para disertar de las tantas adolescentes de pueblos estadounidenses que viajan a Los Ángeles con el sueño de convertirse en actrices, que escapan de sus hogares creyendo que la harán y muchas terminarán en el cine pornográfico si bien les va.

Son momentos en que “Claire” va ganando fuerzas para ver la calle, levantarse en su asiento en la camioneta, recuperar un poco de amor por el prójimo, de olvidarse de sus tragedias, desvanecer el espectro de “Nina”, compenetrándose en los porqué.

Jennifer Anniston apenas contó en los preliminares de la competencia por los Oscar u otros premios, pero deja constancia en “Cake” de que podría escudriñar en papeles dramáticos conforme la edad crezca.

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