Espejo retrovisor: Bebiendo limonada en el Foro Internacional de la Cineteca

julio 12, 2019

El título de la película rumana presentada en el 39 Foro Internacional de la Cineteca, Limonada (2018) abre ventanas a su acepción, la bebida. La temática es de absoluta actualidad, de los inmigrantes de países pobres deseosos por marcharse a los del primer mundo, principalmente los europeos y Estados Unidos, donde les alcance o logren aterrizar.

La nacionalidad de la protagonista ‘Mara’ (Malina Manovici en una caracterización apabullante) bien pudiera ser asiática, centroamericana, mexicana, como señala en un exabrupto su reciente esposo, su objetivo preferente es conseguir la residencia, la mentada “Green Card”, y legiones de estos individuos desheredados lo intenta por medios legales, positivos, e indefectiblemente los negativos.

El drama ventila trabas, fricciones, encaradas por estas personas, el áspero expediente de entrevistarse con agentes de inmigración, más cuando les toca uno intransigente, estricto, o peor si resulta corrupto cubierto en halo de concienzudo y patrioterismo, con el agravante de ser descendiente de inmigrantes.

Trámites sencillos en la superficie y mero papeleo se tornan una ristra erizada, sumado a yerros, torpezas, inexperiencia. Cuando el anhelado “american way of life” se ve al alcance de la mano, surge lo sombrío, la certificación de las turbias motivaciones detrás de enamoramientos, facilidades para matrimoniarse, los dobles rostros de algunos individuos.

Por Limonada se cruza el optimismo inmoderado de una mujer, su acelere por traer a su hijo, su anticipada ilusión por comprar una casa en Estados Unidos, quemar sus naves en su terruño; y la legislación estadounidense, sus reglas, las obstaculizadoras y las acogedoras, las compatibles con los principios originarios de aquella nación.

La directora Ioana Uricaru dota de realismo las situaciones (las emplaza en un pueblo de Florida, espejo de docenas de sitios comparables), las vicisitudes desequilibrantes: su faz confiada muta en la desgracia irremediable, los sueños dan paso a las penalidades. En pocos días se topa con la inminencia de la deportación, el colofón de miles como ella. Se entiende el comportamiento de la amiga, sus evasivas, su fumar endémico.

El argumento incide a la par con la violencia doméstica, la misoginia rampante, las represalias de hombres contra mujeres, más en estas circunstancias; el patriotismo pésimamente asumido y los abusos de un cargo.

El escrutinio de la realizadora rumana deriva de su mirada de extranjera en Estados Unidos, de experiencias en sus estancias allá, de individuos con quienes se ha interconectado, como el abogado croata o serbio, bien apuntalado y fraterno; del contrasentido del pasado del país norteamericano con su presente, de los huecos en sus leyes. E inevitablemente de la situación económica, social, en varias de las repúblicas antaño socialistas como Rumania, lo cual instiga a sus habitantes a salir hacia donde se viva mejor (las llamadas telefónicas a la madre son idóneas).

Limonada es un capacitado y por fiado primer filme de Ioana Uricaru, hermanado a la odisea de su protagonista, demostrativo de la renovada cinematografía rumana.

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