Especial: Lágrimas, risas y cine… la telenovela en el celuloide

Telenovelas cine

Fabián de la Cruz Polanco.-

Una vez que la televisión ingresó a la vida diaria de la familia mexicana, principalmente de clase media, en el cine se experimentó cierta ausencia por parte del público en sus salas, motivo por el cual se trabajó en llevar a la gran pantalla producciones e historias que llevaran de nuevo a esas personas que, ante su fascinación por el novedoso invento, y también cuestiones económicas, preferían quedarse en las salas de sus hogares viendo series norteamericanas, o las ya populares, desde ese entonces, telenovelas.

De hecho, fueron estos melodramas los que acapararon por completo la atención del público, ya que se daban la oportunidad de observar, en la comodidad de su hogar, las actuaciones de sus actores consentidos del cine, ahora interpretando personajes que vivían situaciones que duraban varios días y, lo mejor, sin costo alguno y sin la posibilidad de distraerse de sus actividades hogareñas, esto en lo que al sector femenino se refería.

Fue así que, apenas empezaban a consagrarse en su medio original, cuando los melodramas de la televisión llamaron la atención de los productores y realizadores fílmicos, quienes empezaron a trabajar en las versiones en 35 milímetros de esas historias que, reconocieron, les estaban robando audiencias.

La primera telenovela de la historia de la televisión mexicana, “Senda prohibida” (Alfredo B. Crevenna; México; 1961), fue también de las primeras en ser llevada al cine, pero con la diferencia de contar con un reparto ajeno por completo al original, encabezado por Silvia Derbez y Héctor Gómez, entre otros.

Caso contrario, en la versión para cine de “Gutierritos” (Alfredo B. Crevenna; México; 1959), la segunda telenovela realizada en México; se respetó a su elenco original, encabezado por Rafael Banquells y María Teresa Rivas. Caso contrario a lo que ocurrió con “Teresa” (Alfredo B. Crevenna; México; 1961), en donde el rol masculino para su versión en cine fue interpretado por el español Fernando Rey.

Es de subrayarse que esta cinta participó en la edición de 1959 del Festival Internacional de Cine de Cannes contando con muy buena respuesta por parte del público y la crítica.

Pero fue en la década del sesenta, cuando el cine mexicano dedicó gran parte de sus producciones a la realización de versiones cinematográficas de las telenovelas triunfadoras del momento, pero con algunas modificaciones en sus elencos y con buenas adaptaciones, basadas todas ellas en sus argumentos originales.

Entre ellas, podemos mencionar “Corona de lágrimas” (México; 1968), dirigida por Alejandro Galindo, en donde Prudencia Griffell fue sustituida por Silvia Derbez. Hay que destacar que “la reina del melodrama”, como se le calificó a Derbez, protagonizó también la versión en 35 milímetros de “Cruz de amor” (Federico Curiel; México; 1970), interpretando un personaje que fue planeado para Sara García para su edición televisiva, pero que esta no pudo interpretar.

A su vez, la misma Derbez fue sustituida por Silvia Pinal para la edición fílmica de “María Isabel”, de Francisco Curiel, filmada en 1967, de la cual se realizó una secuela, titulada “El amor de María Isabel”, también bajo la batuta de Curiel, rodada en 1968.

En lo que a actores se refiere, Julio Alemán sustituyó a Enrique Lizalde en la versión para cine de “Corazón salvaje” (Tito Davison; México; 1968), una de las historias que más se ha presentado al público en la televisión.

Otro de los personajes que fueron trasladados de la televisión al cine fue “Chucho el roto” (Gabriel Soria; México; 1934), aunque en este caso, primero se presentó en cine, después se llevó a la radio; y posteriormente a la televisión. Más adelante volvió al cine pero en una trilogía: “La vida de Chucho el roto” (Alfredo Zacarías; México; 1970), “El inolvidable Chucho el roto” (Alfredo Zacarías; México; 1971) y “Los amores de Chucho el roto” (Alfredo Zacarías; México; 1970).

Otros títulos trasladados de la televisión al cine fueron:, “La mentira” (Emilio Gómez Muriel; México; 1970), “Rubí” (Carlos Enrique Taboada; México; 1970), “Simplemente María” (Enzo Bellomo; Argentina-Perú; 1972), “Yesenia” (Alfredo B. Crevenna; México; 1971), “Doña Macabra” (Roberto Gavaldón; México; 1972) y “El amor tiene cara de mujer” (Tito Davison; México; 1973).

Cabe mencionar que “El derecho de nacer” primero se hizo en cine, en 1952 bajo la dirección de Zacarías Gómez Urquiza; después en televisión en una versión en 1966; a la que siguió otra adaptación para cine ese mismo año, bajo la dirección de Tito Davison. Más adelante, en 1981 vino la versión para televisión más exitosa, con Verónica Castro como protagonista; y una última adaptación para televisión en 2001.

Sin embargo, una vez que la telenovela aumentó sus capacidades de producción, los productores fílmicos perdieron su interés en seguir haciendo estas adaptaciones.

Las últimas historias producidas originalmente para televisión, que fueron adaptadas para la pantalla grande, fueron mal recibidas por el público, que ya estaba acostumbrado a las grandes producciones cinematográficas extranjeras, y su mentalidad estaba más abierta a otro tipo de argumentos.

El penúltimo experimento de su especie, “El Maleficio 2” (México; 1986), dirigido por Raúl Araiza, intentó presentar un nuevo pasaje de un revivido “Enrique de Martino”, personaje telenovelero muy popular en la década del ochenta, interpretado por Ernesto Alonso, en esta ocasión llevando como pareja a Lucía Méndez y a actores como Eduardo Yánez, Armando Araiza, y Sergio Jiménez, entre otros, logrando solamente malos comentarios ante un pésimo argumento, y la mala presencia de efectos especiales, tratando de emular títulos extranjeros como “El Exorcista”(William Friedkin; USA; 1973) y “La Profecía” (Richard Donner; USA/UK; 1976), quedando sólo en eso.

La última telenovela fue “Más que alanzar una estrella” (Juan Antonio de la Riva; México; 1992), tercera parte del proyecto “Alcanzar una estrella”, creada y producida por Luis de Llano Macedo y Marco Flavio Cruz, con Eduardo Capetillo y Mariana Garza como pareja principal.

La primera y segunda parte este proyecto se presentó en telenovela, finalizando con esta cinta en la que participaron algunos de los actores del melodrama, incluida la dupla Capetillo-Garza representando una historia y personajes diferentes.

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