Ernesto Gómez Cruz: El prestigio no me lo da la Academia

septiembre 1, 2019

Escrito por: Fabián de la Cruz Polanco | @fabiancpolanco

Dignidad, profesionalismo, entrega y discreción, son sólo algunas cualidades que posee la carrera de Ernesto Gómez Cruz, uno de los principales actores que el espectáculo mexicano ha dado al mundo y que se ha desempeñado triunfalmente en cine, teatro y televisión; aunque, sin duda, sea la pantalla grande el medio al que más cariño le tiene.

Originario del Puerto de Veracruz, donde nació en 1933, desde muy joven, con estudios de educación básica y muchos deseos de salir adelante, Gómez Cruz se trasladó a la Ciudad de México para probar suerte. Logró ser becado por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). De esta manera inició una provechosa carrera en la que ha logrado participar en más de 150 filmes, la mayoría de los cuales ha generado polémica y expectación por su temática.

UN CAIFÁN DE BELLAS ARTES

Su debut en cine fue aún en calidad de estudiante de arte dramático en el INBA. Su compañero Sergio Jiménez (1937-2007) fue quien lo presentó con el multifacético artista Juan Ibáñez, que por entonces preparaba el filme Los Caifanes (México, 1966).

Al respecto, Gómez Cruz rememora: “La película Los Caifanes se filmó en 1966. Yo estaba terminando mis estudios de actuación en Bellas Artes. Era una época muy difícil, porque ya tenía familia y había que mantenerla también, prácticamente fue una época de total desasosiego porque no sabía qué hacer. Si no es porque mi señora me daba ánimos para que siguiera en la carrera, quién sabe ahorita dónde estuviera.

Esos tres años que duró la carrera representaron una gloria y satisfacción por haberme preparado para lo que seguía. Gracias a ellos, saliendo de la escuela en 1966, me encontré con la oportunidad, por conducto de Sergio Jiménez, de conocer a Juan Ibáñez, quien estaba reuniendo al equipo para filmar Los Caifanes y me dio la oportunidad. Esa película me abrió las puertas porque la industria estaba muy cerrada; los sindicatos no permitían nuevos elementos, ya fuera escritores, técnicos e incluso actores. Había muchos problemas.

De hecho, detuvieron la película tres veces hasta que por fin la situación pudo arreglarse y comenzamos. Sin embargo, sabía que tenía que aprovechar esa oportunidad y no dejarla escapar. En todo momento cooperé con las instrucciones y aprendí de todo lo que veía. Dejé que vieran mis inquietudes como artista, como actor”.

EN EL CALLEJÓN DE LOS MILAGROS

Después de rodar este filme, los bonos de Gómez Cruz crecieron de manera sorprendente y recibió varias propuestas para seguir su carrera ante la lente fílmica. Sin embargo, debido a que recibió la propuesta de trabajar en una cinta española, que originalmente estaba destinada para Mario Moreno Cantinflas (1911-1993), tuvo que rechazar las demás ofertas, con lo que, sin querer, inició una etapa muy difícil en su carrera, pues se vio envuelto en una intriga que le evitó viajar a Europa y, en consecuencia, quedarse sin trabajo dos años.

El actor así lo recuerda: “A consecuencia de esto me fui a refugiar al Teatro Comonfort, que está por la Lagunilla. Estuve trabajando de barrendero hasta que José Estrada me llamó. Cuando le dijeron mi situación me ofreció trabajo en la Universidad Nacional y apareció mi amigo don Carlos Illescas, quien le platicó a Rafael Corkidi que conocía a un buen actor para integrarlo a la cinta que estaba preparando, así que regresé al cine en ‘Auandar Anapu’ (El que cayó del cielo) (México, 1974). A partir de ahí mi vida cambió y de poquito a poquito hice mucho cine”.

Cabe mencionar que, hasta hoy día, se mantiene una fuerte censura sobre esta cinta, debido a que contiene escenas de sexo explícito.

Y es justo en la década de los años setenta en la que Ernesto Gómez Cruz realiza buena parte de su filmografía, contando títulos de gran importancia como Tívoli (México, 1974; Alberto Isaac); Cadena perpetua (México, 1975; Arturo Ripstein); Canoa (México, 1975; Felipe Cazals); y Actas de Marusia (México, 1975; Miguel Littin).

Para mí como actor la década del setenta fue maravillosa. Hice cine de todo tipo: de arte, comercial, melodramas, comedias. Se alcanzaron muchos logros y para mí fue el ‘ábrete sésamo’ dentro de la industria”.

Sin embargo, y pese a la vasta producción, el cine mexicano se vio gravemente afectado en esa década por la llegada de varias cuestiones, entre ellas la censura.

La entrada de José López Portillo al poder significó la terminación de una época en la que aún se podía decir que había una industria cinematográfica en México.

Cuando llegó a la Presidencia dio a su hermana Margarita un puesto muy importante dentro de la Secretaría de Gobernación, como directora de Radio, Televisión y Cinematografía, lo cual provocó un declive en la industria. Se quemó la Cineteca Nacional y hubo muchas personas de la industria que pisaron la cárcel.

A partir de ahí nuestro cine se vino abajo; y aún estamos luchando por hacer algo verdadero a favor del cine mexicano. Ahora es muy difícil levantar una película. Los pocos que lo logran se convierten en héroes y ellos son los que nos dan la oportunidad de poder manifestarnos como actores.

Gracias a la tenacidad de quienes producían películas en ese entonces, la censura se pudo esquivar un poco y pudimos trabajar, sin embargo, esta fue una etapa muy triste dentro del cine mexicano”.

En la filmografía de Ernesto Gómez Cruz es repetido el nombre de José Estrada y también el de Miguel Littin.

A José le guardo un afecto muy especial, pues al igual que Raúl Araiza me apoyó mucho en los inicios de mi carrera. Miguel Littin es un director chileno que llegó a México después de la amenaza de Augusto Pinochet y traía consigo una buena formación cinematográfica. Trabajar con él fue muy bueno, porque me confió varias aportaciones histriónicas”.

¿Hubo algún director de esa época con el que usted haya querido trabajar y no pudo?

No, por fortuna trabajé con la gran mayoría de ellos. Incluso trabajé con aquellos que tenían fama de muy exigentes y con quienes, por fortuna, logramos muy buenos trabajos. Siempre ha habido comprensión y he obtenido ayuda, hasta la fecha, para concretar mis personajes”.

Aunque su carrera cinematográfica ha sido muy importante, Ernesto Gómez Cruz ha mantenido una importante presencia en teatro, de manera continua, siendo su más reciente puesta Aventurera, al lado de Carmen Salinas, revista musical en la que interpreta al Comandante Treviño.

Lo han dirigido los directores más representativos del cine mexicano, tanto de la llamada vieja guardia como del nuevo cine mexicano. Entre otros se encuentra Alberto Bojórquez, en Retrato de una mujer casada (México, 1982); Arturo Ripstein, en El imperio de la fortuna (México, 1983); Alberto Isaac en Mariana, Mariana (México, 1987), y Carlos Carrera, en El crimen del padre Amaro (México, 2002), una de las cintas nacionales más taquilleras que provocó un gran escándalo por los infructuosos intentos de censurar por parte de diversos grupos políticos y religiosos.

Y claro, en la lista no podía faltar Jorge Fons, en cuya cinta El callejón de los milagros (México, 1994), Gómez Cruz dio vida al inolvidable personaje de Don Rutilio, uno de los que más recuerdos traen al actor: hombre maduro dueño de una cantina que decide manifestar su homosexualidad teniendo un romance con un joven empleado —interpretado por Esteban Soberanes—, a pesar de su machismo, ignorancia y de lo que opina su esposa.

Jorge Fons se pasó varios años trabajando para hacer esta obra. Para mi gusto están bien cuidados el ambiente, los actores y los técnicos de iluminación, para que se viera real el entorno y no un set de cine. Son las calles normales de La Merced, la gente, que no son extras sino personas que pasaban por ahí. Es un barrio difícil, porque siempre lo rodean vendedores y compradores. Es una zona populosa.

El director da indicaciones porque estamos enfrente de una cámara que tiene un espacio y una iluminación, de los cuales no podemos salir. El director debe estar convencido de que sus actores lo entienden, y Fons lo logró.

Por otro lado, mi trabajo implicó estudiar al personaje, pues no se trata sólo de memorizar los diálogos; hay que canalizar la esencia. Si no logras esto, no sale creíble. Todo es a base de platicar con el personaje, en las noches o en el día. Es una cosa como de locos, pero sí se puede”.

Gracias a estos “alucines” actorales, como Gómez Cruz los llama, es que el intérprete ha obtenido diversos premios en su carrera, entre ellos el Ariel y la Diosa de Plata, además de otros tantos acumulados en el extranjero, por ejemplo, la Concha de Plata al Mejor Actor en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, que se le entregó en 1986 por su trabajo en El imperio de la fortuna.

DEL INFIERNO A LA CARPA

Estas experiencias serán abordadas por don Ernesto en la clase magistral que impartirá en el FICG como parte de su homenaje; ahí compartirá experiencias, anécdotas y recuerdos de su trascendente trayectoria, la cual incluye también su incursión en telenovelas, e incluso protagonizando una de ellas: El rincón de los prodigios (México, 1987; Lorenzo de Rodas).

Otro personaje significativo en la filmografía reciente de Gómez Cruz es sin duda el de Don José Reyes en la película El Infierno (México, 2010), dirigida por Luis Estada, que cerró la trilogía política del realizador integrada previamente por La ley de Herodes (México, 1999) y Un mundo maravilloso (México, 2005), en la que ofrece una dura crítica al México contemporáneo siempre en un tono de farsa. En estas otras películas el actor veracruzano interpretó los papeles del Gobernador y del Compadre Filemón, respectivamente.

Al respecto, el actor reflexiona: “Si nos ponemos a ver, México ha tenido muchas etapas duras en su historia y esta película sólo es un pequeño reflejo”.

¿De qué manera ha influido el cine mexicano que se hizo en la década del setenta en nuestro cine actual?

Afortunadamente las nuevas generaciones de realizadores tienen oportunidad de hacer lo que quieran. Al igual que en ese entonces, también les cuesta trabajo, pero al final lo logran.

La década del setenta abrió brecha para que se fueran creando nuevas inquietudes y por eso es que estamos viendo el cine que se está haciendo hoy día. Hay logros bonitos, que incluso nos han representado con bien en el extranjero. El cine en nuestro país siempre ha sido de primera; siempre ha sido un cine de búsqueda y de acuerdo a las posibilidades económicas que existan”.

Entre las inquietudes de Gómez Cruz se encuentra poder dar clases para compartir su vasta experiencia, además de retomar el viejo género del teatro de carpa, instalando una para dar trabajo a muchos actores. También desea seguir explotando sus cualidades sindicales, pues ha desempeñado diversos cargos dentro de la Asociación Nacional de Actores (ANDA).

Aquí retomaría lo que he hecho con buenos resultados. A mí el prestigio como actor no me lo da la Academia y eso es lo que quiero transmitir. Quien no tiene la capacidad sólo se irá alejando. Espero encontrar a muchos elementos que, como yo, surgieron de la nada y agarraron las cosas con seriedad y con esfuerzo.

Yo no dejo de hacer cine. Casi nunca hice súper estelares: son muy poquitos los que he hecho, pero las participaciones en las que he intervenido han sido magníficas, a mi manera de ver. Como actor tengo un prestigio muy bonito, que no lo quisiera perder y hasta la fecha sigo colaborando con el cine mexicano”.

Fotografía: Esaú Ponce Arriaga

Esta entrevista fue realizada el 19 de junio de 2008 y forma parte del libro Cine mexicano del 70: La década prodigiosa de Fabián de la Cruz Polanco; México 2015; SamSara Editores.

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