“El mudo”: Crítica aguda a la justicia y la burocracia

marzo 14, 2015

Leopoldo Villarello Cervantes.-

Tras su paso por el 34 Foro Internacional de la Cineteca Nacional, el año pasado, la cinta peruana “El mudo” (2013), codirigida por los hermanos Daniel y Diego Vega Vidal, se ha estrenado en México.

El largometraje transcurre en el área judicial de Perú, con lo que debe transitar el juez “Constantino Zegarra” (Fernando Bacilio) luego de negarse a favorecer a un preso, o revisar favorablemente su caso, con todo y la “maldición” que le arroja la esposa.

Los hermanos Vega Vidal trazan una crítica a la burocracia en su país, donde igual que en otros lares los funcionarios honrados y no corruptos corren el riesgo de que los cesen del cargo que ocupan; en que individuos consagrados a sus labores son antifuncionales para el sistema; en que las amistades o los parientes, que tuvieron o tienen altos niveles e influencias, son útiles para recibir indemnizaciones o beneficios.

Además, “El mudo” se torna un filme policial ante la pesquisa de “Zegarra”, quien es balaceado y herido en las cuerdas vocales, por lo que queda impedido para hablar, de ahí el título del largometraje. Tras su recuperación, se obsesionará en localizar a quien le ha cortado la existencia, reproduciendo el incidente, yendo a la calle donde fue abatido.

Con escenas silenciosas muy descriptivas, vemos los objetivos del ex juez: saber de dónde vino el disparo, en qué lugar pudo estar el mercenario. A la búsqueda se suma un policía, con quien se dan dos situaciones observadas en forma crítica; por un lado se dedica al caso por el peso de las amistades del protagonista, y por otro las carencias de su área, con computadoras viejas o prestadas, pocos empleados, quienes han de llevarse expedientes y equipo a su casa; y la esposa de “Zegarra” tiene que darles tarjetas telefónicas para que puedan hacer llamadas.

Un conflicto a sumar es el familiar, los pecadillos de él y su esposa que salen a flote; la crisis juvenil de la hija, su negativa a estudiar leyes como su padre y su abuelo, las causas por las que los estudios le tienen sin cuidado.

Los realizadores y guionistas contrastan la rectitud del ex juez, su casa sin lujos, cual si fuera de un asalariado menor; con la de su padre, o los lambiscones saludos al juez amigo en la calle. La diferencia del letrado que le ha sustituido, quien ni siquiera asiste a su oficina. El cambio en el trato hacia él, cuando lo han descendido de su cargo.

“El mudo” captura contextos reales, asevera las diferencias de las oficinas de la Justicia en Lima y en la periferia. Apunta la posibilidad de contratar sicarios y comprar pistolas como algo de todos los días; o de mujeres capaces de cumplir sus amenazas.

“El mudo” capta el espacio de inflexión de “Zegarra”, en que despierta, abre los ojos antes encerrados en legajos, se envalentona; se da cuenta de que no pertenece a ese mundo fútil y ha de reencontrarse con su madre, cuyo retrato preside su hogar y la habitación de su padre; una mujer que seguro fue víctima inocente de enfrentamientos de maleantes. Son dos de las escenas más significativas: cuando va con su padre a colocar flores en la calle, y su instante de cercanía, bailando con ella en la soledad.

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