“El malentendido”: La crueldad de hacer sufrir y abandonar

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Jaime Rosales Domínguez.-

Una luz muy blanca ilumina la escena y los muebles, también blancos, que conforman el comedor y la recámara de aquel hostal que una madre (Luisa Huertas) y su hija María (Érika de la Llave) administran para reunir lo necesario y huir a un país donde haya sol y mar.

Eso es lo primero que vemos y sabemos al iniciar la representación de “El malentendido”, obra escrita por el premio Nobel de Literatura 1957, Albert Camus y montada por la Compañía Nacional de Teatro (CNT) en una nueva temporada, sobre el escenario del Julio Jiménez Rueda, dentro del segundo ciclo Patrimonio Universal del Teatro.

Y sin embargo, la blancura y sencillez de la escena, dispuesta sobre un bastidor rectangular diseñado —como la iluminación— por Gabriel Pascal, alude no a la pureza sino a la complejidad y dureza marmórea de los sentimientos que acucian a aquellas dos mujeres: la madre, cansada por las acciones que se ven precisadas a realizar para cumplir su propósito, y la hija, un ser duro como el frío del país en que viven y que ha cedido su humanidad al tiránico imperio de su obsesión por salir de aquel lugar.

Ambas tienen un familiar que en los tiempos de guerra que asolan al mundo en la época de la acción —la Francia ocupada por los nazis durante la segunda guerra mundial— ha debido marcharse durante 20 años dejándolas solas y abandonadas a su suerte.

Se trata de “Jan” (Rodrigo Vázquez), hermano de “María” e hijo de la señora, quien regresa casado con “Marta” (Emma Dib) y dispuesto a resarcir el olvido en que han vivido su madre y su hermana.

Pero he aquí que su idea de presentarse ante ellas sin revelar su identidad y, después, su incapacidad para encontrar las palabras y el momento adecuados para decirles quien realmente es, conducen a una tragedia de proporciones griegas prefigurada desde el principio de la obra por las acciones que ambas mujeres realizan para hacerse de recursos.

Aquí las pasiones y los excesos desembocan, como en las tragedias protagonizadas por “Edipo”, “Antígona” o “Medea”, en la patética perdición y en el sufrimiento de unos y otras, pero no por la fatalidad que viene desde la cuna, como en el caso de los griegos, sino por la ceguera de los hombres que en su egoísmo matan con facilidad y sin remordimientos aquello que no conocen, incluido en ese desconocimiento aquello que más se precian de conocer y de amar.

Se trata de una obra en la que el malentendido que parece precipitar la tragedia no es uno sino dual, a saber: la irracionalidad y crueldad de la vida que lleva a los hombres a abandonar lo que prefieren (como el lugar en que nacieron), y la que producen no las palabras sino los sentimientos que tratan de verbalizar. “Habla usted un lenguaje que no entiendo”, dice “María” a “Marta”, cuando ésta le reclama desde su dolor y sus lágrimas las acciones perpetradas.

En la obra Camus se ciñe a la paradoja o circularidad de lo trágico: hay razones que empujan a los protagonistas a actuar como lo hacen, aun cuando su actuación sea ética o moralmente reprobable. Se produce entonces el dilema: la obligación de hacer algo deseable y legítimo, como por ejemplo salvar la vida, la propia o la de algún otro, pero hacerlo a costa de una monstruosidad.

¿Dónde se encuentra o quien traza el límite? No se sabe, lo único que resulta es que llegado a un punto aquello que haces por salvarte acabará matando lo que más amas y con ello, de algún modo, a ti mismo.

Hay que destacar el notable trabajo tanto de Luisa Huertas como de Érika de la Llave, quienes llevan el peso de la representación con papeles complejos que sólo actrices con su arte y capacidad logran proyectar el conflicto interno que cada una vive.

En entrevista con Filmeweb, Luisa Huertas definió al personaje de “La madre” como uno de los más difíciles que le ha tocado interpretar, pues “exige romper con una serie de cosas que una ha pensado como mujer y como madre, pues es muy duro; un personaje muy exigente que requirió de una enorme construcción interna”.

Necesitas pensar muchas cosas para justificar la actuación de esta mujer y para poder enamorarte de su personaje. Como actriz es absolutamente enamorable porque es un reto”, consideró la primera actriz de teatro.

Respecto del tema expuso que tanto la madre como la hija con mujeres en busca de la vida y ansiosas por salir del hoyo de desesperanza, de dolor y de pobreza en que se desenvuelven.

La complejidad de los personajes y de sus decisiones, incluido el fantasmal e indescifrable criado (Roberto Soto) es explicada por la directora Marta Verduzco —también actriz de número de la CNT— como producto del ambiente enrarecido de la guerra y donde la necesidad de sobrevivencia reclamaba echar mano de todos los recursos.

La temporada de “El malentendido” en el teatro Julio Jiménez Rueda se lleva a cabo desde el 24 de abril y concluye el próximo 24 de mayo, con funciones de jueves a domingo. La entrada es libre.

Fotografía: Sergio Carreón Ireta/CNT

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