El desafortunado “suicidio” de Flipper

marzo 20, 2015

Cristóbal Torres Márquez.-

Los parques acuáticos guardan espectáculos que son el deleite de miles de personas que acuden con la intención de pasar un rato agradable y ameno. La diversión aumenta cuando se llevan a cabo eventos que involucran animales marinos tales como lobos marinos y delfines.

Las implicaciones éticas saltan a la vista, sin embargo, el negocio es tan lucrativo que todo intento de protesta se ve ahogado por una enorme cantidad de billetes. Esta forma de entretenimiento nació en la década del 60 y catapultó la popularidad de los delfines cuando se transmitió la serie de televisión “Flipper”.

Creación de Ricou Brwoning y Jack Cowden, con el apoyo de la Metro Goldwyn Meyer, tuvo tres temporadas al aire con 88 episodios, mostrando a un delfín nariz de botella que ayudaba a la familia Ricks. El mamífero saltaba a la vista por sus grandes dotes de inteligencia.

El papel de Flipper fue interpretado por cinco diferentes delfines hembra: Suzy, Patty, Scotty, Squirt y Kathy; la producción prefirió usar estos especímenes porque eran menos agresivos que los machos. Por otro lado, su piel mostraba menos cicatrices e imperfecciones.

De todos los delfines que formaban parte del reparto resaltaba Kathy, pues era la que más veces salía a escena. Todos eran entrenados por Robert Corbin y Rick OBarry, y durante el desarrollo de la serie todo parecía transcurrir con normalidad, sin embargo, después de concluida en 1967, la tragedia ocurrió.

De acuerdo a Rick O’Barry, Kathy comenzó a cambiar su actitud. De ser un delfín alegre que saltaba por todos lados, paulatinamente se mostró más pasivo, algo que el entrenador vio con preocupación. Finalmente la situación derivó en lo que denominó suicidio.

Al igual que los humanos, las ballenas y los delfines respiran de manera consciente. Lo que hizo el ejemplar fue hundirse en el fondo del estanque en donde se encontraba y se negó a respirar nuevamente.

Kathy murió en cautiverio y Rick O’Barry lo presenció. El suceso impactó la vida del entrenador y desde entonces decidió destruir lo que él mismo había creado: una industria basada en mantener a delfines en sujeción.

En 1970 fundó Project Dolphin, un grupo que intenta crear consciencia sobre el daño que sufren los delfines capturados. Durante 40 años, el ahora activista ha luchado contra la captura de estos mamíferos. De hecho, una de sus cruzadas quedó documentada en la cinta “Operación Delfín” (“The Cove”, 2009).

Una de las capitales mundiales de caza de delfines es Taiji, Japón. Ahí llegan miles de estos animales y son acorralados en una ensenada. Se hace una previa selección a la que acuden representantes de diversos parques acuáticos del mundo para poder llevarse a los mejores ejemplares.

Aquellos que no son seleccionados, son masacrados con lujo de violencia haciendo que el agua se tiña de rojo. Todo ocurre en una zona en la que está prohibido el paso, de manera que no es posible conocer a detalle lo que ahí ocurre.

“Operación Delfín” narra la historia de cómo Rick O’Barr y su equipo intentan a toda costa ingresar al epicentro de la matanza y colocar cámaras secretas que documenten el evento. Además, ilustra las implicaciones diplomáticas que este tipo de prácticas trae consigo.

Lo cierto es que a casi medio siglo de lucha, la industria sigue en auge y está lejos de desaparecer. La matanza en Taiji no ha cesado y miles de delfines siguen siendo explotados en aras de un beneficio económico. La historia de Flipper fue el comienzo de todo.

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