“El cine es una increíble máquina de tiempo”: Naomi Kawase

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Fernando Díaz Juárez | GUANAJUATO, enviado.-

De semblante serio pero con creatividad desbordante, la cineasta japonesa Naomi Kawase es hoy día una de las realizadoras más sobresalientes de la cinematografía nipona; reconocimiento que se ha ganado a pulso tras conquistar al público y la crítica internacional con filmes en los que plasma, de forma casi poética, vivencias personales.

Pero ¿cómo se encontró con el Séptimo Arte? Para ella resulta una pregunta difícil de responder: “Creo que bajó el dios del cine y me dijo que hiciera películas”, expresó recordando sus orígenes humildes en la ciudad sureña de Nara, donde nació hace 51 años sin haber conocido a sus padres biológicos.

Cuando era una joven estudiante me gustaba mucho jugar basquetbol y vivía con mi madre adoptiva, a la que llamaba abuela.

Cuando llegó el momento de ir a la universidad quería estudiar algo que pudiera hacer hasta la muerte, con motivación hasta el corazón, donde pudiera crear a mi antojo”, compartió Kawase durante la clase magistral que ofreció en el marco del 19 Festival Internacional de Cine Guanajuato (GIFF, por sus siglas en inglés).

Así fue como en 1989 ingresó a la Escuela de Fotografía de Osaka, donde cursó la carrera de Artes Visuales y tiempo después fungió como profesora. Para ese entonces ni siquiera tenía idea de cómo manejar una cámara o cómo hacer tomas.

Todos los aspectos técnicos los aprendí por cuenta propia y aún recuerdo la primera vez que tuve una cámara entre mis manos: ese sonido de cuando corre la cinta me marcó para siempre, porque sentí como si estuviera grabando el tiempo; era como una máquina en el que por fin podía plasmarlo”.

Así fue como pudo filmar sus primeras dos cintas: los documentales autobiográficos “Embracing” (1992), en el que registra su viaje por diversos lugares del mundo para encontrar a su padre, que la abandonó desde pequeña (lo encontró y hasta pudo tomarse una foto con él); y “Katatsumori” (Caracol, 1994), sobre el día a día durante todo un año en la vida de su abuela, en ese entonces una mujer septuagenaria.

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Arroz en lugar de flores

Durante el encuentro con asistentes en el Teatro Principal de Guanajuato capital, Kawase recordó que el reconocimiento a su trabajo llegó hasta 1997, cuando realizó el largometraje “Suzaku”, sobre la disolución de una familia que sufre de la decadencia económica de su pueblo, y con el que obtuvo el premio Cámara de Oro del Festival de Cine de Cannes.

Ganar la estatuilla significó todo un acontecimiento, pues fue la realizadora más joven, con 27 años, en obtener dicho reconocimiento en la historia de la justa cinematográfica. Paradójicamente nunca había escuchado hablar de Cannes, y mucho menos de cineastas mundialmente conocidos como Quentin Tarantino.

Gracias a ese premio comenzó a contactarme mucha gente para hacer películas. También me mandaban muchas flores a manera de felicitación, pero en casa éramos tan pobres que yo pensaba: ‘en lugar de flores mejor mándenme arroz para comer’”, compartió la directora, actualmente gran favorita del Festival de Cannes.

Con más de 20 películas en su trayectoria, también se dio a la tarea de fundar el Festival Internacional de Cine de Nara, en su ciudad natal, el cual sirve como intercambio cultural para realizadores de diversos países como México, y trinchera para producir filmes que impulsen a los nuevos talentos.

Admiradora del trabajo hecho por el cineasta mexicano Pedro González Rubio, al que conoció cuando estuvo en Japón filmando la cinta “Inori” (2012),  Kawase también habló sobre el cine nipón contemporáneo, que en su opinión atraviesa por una crisis de identidad.

Siento que el cine japonés se ha reducido a mostrar remakes de la televisión o a adaptar mangas populares, dejando de lado historias originales sobre la cultura japonesa y sus raíces; esto ha ido decayendo porque quienes van a los cines sólo les interesa ver a sus ídolos.

Además a los productores no les interesa apostar por actores desconocidos, aunque haya un guión muy bueno de por medio”, finalizó la cineasta, quien en octubre próximo iniciará el rodaje de su nueva película, sucesora de la entrañable “Una pastelería en Tokio” (2015), sobre una anciana que con la receta secreta de doriyakis ‒dulces tradicionales rellenos de chocolate‒ hace que un pequeño negocio en declive pueda renacer.

Cabe destacar que la noche de este miércoles fue homenajeada en el marco del GIFF 2016, en el que le fue entregada la Cruz de Plata, el máximo reconocimiento otorgado por el festival.

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Fotografía de texto: Cortesía GIFF

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