Festival de Cine para Niños

El Breve Espacio: La estupenda comicidad de Héctor Suárez

julio 27, 2015

Por: Redacción

Mario de la Reguera.-

Si nos preguntaran con que espectáculo cómico te quedarías: ¿“El tenorio cómico” o “Estoy loco”?, no lo pensaría dos veces: ¡con este último!, sin dejar de reconocer que el de los Mascabrothers tiene una convocatoria inusitada de público… Pero, en cuanto calidad, definitivamente, el de Héctor Suárez se lleva las palmas…

Tenía aañoss de no ver un montaje cómico tan bien cuidado como el que nos presenta el señor Suárez y que arranca con un género teatral, que ya es nostalgia, el de La Carpa, donde le rinde un homenaje al inolvidable papá de Ana Martin: don Jesús MartínezPalillo”…

Tampoco pasa por alto una remembranza del nacimiento del albur prehispánico, para dar paso a uno de sus personajes más populares: “El Gulliver”, quien va por la vida saboteándose a sí mismo… El momento musical más sabroso es de lo que ya no está, pero siempre será: el ¡mambo!, a cargo de una ficticia Orquesta de Pérez Prado, cuestión por lo que invitaron —como espectadores— a los músicos originales que dirigía el rey de ese ritmo…

(Ya para ese entonces nuestra cara de sorpresa iba acrecentándose con la escenografía, la iluminación, el vestuario, la escenografía y, sobre todo, la coreografía, a cargo de un cuerpo de ballet que mereció un 10 de calificación)…

“El Mil Usos” (la marginación, como bofetada a la conciencia nacional) no podía faltar, como tampoco “Tomás”, ese negrito puro y santo, que no es hijo de “El Chapo”, sino del ¡chapopote!… Otro número musical memorable fue el de los pachucos…

La muerte, a través de un velorio, se hizo presente, corroborando, de paso, que el mexicano se hace amigo de la calaca, pa’ que no le vengan a jalar las patas…

Las carcajadas de Lilia Aragón, Pilar Pellicer e Hilda Aguirre —que estaban atrás de nosotros— eran constantes y fluidas, igual que las de otro invitado de cinco estrellas: Juan Ruiz-Healy, recién desempacado de Nueva York, con escala en San Antonio, ciudades donde comparte su vida, al lado de su esposa Patricia Núñez, una de las Señoritas México más bellas y talentosas de todos los tiempos… Juan estaba a la diestra de nuestro tocayo Mario Helo, quien no es otro más que el culpable del cincuenta por ciento este delicioso libreto.

El intermedio sirvió para divisar a muchos otros conocidos, convocados no sólo por nuestro máximo comediante, sino por el productor Alejandro Gou y por el publirrelacionista Guillermo Pineda Gracia, sin duda, el número uno en estos menesteres… (Mención especial merece el colega Víctor Hugo Sánchez, quien estaba con un ojo al gato y otro al garabato)…

Una buena dotación de palomitas no se hizo esperar para seguir disfrutando de “Estoy loco”, en el mismo teatro donde, por cierto, dentro de un mes se presentarán los máximos ídolos del rock and roll mexicano: Angélica María y Enrique Guzmán, otra producción de Gou que ¡por ningún motivo! nos vamos a perder…

Ya para ese entonces habíamos identificado a los actores que acompañan a don Héctor en esta ambiciosa travesía: Nano Estevane, Elías Ajit, Julio Casado y Arturo Sandoval

Ever Morales es el culpable de todas y cada una de las caracterizaciones, que el propio Suárez califica de verdadero alquimista, no sin antes subrayar en el programa de mano: “Tu maestría, tu aguda inteligencia y sensibilidad para captar las características psicológicas y emocionales de todos nuestros personajes, sin esa certera precisión, esa pasión, esa entrega, nunca hubiera podido darles vida“…

Pero volviendo a la función, las realidades de la ficción mexicana las disfrutamos a través del número titulado “¿Sabías tú?”, que dio paso a uno de los que arrancaron las mejores carcajadas de los productores televisivos Miguel Ángel Herros y Reynaldo López: “Los Generales”… “El Ventrílocuo” versó sobre la facilidad de mover los hilos, desde la presidencia de la República…

Otro de los números más esperados fue el de “Flanagan” quien, al prolongado grito de “¡Queremos rock“, su mensaje es que a la juventud no se le reprime, se le orienta…

Para cerrar con broche de oro, Suárez se caracterizó de “El No Hay”, el triste y lacerante espejo del mexicano marginado y explotado… Con este personaje, don Héctor escala alturas insospechadas dentro de la comedia que harían palidecer de envidia al mismísimo Charles Chaplin… Luego vino el arte del teatro guiñol, en todo su esplendor, para rematar con una magistral “Sonata fácil” de Mozart, y rubricar con un gran final, que nos dejó tan grato sabor a boca que una merecida ovación de pie no se hizo esperar.

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