El arte de la transformación. Las grandes estrellas se travisten

marzo 30, 2018

Por: Redacción

Durante la historia del cine estadounidense, las grandes estrellas no han podido evitar vivir la experiencia del travestismo. Galanes elegantes de la época dorada de Hollywood, como Alec Guinness, Cary Grant, Frank Sinatra, Tony Curtis, o héroes rudos como Robert Mitchum, Burt Lancaster; figuras europeas como Jean-Paul Belmondo, Helmut Berger, y también comediantes de la talla de Búster Keaton, Bob Hope o Jack Lemmon, o incluso aquellos que brillaron en el cine de terror, como Boris Karloff, han llevado ropas femeninas porque así lo pedía el argumento, por exigencias profesionales, o simplemente por el reto que les significaba en sus respectivas carreras como actores.

El testimonio quedó en forma imborrable y no hay duda de que muchos de sus admiradores los aplaudieron y vivieron con ellos la emoción del travestismo, transformistas, (como se le llamaba antes a los travestis que subían al escenario), cuando menos en una película que buscaba la diversión. Aunque no nos debíamos de olvidar de los casos especiales de estrellas femeninas que se disfrazaron de hombres para una película como Greta Garbo, en Reina Cristina; Marlene Dietrich, en Marruecos o Julie Andrews en Víctor-Victoria.

La comedia Una Eva y dos Adanes (Some Like it Hot, 1959), de Billy Wilder, es una de las cintas que ejemplifican mejor esa tendencia del travestismo de una forma memorable.

Siempre que recordábamos esta película, pensábamos en la rubia Marilyn Monroe, pero también en los dos actores que la acompañaban, Tony Curtis y Jack Lemmon, porque el noventa por ciento de la historia aparecían con ropa femenina. Ellos personificaban a una pareja de músicos de Chicago quienes se veían obligados a esconderse de la pandilla de gángsters, comandada por George Raft, el archivillano del género, que había ordenado la matanza de sus enemigos el día de San Valentín, en un estacionamiento de automóviles a donde los músicos habían tenido la desgracia de esconderse.

Como no tenían otra alternativa se disfrazan y comienzan una gira que los llevará a Florida en donde con todo y su atuendo llegaban a encontrar el amor.

Una Eva y dos Adanes es una obra maestra de la corriente del travestismo en la gran pantalla. En primer lugar, dijo, se podía ubicar a una Marilyn Monroe que nunca había estado más sensual y glamurosa, a pesar de estar un poco rolliza debido a que se encontraba embarazada de un hijo con su esposo el dramaturgo Arthur Miller, que luego abortó, además de darle muchos problemas al director Billy Wilder, quien se caracterizaba por odiar a sus actrices.

Sin embargo, el tono de comedia de la Monroe era el ingrediente exacto para la historia en la que ‘las vestidas’ Curtis y Lemmon, no podían ocultar su atracción hacia el sexo femenino y en cualquier momento se manifestaban complacidos de estar rodeados de mujeres de todo tipo.

Había dos parejas, la que integraban Marilyn y Curtis (re disfrazado a su vez de millonario petrolero), y Jack Lemmon como ‘Josephine’ con Joe E. Brown. Cada una de ellas resolvía su conflicto para quedar unidos para siempre, pero los segundos le dieron a la película un final insuperable. Brown era un millonario que se enamoraba de ‘Josephine’ en una noche de locura y tangos hasta el amanecer cuando debían llegar hasta la máxima intimidad.

Él propone matrimonio al músico disfrazado de mujer, quien sigue el juego diciendo en plan confesional: “Tengo que decir que no soy rubia natural”. Y él respondía: “No importa”. El músico atacaba de nuevo: “Es que no puedo tener hijos”. El pretendiente: “Adoptaremos uno”. Y en su desesperación el músico se arrancaba la peluca gritando: “¡No soy mujer!”, y el millonario aceptaba: “No me importa, ¡Nadie es perfecto!”.

Cabe mencionar que esta anécdota fue retomada en el teatro musical, en el montaje de Sugar, que en México consagró en escena al cantante Enrique Guzmán, quien hacía mancuerna con Héctor Bonilla, Kiki Herrera Calles y Sergio Corona, entre otros. En otras temporadas, se contó con las actuaciones de Javier López Chabelo, Silvia Pasquel, Jorge Muñiz e Itatí Cantoral, entre otros.

Volviendo al tema central, otro caso encontrado en esta fórmula está en Búster Keaton, quien se vistió en varias ocasiones con ropa femenina, aunque fuese para una sola escena, en varias de sus películas silentes; igual El Gordo y El Flaco en un cortometraje donde cada uno encarnaba a su propia esposa e igual haciendo pareja de Gorda y Flaca.

Otro de los grandes del cine, Burt Lancaster en El pirata Hidalgo, se convertía en una ingenua florista francesa para confrontar a sus enemigos en esa cinta de acción en la que además exhibió su capacidad de trapecista, (su profesión original), e iluminar la pantalla con su presencia. Cary Grant, un galán que las nuevas generaciones no conocen, hizo El teniente era ella, con el genial director Howard Hawks, y por razones legales tenía que personificar a una mujer del ejército y de esa forma acercarse la mujer de su vida, Ann Sheridan. También en La fiera de mi niña, del mismo director pero con Katharine Hepburn, Grant hizo una actuación genial vistiendo una pijama transparente, mientras que movía las manos de una forma muy elocuente gritando: “¡Me siento gay!”, al grado de que una revista publicó una nota amarillista después de estrenada la película haciendo la pregunta a los lectores: “¿Cary Grant es gay?”.

Frank Sinatra fue un artista conocido por sus amoríos femeninos, pero  sin embargo en Un día en Nueva York, la comedia musical de Stanley Donen y Gene Kelly, no tuvo empacho para vestirse de mujer, aunque sólo por una secuencia.

Otro caso mencionado de travestismo fue el de Mickey Rooney, a quien el director Busby Berkeley convenció que se disfrazara para una cinta de Carmen Miranda para hacerle un homenaje a esta cantante brasileña que se hizo famosa por sus sombreros de piñas y plátanos. Aunque en los años treinta, Rooney ya había llevado ropas femeninas en Las Aventuras de Huckleberry Finn.

Los actores europeos también entraron al travestismo y fue así que Alec Guinness, que hacía ocho personajes en Kind Hearts and Coronets, incluyó el de una circunspecta institutriz; y luego repetiría la experiencia en una historia de suspenso, Los Comediantes. Jean Paul Belmondo se hacía pasar por una chica ‘striper’ en una cinta policiaca, Tierno ladrón, para escapar de la policía de otros gángsters que pretendían destruirlo. Helmut Berger, el actor de origen alemán que hizo lo mejor de su carrera en el cine italiano con Luchino Visconti, se disfrazó de Marlene Dietrich para interpretar una canción en la secuencia inicial de la obra maestra del director, Los Malditos, aunque en realidad no había nada festivo en el gesto del personaje de Berger, porque en realidad se trataba de un hombre perverso que vestía ropas de mujer para sorprender y asustar a su familia a la que llegaba a destruir durante el periodo oscuro de Alemania, la Segunda Guerra Mundial.

Por: Fabián de la Cruz Polanco | @fabiancpolanco

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