“Duele”: Metáfora de la vida y del amor no cumplido

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Jaime Rosales Domínguez.-

Ludwika Paleta y Osvaldo Benavides han concentrado la atención de los medios del espectáculo en ocasión del estreno de “Duele”, una pieza teatral que además de estelarizar, producen junto con Pedro Ortiz de Pinedo.

La obra es del estadounidense Rajiv Joseph y la anécdota trata de una pareja de amigos (Karina y Diego) cuya relación, a lo largo de 30 años (de los ocho a los 38), estará marcada por las constantes y recurrentes punzadas del dolor: del dolor físico y el dolor emocional.

Se conocen a los ocho años en la enfermería de la escuela: ella llevada allí a causa de un dolor estomacal cuya recurrencia no la dejará ni aun de adulta; él, debido a una caída cuando intentó saltar en bicicleta de un tejado a otro. La situación es tan ridícula que ella le pregunta si no es un estúpido.

A partir de ese primer contacto, a lo largo de su vida sus encuentros ocurrirán cuando uno visite al otro ya en una habitación de hospital, ya en un internado psiquiátrico o hasta en una sala de terapia intensiva, cuando uno de ellos queda en coma.

La estructura dramática está cortada en segmentos de tiempo, es decir, no se trata de una historia contada linealmente, sino mediante ocho escenas que ocurren la primera a los ocho años, la segunda a los 23, la siguiente cuando tienen 13 años, luego a los 28, de ahí a los 18, a los 33, a los 23 y a los 38 años.

Esta secuenciación de constantes saltos en el tiempo hacia atrás 10 años o hacia adelante 15 años, lo mismo que la brevedad de cada escena hace que la obra sea vista como en flashazos, como en instantes, casi como recuerdos perdidos en el tiempo que se recuperaran en forma azarosa, como si de una memoria caprichosa se tratara.

A esta estructura narrativa el escenógrafo e iluminador Jorge Ballina le ha dispuesto un dispositivo escénico tubular y giratorio que responde de manera eficaz y sintética a la necesidad de diversos escenarios, pues cuando se requiere es un parque de juegos, cuando no es la habitación de Karina, otras veces es el cuarto de hospital o una sala de terapia intensiva.

El director Diego del Río resolvió en forma bastante sutil el paso entre escena y escena, lo cual representaba un reto creativo pues recuérdese que en realidad se trata de un brinco en el tiempo.

Para afrontarlo dispuso que el dispositivo girara para indicar el trascurrir del tiempo o para estar a tono con la estructura no lineal de la narración, pues el círculo es una línea continua sin principio ni fin. Mientras tanto, a ambos lados del escenario ‒uno a cada lado‒ los actores realizan los cambios de vestuario que requiere cada una de las ocho escenas, mediante una coreografía muy coordinada que los pone de regreso en el escenario casi al mismo tiempo

“Duele” es una metáfora de la vida vista desde el lado más descarnado de la experiencia humana: el del amor no cumplido, el del abandono, el del arrepentimiento, el de las heridas físicas que nos van marcando allá por dentro como en una conexión invisible, como invisible y extraña es la relación entre los dos personajes que se atraen y se repelen y que sólo parecen interesarse uno en el otro en los momentos de dolor.

Dos personajes cuya verdadera herida y dolor es, al parecer, no poder resolver el carácter de su propia relación, pues transcurren por la vida sobre la delgada línea que separa la amistad del amor. Es una frontera emocional casi imperceptible, pero esencial que el autor Rajiv Joseph solo ha dejado insinuada.

El punto menos sugerente de la puesta en escena es la actuación de los protagonistas a los que les falta una más sólida proyección emocional de sus personajes, sobre todo hacia la segunda parte de la obra, cuando las situaciones humorísticas dejan su lugar a pasajes más exigentes en los que se requiere mayor intensidad histriónica. Ahí es donde el drama ya no se sostiene y la obra empieza a sentirse pesada, tediosa y a parecer más larga de lo que es.

“Duele” se presenta en el Teatro Ignacio López Tarso del Centro Cultural San Ángel, en una temporada de 10 semanas a partir del 22 de abril.

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