“Divino Pastor Góngora”: Una loa al teatro y la imaginación

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Jaime Rosales Domínguez.-

Dice Mauricio García Lozano, su director, que “Divino Pastor Góngora” es una celebración del teatro como vehículo liberador de la imaginación. De la imaginación capaz de romper cárceles reales o imaginarias. “Una especie de bálsamo del alma que nos consuela en momentos difíciles”.

Esta emocionada declaración se corresponde exactamente con lo que vimos sobre el escenario del Teatro El Galeón, donde la obra escrita por Jaime Chabaud cumple una temporada, cuya brevedad, del 12 de enero al 19 de febrero, quizá sea producto menos de cuestiones artísticas que administrativas.

Estamos ante un monólogo dieciochesco representado por José Sefami y tejido por su autor con base en paráfrasis y textos coloniales realmente existentes, como el entremés de “El alcalde Chamorro”, de José Macedonio Espinosa (escrito en octasílabos y notable por el temprano tratamiento de la figura del homosexual en el teatro, lo que le valió ser objeto de censura), el anónimo “Cantar del preso”; “De los guisados”, de Pedro Calderón de la Barca; el soneto “Ante el cadáver de una actriz”, de don Luis de Sandoval y Zapata; y versos del personaje Guinés, en “Lo fingido verdadero”, de Lope de Vega.

Los dos últimos muy significativos para el corazón de esta pieza, porque aluden, como la obra misma, a la propia condición del teatro: los límites e interacciones entre realidad y ficción. El misterio de la representación, ese juego de ida y vuelta entre lo real y lo imaginario.

Véase, como ejemplo de esta dualidad, el verso del soneto “Ante el cadáver…” que “Divino Pastor” recita doliente, enterado que fue de la muerte de “doña Manuela de San Vicente”, su mentora en tablas: “Tan bien fingiste –amante, helada, esquiva‒, que hasta la muerte se quedó dudosa/si la representaste como muerta/o si la padeciste como viva”.

Ese juego oscilante y pendular entre ser e imitar, propio del artista, le permite a nuestro personaje ese ejercicio liberador de la imaginación al que se refería García Lozano, y será ‒como comprobará el apreciable lector que asista a la obra‒ su venganza final contra la intolerancia que lo persigue y se ceba en él.

Divino pastor 2

Porque la intolerancia es el otro tema de la obra. Ya podría decir nuestro Pastor con la monja jerónima: “En perseguirme, mundo, ¿qué interesas? En justo reclamo a la censura que sus actuaciones y el teatro mismo provocan al tratar en escena tema que escuecen las entrañas del poder”.

La acción de “Divino Pastor Góngora” transcurre en una mazmorra, una cárcel del tribunal del Santo Oficio (estamos en 1790, cuando ya las ideas independentistas empezaban a amenazar el Statu quo de la Colonia). El preso es un actor de la legua, un comediante, entre pícaro e ingenuo, que va por allí representando escenas y personajes populares, aunque de su boca sabemos que en otro tiempo fue favorito de la Corte con amigos “muy principales y de calidad”.

Cogido preso ‒por razones que se sabrán durante el desarrollo‒ por órdenes del oidor “don Diego Fernández y de Cevalloz” (personaje de la época cuya existencia está documentada en lo que parece corroborar el vínculo realidad-ficción), “Divino Pastor” mata las horas de su encierro y exorcisa el temor ante su probable destino recordando y representando ante el resto de los presos algunos de sus temas y personajes.

Ese ejercicio, que implica unos 15 personajes, representa, en palabras del propio José Sefami, un trabajo de “acrobacia actoral” porque implica cientos de transiciones entre un personaje y otro en el que el actor tiene que reaccionar según el personaje que encarna, a lo que le dice el otro personaje que es él mismo.

Se trata de un “trabajo teatral de alta precisión”, como nos dice el director Mauricio García Lozano. Y en efecto, es notorio un cuidadoso y exigente tratamiento de los textos de modo que estén bien dichos y con mucha claridad en la acentuación, lo que permite que el público no se extravíe en los recovecos del texto.

Hay que decir que José Sefami hace una caracterización excelente y despliega un trabajo actoral notabilísimo por la plasticidad de la expresión corporal, con los contrastes exactos y muy puntual en las transiciones. Una auténtica pieza de orfebrería actoral.

Mucho corazón

García Lozano no duda en catalogar a “Divino Pastor Góngora” como “una obra que tiene mucho corazón”. Me parece –añade‒ que es una puesta en escena que apela sobre todo a la compasión, es decir, a que el público se identifique con lo que le ocurre al personaje.

Creo que es una obra muy buena para jóvenes porque es inspiradora, un poco triste, pero inspiradora. Y al final es muy bonito que acompañemos el viaje de este personaje en su lucha por liberarse, y que nos divirtamos con todos esos juegos de la imaginación que se propone para combatir su encierro”.

El estupendo trabajo de diseño de escenografía y vestuario es de Mario Marín del Río; la iluminación es de Ingrid Sac; el diseño sonoro de Xicoténcatl Reyes. Miguel Santa Rita asiste en la dirección.

Se presenta en el Teatro El Galeón del Centro Cultural del Bosque (INBA), del 12 de enero al 19 de febrero.

Fotografías: Jaime Rosales Domínguez

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