El diablo de la selva y el nacimiento del cine 3D

noviembre 6, 2017

Por: Redacción

En agosto pasado se cumplieron sesenta y cinco años de que hicieron su aparición en las salas cinematográficas las películas en tercera dimensión. Bwana, diablo de la selva (Bwana Devil; Arch Oboler, 1952), una película independiente norteamericana, protagonizada por Robert Stack, quien encarnó al implacable policía de Chicago en la serie televisiva ‘Elliott Ness’, es el único nombre del elenco que todavía puede recordarse, o al menos es el más famoso.

En esta época, cuando las películas en 3D llegan a las pantallas del mundo con la perfección tecnológica que ayuda al espectador a participar de manera interactiva en tramas de acción, de personajes animados e incluso comedias, ya nadie recuerda aquellas primeras cintas con las que se pretendía atraer a los aficionados al cine, y sacarlos de sus casas para ganarle la batalla a la televisión.

México era en aquel 1952 el reino de las películas, aunque ya algunos canales televisivos gozaban de cierto auge y el juguete de la 3D fue permitiendo la llegada de otras producciones que le permitían al público vivir la sensación de que la imágenes se desbordaban de la pantalla. Después de aquella película modesta, se estrenó en dos salas capitalinas Los crímenes del museo de cera, (House of Wax; André De Toth, 1953) con Vincent Price, un diabólico coleccionista de víctimas a las que guardaba en su propia efigie de cera.

La fiebre de la 3D duró apenas un par de años en la industria fílmica de Hollywood y a pesar de que existen muchos títulos realizados incluso por directores famosos, a México ya no llegaron todas esas cintas, porque la Warner Bros., con Museo de cera le ofrecía al espectador la alternativa de escoger esta historia de terror para verse con lentes especiales que se regalaban; o con fotografía plana, porque se había corrido la leyenda urbana que este formato afectaba los ojos del espectador.

Es así que cintas como Crimen perfecto (Dial M for Murder; Alfred Hitchcock, 1954), con Grace Kelly y Ray Milland, nunca se vio en México en tercera dimensión.

El musical Bésame Catalina, (Kiss Me Kate; George Sidney, 1953), con Howard Keel y Kathryn Grayson, y música de Cole Porter, basada en La doma de la bravía de William Shakespeare, también se hizo en 3D, pero los cinéfilos mexicanos nunca la conocieron con ese atractivo visual.

En el cine mexicano sólo hubo una película en ese formato: el drama El Jinete (1954), dirigida por Vicente Oroná; una historia de acción protagonizada por Martha Roth y Dagoberto Rodríguez, entre otros.

El público desechó el juguete de la tercera dimensión y las productoras volvieron a la imagen plana, aunque hubo algunos casos como el de Andy Warhol, quien produjo Flesh for Frankenstein (Carne para Frankenstein; Paul Morrissey, Antonio Margheriti; 1973) y por su contenido se difundía en las salas de cine erótico alrededor del mundo. Terror y erotismo eran la mejor combinación. Sus estrellas eran el alemán Udo Kier y el símbolo sexual del cine de Warhol, Joe Dalessandro.

En México el productor y director Gustavo Alatriste exhibió esta cinta en funciones de medianoche en aquella cadena de salitas de arte que luego desaparecerían como su propio imperio de exhibición. Con la ayuda de lentes especiales, el público se divertía viendo gente destripada y genitales al por mayor.

Ocasionalmente se hicieron otras películas en 3D en la década del 70, como Tiburón 3, (Joe Alves, 1983), y ahora el gran momento de esa modalidad regresa en este siglo, pero de eso hablaremos aquí en breve.

Por: Fabián de la Cruz Polanco | @fabiancpolanco

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