Despertando la montaña: William Friedkin graba un exorcismo real

agosto 6, 2018

Por: Redacción

Este 29 de agosto, el director William Friedkin cumplirá 83 años. Dentro de su vasta obra, indudablemente El Exorcista es una de sus películas más recordadas por el impacto que generó en su época.

Cuarenta y cuatro años después, el director retomó el tema pero esta vez en el terreno documental con The Devil and Father Amorth (2017), una obra de apenas una hora de duración.

Intenta enganchar con la consigna de que, a diferencia de El Exorcista, donde todo fue actuado, ahora presentará un exorcismo real, sin efectos especiales.

El documental da la sensación de que William Friedkin no tenía mucho material y trató explayarse hasta donde pudo, razón por la que terminó esta obra durando tan poco.

Entre esas burbujas de contenido, el director retoma el caso sobre el que se basó la novela de William Peter Blatty, recién fallecido a principios del año pasado, y acude a las locaciones donde realizó la clásica película.

Sin embargo, no todo es paja en el documental; dentro de los involucrados, está Gabriele Amorth, todo un personaje conocido por haber sido el exorcista de cabecera de El Vaticano.

Después de un largo proceso, William Friedkin consigue el permiso para grabar uno de los tantos exorcismos del Padre Amorth, una venia poco común en la Santa Sede.

Es ahí donde encontramos una de las pocas noblezas que tiene este documental; sin proponérselo, William Friedkin consiguió guardar registro de uno de los últimos exorcismos (o quizá el último), del Padre Amorth, pues meses después falleció.

De los 68 minutos que dura el documental, casi el 40 por ciento del tiempo es un plano secuencia de la sesión de exorcismo a la que le permitieron acceder.

La única condición, según él narra, fue que sólo podía entrar con una cámara sencilla, sin ningún miembro de la filmación ni algún otro equipo como luces.

Lo interesante es que William Friedkin no coloca el exorcismo como la cereza de su pastel, es decir, no es el gran acontecimiento que deja hasta el final para que veamos completo el documental.

Después del exorcismo, el director mostró la grabación a diversos psiquiatras y los entrevistó, sorprendiéndose de que nadie pudiera negar categóricamente la existencia de una posesión.

De hecho, resulta que la comunidad científica reconoce las posesiones con el nombre de desorden disociativo de trance; sin embargo, William Friedkin intenta marcar una línea clara entre lo espiritual y lo científico, sin mucho éxito.

Por desgracia, el documental tiene un enorme punto en contra. Según cuenta el cineasta, al final iba entrevistar a la mujer poseída que había grabado previamente.

Pero, justo al entrar a la iglesia donde se verían, la mujer tuvo una crisis y, bajo el estado de trance, tanto ella como su novio (también en trance) amenazaron al equipo si hacían pública la grabación del exorcismo.

El documental pudo tener mayor impacto si hubiera grabado ese final; en cambio lo narra a través de una dramatización (escena que vale la pena por sí misma pues es una clara muestra de cómo el director es dueño total de sus recursos al momento de narrar).

Ese detalle resulta muy grave tomando en cuenta que el trabajo dura muy poco; ¿cómo pudo grabar un documental sin tener lista una cámara previo al encuentro donde fue atacado en una iglesia por una persona poseída?

The Devil and Father Amorth es documental muy limitado, explora muy poco algo que pudo dar mucho más; pero, a pesar de todo, es un registro muy digno de los últimos días de la vida del Padre Amorth.

Por: Cristóbal Torres | @lanzaddt

Licenciado en Comunicación y Periodismo por la FES Aragón de la UNAM. Apasionado del documental, ha participado en festivales como DocsDF (ahora DocsMx) y Ambulante. Obtuvo mención honorífica por su investigación sobre la formación de audiencias cinematográficas en la Ciudad de México.

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