Despertando la montaña: Los dos documentales sobre Fyre Festival

julio 12, 2019

Escrito por: Cristóbal Torres | @Lanzaddt

Fyre Festival fue un evento organizado por una de las jóvenes promesas empresariales: Billy McFarland, amado por muchísimos dueños de grandes capitales que veían en él a un verdadero genio del emprendimiento.

Después de llevar a cabo varias ideas (como su propia tarjeta bancaria), se le ocurrió lanzar una aplicación llamada: Fyre, con la que se podría contratar a artistas.

La idea era simple: descargabas la aplicación, revisabas el catálogo de artistas y elegías a quién deseabas contratar; si éste aceptaba, el trato estaba hecho.

Para darle promoción a la plataforma, se organizó un evento denominado: Fyre Festival, en las Bahamas, para el que se realizó un video promocional que se volvió viral. Sin embargo, lo que pintaba ser la fiesta pequeño burguesa de la década, se convirtió en una increíble historia que transformó a Billy McFarland en una joven efigie del mundo empresarial a un defraudador rencorosamente señalado.

La historia por sí misma es muy interesante; pero más interesante es cuando se tejen dos versiones de los hechos. En enero salieron dos documentales sobre el tema: Fyre Fraud, de Jenner Furst y Julia Willoughby Nason, a través de la plataforma Hulu; y Fyre: The Greatest Party That Never Happened, de Chris Smith, a través de Netflix.

Cada uno tiene sus bondades, por ejemplo: Fyre Fraud, tiene una entrevista mano a mano con el mismo Billy McFarland, quien explica los porqués y los cómos del desastre en el que se convirtió su festival, exhibiendo siempre una incapacidad de reconocer que todo iba salir mal desde el principio.

Por su parte, Fyre, de Netflix, es filmado mientras el mismo festival se realizaba, por lo que tiene material del ‘making of’ del evento e incluso del famoso video promocional causante de inflar el globo a niveles estratosféricos.

Pero hay un detalle fundamental que distancia a uno y otro: Jerry Media, la empresa de marketing contratada para difundir al festival en redes.

En Fyre Fraud aparece una entrevista con Oren Aks, exempleado de la agencia, a quien delegaron la tarea de difundir el festival. Es muy interesante, desde el punto de vista del marketing digital, la estrategia que armó para dicho fin: su famosa pantalla naranja.

Su testimonio también es muy ilustrativo para ver lo que sucede en manejos de crisis: cómo tuvo que lidiar con todos los comentarios negativos que la gente hacía a medida que el festival se acercaba y no había respuestas claras por parte de los organizadores. Él se encargó de poner el pecho a las balas (y hacer el trabajo sucio).

Al final, Fyre Fraud siembra la semilla de la duda y nos hace pensar que Jerry Media sabía que el festival iba ser un fracaso; pero aún así continuó publicando como si todo estuviera en orden, es decir, contribuyó al fraude.

Hábilmente, Jerry Media se subió al barco de Netflix y Chris Smith para producir el otro documental, mostrando una historia en la que se deslindan por completo de lo ocurrido. Incluso, en un interesado movimiento de relaciones públicas, donaron el dinero que ganaron en la campaña de marketing a pequeñas empresas y trabajadores de Bahamas que se vieron afectados por el fraude.

A pesar de este gran detalle, las historias narradas distan muy poco en lo esencial; se cuentan los mismos acontecimientos, a veces con mucho más profundidad y en otras de manera más superficial entre uno y otro; pero ambos documentales empatan en que Billy McFarland masticó más de lo que podía tragar.

Lo interesante es cómo, a pesar del desastre que significó el festival, Oren Aks aún lo pone en su portafolio pues el trabajo que hizo en realidad fue bueno; por su parte, Jerry Media no considera que su labor de heraldo haya abonado al caos (aunque en un acto de remordimiento y relaciones públicas decidió donar el dinero obtenido por la campaña).

De entre los variados tópicos que ambos documentales nos motivan a reflexionar, conviene poner atención en el grado de culpa que tiene una agencia al trabajar con clientes dedicados a la estafa y hasta qué punto una relación meramente laboral/mercantil merece abordarse con total ausencia de juicio moral.

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