Despertando la montaña: American Factory, el precio del crecimiento económico

septiembre 1, 2019

Escrito por: Cristóbal Torres | @Lanzaddt

China ha logrado un enorme crecimiento económico a costa de un nuevo sistema de esclavización donde sus obreros del siglo XXI descansan menos de cinco días al mes y se ven obligados a trabajar horas extra para cumplir con las cuotas productivas.

Eso es lo que evidencia, entre otras cosas, el documental: American Factory (2019), el primer documental producido por Higher Ground Productions, la productora de Michelle y Barack Obama.

El filme es dirigido por Julia Reichert, una veterana documentalista cuya obra siempre ha prestado atención a los problemas de la clase trabajadora e injusticias de género.

En American Factory maneja un estilo observacional sin que esto signifique el uso de letárgicos planos secuencia. Posee una edición muy fluida, sin caer en lo vertiginoso, permitiendo ver cómo es la vida de los trabajadores de una fábrica estadounidense de capital chino.

Utiliza testimonios de trabajadores de ambas nacionalidades y los usa como voz en off para ir narrando una historia donde se enfrentan dos maneras de ver el mundo. Por un lado están los chinos, que quieren someter a los trabajadores estadounidenses a las condiciones que acostumbran aplicar en China, y por otro están los empleados que desean organizar un sindicato que les permita laborar sin riesgos a su salud.

Sorprende el testimonio de Cao Dewang, dueño de Fuyao, quien recuerda con mucha nostalgia su niñez y confiesa extrañar el ambiente campirano de la vieja China. Reconoce no estar seguro si su labor empresarial ha ayudado a China o, por el contrario, ha contribuido a un desastre ecológico.

Julia Reichert consigue contar una historia desde dos perspectivas totalmente opuestas con gran éxito. Logra acercarse tanto a los trabajadores como a los supervisores chinos, dos caras totalmente opuestas que en su realidad física los separa por completo el idioma; pero que gracias a los subtítulos del documental podemos contrastar con mayor facilidad.

Un gran ejemplo es Cao Dewang andando por su fábrica al tiempo que sus empleados estadounidenses lo saludan mientras un compatriota suyo le dice en chino que planean despedir a esas personas gracias a los nuevos robots automáticos que aumentarán la productividad.

American Factory posee varios momentos que mantienen la atención; aunque dentro de sus principales premisas está la sempiterna batalla entre burgués y trabajador, ésta no se repite hasta al hartazgo, dando otros momentos que le siguen dando vida a la narración.

Por un lado tenemos el viaje de supervisores estadounidenses a la matriz china, donde son testigos de las deplorables condiciones de los trabajadores orientales; también somos testigos de la corrupción que hay en China pues el líder sindical de los trabajadores es cuñado del dueño de la empresa.

Pero sin duda alguna uno de los puntos de mayor tensión es la batalla que comienza a gestarse en el interior de la compañía estadounidense para formar un sindicato. Los directivos chinos están desesperados e intentan por todos los medios infundir miedo a los trabajadores ante la posibilidad de que se organicen.

American Factory ilustra con gran precisión el enorme costo social que significa para los trabajadores chinos vivir en un país que registra un crecimiento no menor de 5% en los últimos años. Nos hace preguntarnos el sentido que tiene crecer a ese ritmo si la calidad de vida se reduce casi proporcionalmente.

Relacionados